Las diferencias de opinión, complicadas por la inquietud generada por las políticas migratorias de Trump, están creando tensión entre los estadounidenses de origen venezolano.




Por Patricia Mazzei
Reportando desde Miami
Una incertidumbre inquieta se cierne sobre los estadounidenses de origen venezolano como Liz Rebecca Alarcón, de Doral, Florida, una ciudad a las afueras de Miami con una presencia grande de venezolanos. Las conversaciones cotidianas en el supermercado o en la tienda Ross Dress for Less han sido eclipsadas por las preguntas sobre si el presidente Donald Trump podría intensificar el uso de la fuerza contra Venezuela, y cuándo y cómo.
“¿Qué va a pasar?”, amigos, vecinos y vendedores se preguntan unos a otros, comentó Alarcón. “No sabemos cuál va a ser el resultado ni cuál es la estrategia”.
El gobierno de Estados Unidos lleva meses intensificando su campaña de presión contra Venezuela, con ataques mortíferos a embarcaciones, ataques que una serie de expertos en leyes que rigen el uso de la fuerza armada han denunciado como ilegales, y una importante acumulación de fuerzas navales en el Caribe. Alarcón y otros estadounidenses de origen venezolano dijeron que los últimos días se han sentido inciertos: cuando la intervención militar parecía inminente, Trump dijo que estaría abierto a dialogar con su homólogo venezolano, Nicolás Maduro.



