Pacto de respeto y protección a la población civil. En Ginebra, Suiza, en junio de 1977 se aprobó y firmó el Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la Protección a las Víctimas de los Conflictos Armados Internacionales (Protocolo I), con entrada en vigor el 7 de diciembre de 1978. Dichas normas “deben aplicarse plenamente en toda circunstancia a todas las personas protegidas por esos instrumentos, sin distinción alguna de carácter desfavorable basada en la naturaleza o el origen del conflicto armado o en las causas invocadas por las Partes en conflicto o atribuidas a ellas”.
Este pacto de protección a la población civil y de exploración de rutas de solución política y negociación, es apenas una parte de lo que debe ser una política nacional de paz. La Primera Guerra Mundial contradijo, de manera flagrante, estos principios. En 1929, los gobiernos solo quisieron comprometerse en favor de los militares, y únicamente se aprobó el Convenio relativo a los prisioneros de guerra. A finales de la Segunda Guerra Mundial, ya ningún país puso en duda la necesidad de aprobar un instrumento dedicado, específicamente, a la protección de la población civil en tiempo de guerra.
En el derecho humanitario se reconoce que la población civil de un Estado tiene que estar protegida de toda agresión por parte de los grupos o países en conflicto. Las operaciones de ofrecimientos humanitarios no pueden ser rechazadas por los Estados en cuyo territorio haya situaciones de emergencia, como por ejemplo cuando la población civil esté pasando hambrunas por causa de la conflagración bélica. En los conflictos contemporáneos, la población civil es la que más ha sufrido como consecuencia de la violencia armada.
Aquí es necesario recordar que la bomba atómica terminó la Segunda Guerra Mundial, pero su explosión en Hiroshima y Nagasaki dejó 240.000 personas muertas, sin contar las que sufrieron graves atentados contra la salud e integridad personal por su radiación y que más adelante tuvieron sus consecuencias y en poco tiempo fallecieron. “Hace muchos años se acordó, suscribió y prometió… Todavía seguimos esperando”. Sí, el mundo espera algún día su cumplimiento para el avance fraterno de los seres humanos, el fin de todas las guerras. “La paz es un valor trascendente en toda sociedad”. (Ricardo Vera Pabón).
POR : JORGE HERNÁN OROZCO.
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