MANUELITA SAENZ, LA MUJER DE AMÉRICA (II)
Continua relatando el historiador Efraín Maria Isaacs en su estudio sobre La Mujer de América, que llegada la hora del Gran Baile de disfraces, Manuela había agotado las razones y los ruegos para que El Libertador no asistiera a él. Todo en vano; la fiesta era para Bolívar y había que afrontar el peligro del asesinato. Se presentó sin escolta y se mostró alegre en grado sumo; mientras que La Quiteña en su último punto de la angustia, trata de encontrar algún medio que aleje el peligro para su amante. El Alcalde de la ciudad, Don Ventura Ahumada, fiscaliza la entrada al salón de baile. Manuela con su vestido de Húsar, trata de entrar, pero Don Ventura la detiene. “- Soy Manuela Sáenz…” Aunque fuera Santa Manuela, usted no entra vestida de hombre. Relata Isaacs, en su artículo que: “Se aproximaba entre tanto la hora del golpe de los conspiradores”. Como a las 11 de aquella- dice Mercado Tenorio, asistente a la fiesta-, quise pasar los corredores de arriba abajo, y en la primera escalera, encontré un enmascarado que me detuvo con ademan de confianza, llamándome su paisano, vestido a la Española antigua, haciendo el papel de viejo con un enorme coto: y como después de primeras chocanterías, yo me amortajase, se acercó y me dijo: “¿ Que, no me conoces?, y levantando la máscara lo bastante para descubrirse, continuo: Es dentro de media hora, al golpe de las 12, morirá el tirano”. Tenía en la solapa de la casaca un sol pintado y en el bolsillo un puñal; y concluyo diciéndome:” Somos 12 los conspiradores: Silencio”. Mientras el Libertador conversaba con los oficiales en la puerta del Coliseo, una mujer desgreñada y extraña que se reía a carcajadas, que hacia contorciones. Bolívar pregunta al Edecán si se trata en realidad de Manuela. “Si, y muy disgustado; acompáñeme usted y le contare. Don Marcelo Tenorio, que buscaba a Córdoba para informarle del peligro que corría el Libertador, alcanzo a oír- lo cuenta el mismo- estas palabras entre varios enmascarados: ¿Qué se ha hecho Bolívar? ¿Dónde está el Presidente? Se ha escapado el Tirano…”. Esta fue la primera vez que la extraordinaria inteligencia de Manuela acababa de salvar al Libertador de una muerte segura. En nuestra próxima columna, hablaremos de la segunda vez QUE Manuela salvara al Libertador, de lo que ocurriese el 25 de septiembre de 1.828, en lo que se ha llamado La Nefasta Noche Septembrina.


AUGUSTO MEJIA GONZALEZ

