

| POR ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ |
El aspecto ambiental de Risaralda tiene un panorama de riesgo. De venas abiertas con sus ríos y la creciente deforestación.
La Panamericana se volvió ruta con destinos turbios. Por otras vías, viajan camiones cargados de madera. Otros llevan maquinaria pesada. El tráfico de flora y fauna, se mezcla con la explotación minera a cielo abierto. Los pájaros metálicos, se elevan y aterrizan.
Los nevados son un remedo del paisaje que ayer fue. Da grima ver el blanco congelado, convertido en azufre y arena. En desierto. En descapote.
Mientras ello ocurre, en Bogotá se siguen haciendo reuniones con toque ambiental. Escazú a lo lejos es brillo y retoque.
A ello, se sumó las graves denuncias por la toma del territorio donde llega el agua a Pereira. Arriba en aquel alto. Cada vez más ganado y deterioro ambiental que parece a nadie mover. El uso de suelos, ha cambiado de manera drástica. El discurso en el papel.
A ello, súmele el nubarrón de las amenazas de muerte contra el director de la CARDER, Julio César Gómez, elegido por unanimidad, después de una penosa interinidad y que la entidad estaba poseída por una “fabricada” maleza jurídica.
Tierras de El Guásimo afectadas, rebelión indígena en Mistrató, taponamiento de vías, crecimiento de exploraciones en ríos y quebradas, dejan un escenario desolador.
Mientras ello ocurre, nadie descifra, a ciencia cierta, qué va a pasar con la PTAR o el relleno sanitario. Los ríos cargan más mercurio y pronto inundarán sus orillas. Silencio para la portada.
Las voces no se escuchan, se silencian.
Ciertos intocables, se sienten perseguidos. Ahogados, en ese mundo infernal del miedo, trampa y de imposiciones. Un “Laredo, un Oeste superficial”, verde, donde el más fuerte impone condiciones.
Mientras vemos pasar el agua que traerá muertos, derrumbes, deslizamientos, veremos planes de ordenamiento territorial feriados por normas incumplidas en muchos municipios. Por la del volteo de tierras o la del favoritismo en oficinas cerradas. Con olor a conciliábulo y cuadre.
Las voces solidarias producen ruido por el silencio.
Lo otro es creer que es un pleito con la naturaleza y no con los “vivos” que marchan refugiados en el confort de quienes protegen.
Hemos visto, muchas voces interesadas que aplauden entre extraños pactos de temor y muerte.
Se ve llegar la amenaza verde. El paisaje, se tiñe de sangre y el verde, queda en azufre o arena de la desolación. Esto no es paisaje, son amenazas ciertas. El consejo directivo, calla como ostra. Desde la academia, las hojas no se mueven y desde los gremios, las puertas parecen estar clausuradas. Afuera, el ruido de los pájaros, parece espantar la muerte.



