El fiscal general ha caido en la peligrosa tentación del espectaculo mediático, que deniega justicia.
En efecto, antes de que el investigado se notificara de la decisión, el doctor Francisco Barbosa presentó la decisión en una trasmisión de los medios de comunicación y a través de las redes sociales del organismo, generando miles de replicas y el linchamiento público de quien no ha sido vencido en jucio, situación euiparable a los juicios unilaterales de la inquisición.
La exposición unilateral de la causa facilita , como aquí ha ocurrido, que se viole abiertamente el principio de presunción de inocencia, con la grave consecuencia de que el investigado se ve apremiado a demostrar su no culpabiliad, en vez de la Fiscaliía ser exigida, como señala la Constitución y la Ley, a demostrar la existencia de un hecho punible.
La justicia -espectáculo ejercida en centenares, si no miles, de causas, termina convertida en una forma de injusticia contra lo cual sólo unos pocos puden defendese, invirtiendo en ello cuantiosos recursos económicos y humanos, sin que ello evite lesiones indelebles y en algunos casos fatales.
Por la generalización de estas notables fallas, el país ha intentado sucesivas reformas a la justicia, incluyendo modificaciones a la Fiscaliá General de la Nación, a fin de que esta cumpla con el propósito por el que fue creada por los constituyentes de 1991: combatir la inpunidad con respeto a los derechos humanos y principios constitucionales .
Ante tales bloqueos, parece necesario recurrir a las opciones que la Constitución ofrece para que el pueblo, liderado por la academia, tome la iniciativa de una reforma a la justicia, que fortalezca el hoy debilitado Estado de Derecho.