ALICE VACA(LA BRUJA DE BELALCAZAR CALDAS), EN MI POTENTE JUVENTUD, DURANTE SEIS MESES SE CONVIRTIÓ EN EL PÁNICO MÁS GRANDE SUFRIDO EN TODA MI EXISTENCIA. RUBÉN DARÍO FRANCO NARVÁEZ.

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QUE LAS HAY, LAS HAY Y ESTÁN DE MODA LAS BRUJAS VOLANDO EN PALOS DE ESCOBASRRubèn Darío Franco Narvàez <rubendariofranconarvaez@gmail.com>Lun 09/11/2020 23:21Para:

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Martes 10 de noviembre 2020 –“Día Mundial de la Ciencia al servicio de la Paz y el Desarrollo”

“La ciencia es una empresa que sólo puede florecer si se pone la verdad por delante de la nacionalidad, la etnia, la clase y el color. John C. Polanyi, John Charles Polanyi, canadiense, Premio Nobel de Química del año 1986

Mientras más avance la ciencia, más clara se hace la imagen de DIOS como Creador del Universo. RUBÉN DARÍO FRANCO NARVÁEZ. SONRÍA, SONRÍA, SONRÍA … CON AMOR Y ALEGRÍA, AGRADECIENDO UN DÍA MÁS DE VIDA.

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DÉCIMA OBRA

“LA BRUJA DE BELÁLCAZAR”

DURACIÓN: 11.10

LUGAR DE PRESENTACIÓN: TEATRO MUNICIPAL BELÁCAZAR-CALDAS-COLOMBIA-AMÉRCIA DEL SUR.

Número de espectadores: 100 (Con invitación especial de la Alcaldía)

DÍA: martes 10 de noviembre 2020. Hora: 6 de la tarde.

TÍTULO: “LA BRUJA DE BELÁLCAZAR”

AUTOR: RUBÉN DARÍO FRANCO NARVÁEZ (Católico).

SÍNTESIS

Alice Vaca (La Bruja de Belálcazar-Caldas), en mi potente juventud, durante seis meses se convirtió en el pánico más grande sufrido en toda mi existencia.

Por influencias políticas de la época, del Mariscal Gilberto Álzate Avendaño, recién desempacado como abogado de la Universidad Nacional de Bogotá, a mis sólo 20 años de edad fui nombrado Juez de ese municipio del “Bajo Occidente Caldense”.

Seguí las recomendaciones del Chamán, el viernes 14 de agosto del 1.960, completando seis meses como Juez del pueblo, sentí un revoloteo en las piezas y después unos leves sonidos de manos contra el piso, me dirigí a la pieza y prendí una linterna y descubrí, desnuda totalmente, a Alice Londoño (Hija de la Mona Feliza). Le abrí la puerta, le hice colocar su túnica y sobrero negro, le entregué la escoba y saliendo volando.

Al lunes siguiente -17 de agosto de 1.960-, personalmente presenté mi carta de renuncia irrevocable como Juez de Belálcazar-Caldas; pueblo hermoso donde sobresale majestuosamente el Monumento a Cristo Rey, construido por iniciativa del Padre Antonio José Valencia Murillo, a quien le conté la historia en su casa que estaba ubicada en la Villa Olímpica de Pereira, quien después de darme la bendición, me recomendó que no volviera por allá por qué la bruja sigue volando en mis recuerdos.

Hasta hoy, martes 10 de noviembre del 2.020, sobreviviendo a la Pandemia Covid-19, no he vuelto a visitar a Belálcazar-Caldas. 

PERSONAJES: RUBÉN DARÍO FRANCO NARVÁEZ (Voz Exterior) y RUDAFRA (Voz interior).

Ficha Técnica por orden de aparición: 1-RUDAFRA (Inquisidor). 2-RUBÉN DARÍO FRANCO NARVÁEZ (Investigador)

ACTORES: RUDAFRA Y RUBÉN DARÍO FRANCO NARVÁEZ

NECESIDADES ESCÉNICAS: Teatro Municipal. Pantalla gigante. Dos micrófonos aéreos. Dos escritorios antiguos repletos de expedientes amarrados con cabuyas. Dos asientos de madera. Dos máquinas de escribir Brother. Dos pocillos viejos, conteniendo café. Banderas de: Partido conservador, Colombia, Caldas, Belálcazar. Al lado derecho una escoba y montado sobre ella una clásica bruja.

Telón corredizo.

Al frente: 100 sillas, marcadas con el nombre de cada asistente, con espacio suficiente para cumplir las normas de bioseguridad. Prohibido ingresar tijeras y mostaza.

TEXTO:

Por influencias políticas de la época, del Mariscal Gilberto Álzate Avendaño, recién desempacado como abogado de la Universidad Nacional de Bogotá, a mis sólo 20 años de edad fui nombrado Juez de ese municipio del “Bajo Occidente Caldense”.

El recibimiento fue extraordinario, pues en un pueblo humilde era atracción que llegará, de la capital de la República, un hombre bien vestido con zapatos lustrados y corbata. En la plaza principal, se me acercaron unos campesinos y me saludaron cordialmente, luego me dijeron: Cierto doctor que usted es el nuevo Juez que nos mandan desde Bogotá. Respondí: Sí. Entonces, Facundo Nayasa (indio emberá chamí) me hizo una venia: ¡Ay! doctor es que el alcalde Francisco Andrés López, lo está esperando, mírelo ahí viene. Al observarlo, me impactó que era un señor de unos setenta años de edad con sombrero de caña y machete al cinto; se me acercó se quitó su sombrero y me tendió la mano, diciéndome: bienvenido mi doctor, ya me llamó el patrón Álzate Avendaño, para que me colocará a sus enteras órdenes.

Pues señor Alcalde, por lo pronto necesito ubicar una residencia. –Inmediatamente, me respondió: Le tengo la mejor, ese caserón, colorcito azul que nos gusta mucho, enseguida de su oficina aquí en plena plaza. Sin tardar, agradecí al indio Nayasa y con el alcalde fui directo a conocer la casa: cuatro cuartos, tres ventanas al frente de donde se divisaba toda la plaza. Esta es la mejor vivienda del pueblo y, como soy amigo del dueño, godo hasta los tuétanos, no hay problema para el arriendo; si usted quiere doctor tengo una buena cama que se la puedo obsequiar porque no la he usado, ya que ese fue un regalo de Don Nazario (El rico del pueblo) al ser nombrado alcalde. Puede dejar sus maletas aquí de una vez. Acepté de inmediato. Un subalterno del alcalde López, se encargó inmediatamente de organizarme todo. A las tres de la tarde lunes 15 de febrero de 1.960, fui hasta lo que sería mi despacho. Me recibió, un señor de unos sesenta años de edad, alto, fornido de pantalón azul de dril y camisa azul popelina, se presentó como Secretario del Juzgado. Me sorprendieron las montañas de papeles arrumados a lado y lado. Los señalé y le pregunté de ¿qué se trata todo esto? Me contestó: -son expedientes, por resolver. Espero que siga contando con mis servicios. –Sí quiere seguir conmigo, tenemos la enorme tarea de evacuar todo esto, a la mayor brevedad posible. A las seis de la tarde, sonó una campana de un reloj grandísimo que estaba colgado en la pared. El secretario, Danilo Quiroz, me dijo se acabó la jornada, sí usted me acepta doctor lo invitó a unas “politas”, aquí al frente donde la mona Feliza. Acepté, porque estaba interesado en conocer todo lo relacionado con el trabajo que tenía que cumplir.

Efectivamente, al frente del Juzgado, estaba el aviso en una lámina gigante “La Mona Feliza”. Entramos, nos sentamos, el secretario pidió dos cervezas, me presentó a la dueña quien me atendió amablemente y se colocó a mis órdenes. Danilo, mi secretario, ya estaba enterado de la casa donde me iba a hospedar. Me advirtió: “Jefe, ahí no ha podido vivir nadie, porque estaba cebada una bruja; es más… ni gratis viviría ahí”. Me pareció algo como fantástico y no le paré bolas. A las ocho de la noche, le dije: Vea Danilo, lo espero a las siete de la mañana para que empecemos nuestra tarea en el Juzgado. –Bueno, doctor, pero aquí no estamos acostumbrados a madrugar.

Llegué al sitio. Encontré todo aseado, una buena cama de bronce con buenas cobijas y almohadas obsequiadas por el alcalde copartidario López. Tomé un baño ligero, me puse la pijama, y me acosté. Como de costumbre, recé el Rosario y el Ángel de la Guarda que me enseñó mi padre Lorenzo. A las doce de la noche, sentí unos ruidos tremendos. Recordé la advertencia de Quiroz. Sin embargo, confiando en Dios, me tapé hasta la cara con las cobijas de lana.

Madrugué a cumplir con la misión. A las seis de la mañana, del martes 16 de febrero 1.960, empecé por desamarrar los más grandes paquetes de expedientes. A las siete de la mañana que llegó, el secretario Danilo, sobre un viejo escritorio le coloqué 50 expedientes y le repetí: esta es la tarea de hoy.  Me revisa uno por uno y a las cinco de la tarde, me pasa el informe. Pero… doctor, ese es trabajo para un año. –Vea Danilo Quiroz, dígame sí es capaz o no. Respondió: “Voy a ver hasta dónde alcanzo. Mi meta era, sobre mi escritorio, darle salida a l00 expedientes para marcar ejemplo sobre mi eficiencia. Al final, cumplimos los dos y seguimos laborando cumplidamente sin tardanzas. En treinta días, lo que parecía imposible, estaba a la orden del día.

Lo de la bruja, anunciada por mi secretario, siguió dándome vueltas en la cabeza. Noche tras noche, los ruidos eran mayores. La única forma de escapar de ellos, era al final del viernes cuando me trasladaba hasta el domingo en la noche, a visitar a una hermosa novia que tenía en Calarcá.

Muchas historias recordé contadas por mis compañeros de la Universidad, sobre las brujas. Entonces…reviví la historia de Alice Kyteler, la bruja más antigua del mundo que era ninfómana, vestida de negro, volaba en una escoba y aterrizaba sobre el pecho de los hombres que apetecía.

Al llevar varias noches sin dormir, fui hasta donde el Padre Jesús María Jiménez, le conté. El, me regaló un Crucifijo y me hizo copiar esta oración para rezarla antes de acostarme: “Padre eterno y soberano, en ti confío, en San Marcos y por méritos de Cristo yo te santiguo, que te vayas sin poder y sin ver a quien he aquí la Cruz para desatarse. Amén, Amén. Amén.  Como siempre he tenido confianza en Dios, yo la rezaba sagradamente y con ñapa, hasta tres veces.

Por unos días, el rezo me dio buenos resultados. Hasta que un ejecutivo de ventas que se quería radicarse en Belálcazar, me pidió el favor que le alquilará un cuarto puesto que se había enterado de que yo vivía solo en la mejor casa del pueblo. Gustoso, acepté porque estaba recomendado por el Mariscal Gilberto Álzate Avendaño quien lo presentó como un buen conservador.

Ese día, martes 15 de marzo de 1.960, Pedro Álvarez se hospedó en el cuarto contiguo y… a las doce de la noche, comenzaron los ruidos. Comenzó a gritar desesperado. Lo único que se me ocurrió fue tomar el Cristo que me regaló el Padre Jesús María e inmediatamente fui a atenderlo. Al levantarme de la cama, a oscuras lo único que alcancé a ver fue una sombra de una escoba proyectada en la pared. Le pregunté: ¿Qué pasó? –Respondió una bruja desnuda se me montó en el pecho y sentí como sí me estuviera quemando? El hombre se vistió velozmente, no me dejo dormir muerto del miedo y a la madrugada, con maletas empacadas emprendió el viaje de regreso a Manizales. Ese mismo día, me llamó el Mariscal Álzate Avendaño para preguntarme por la bruja. No atiné a decirle nada, pero… sí le conté que yo estaba protegido con la sangre de Cristo.

La historia es larga. Una noche se me olvidó rezar la oración: “Padre eterno y soberano…”. A la madrugada, sentí unos ruidos espantosos. Con valentía, decidí levantarme de la cama. En el interior de la vivienda reinaba tranquilidad. Abrí una de las ventanas y descubrí que allí en la plaza principal estaban armando los toldos para la venta de verduras acostumbradas para los sábados.

No resistí la tentación, pedí que me localizarán al indio Facundo Nayasa; el mismo que me llevó donde el chamán “Harbert”. Después de hacerme unos riegos mágicos, me recomendó: “Para la protección, coja una escoba del mango o palo y empiece a barrer el techo desde luego por dentro de la casa, como si lo hiciera por arriba; hágalo del fondo de la casa a la puerta de la calle, en el cuarto recé un credo y coloque la escoba detrás de su puerta de manera parada, hágalo antes de dormir”. Seguí las instrucciones por unos días, hasta que me visitó mi papá Lorenzo y me obligó a quitar esa escoba, porque eso estaba en contra del cristianismo. Esa noche fue pavorosa, los ruidos no me dejaron dormir.

Regresé, por cuenta propia donde el chamán “Harber”. Me atendió muy bien y me dijo: lo mejor que puede hacer es atraparla, de la siguiente manera: Coloque en el suelo unas tijeras abiertas en cruz, y riegue mostaza negra dentro de pieza donde provienen los ruidos; con seguridad así logrará identificarla.

Seguí las recomendaciones del Chamán, el viernes 14 de agosto del 1.960, completando seis meses como Juez del pueblo, sentí un revoloteo en las piezas y después unos leves sonidos de manos contra el piso, me dirigí a la pieza y prendí una linterna y descubrí, desnuda totalmente, a Alice Vaca (Hija de la Mona Feliza). Le abrí la puerta, le hice colocar su túnica y gorro negro, le entregué la escoba y salió volando.

Al lunes siguiente -17 de agosto de 1.960-, personalmente presenté mi carta de renuncia irrevocable como Juez de Belálcazar-Caldas; pueblo hermoso donde sobresale majestuosamente el Monumento a Cristo Rey, construido por iniciativa del Padre Antonio José Valencia Murillo, a quien le conté la historia en su casa que estaba ubicada en la Villa Olímpica de Pereira, quien después de darme la bendición, me recomendó que no volviera por allá por qué la bruja sigue volando en mis recuerdos.

Hasta hoy, martes 10 de noviembre del 2.020, sobreviviendo a la Pandemia Covid-19, no he vuelto a visitar a Belálcazar-Caldas. 

ACTO I

Pantalla gigante. Dos micrófonos aéreos. Dos escritorios antiguos repletos de expedientes amarrados con cabuyas. Dos asientos de madera. Dos máquinas de escribir Brother. Dos pocillos viejos, conteniendo café. Banderas de: Partido conservador, Colombia, Caldas, Belálcazar. Al lado derecho una escoba y montado sobre ella una clásica bruja. Telón corredizo.

Una linda voz de bruja solicita a los asistentes colocarse de pie. Suenan los himnos de Colombia, Caldas, Partido Conservador y Belálcazar.

Una anciana, en tono miedoso hace la presentación de la obra “LA BRUJA DE BELÁLCAZAR”.

Se abre el telón

ESCENA I

Sentados, escribiendo en las viejas máquinas: a la derecha: RUBÉN DARÍO FRANCO NARVÁEZ, a la izquierda. RUDAFRA,

RUDAFRA:  Viejo Barrigón, barba de tres días, pelo hirsuto, nariz de pinocho. Pantalón de dril color azul, camisa azul de popelina, botas de caucho negras.

(Deja de escribir, levanta la cabeza, mira al juez). A mí me llamaron del Directorio Conservador de Caldas que usted venía para acá, como Juez de Belálcazar.  ¿Cuéntenos, cuál es la historia y cómo lo han recibido aquí en mi querido pueblo del Monumento a Cristo Rey?

RUBÉN DARÍO FRANCO NARVÁEZ: De mediana estatura, rostro ovalado, nariz aguileña. Traje azul, camisa azul, corbata azul y sombrero azul.

(Deja de escribir, mira de soslayo a su secretario y bebé un poco de café humeante) Alice Vaca (La Bruja de Belálcazar-Caldas), en mi potente juventud, durante seis meses se convirtió en el pánico más grande sufrido en toda mi existencia.

Por influencias políticas de la época, del Mariscal Gilberto Álzate Avendaño, recién desempacado como abogado de la Universidad Nacional de Bogotá, a mis sólo 20 años de edad fui nombrado Juez de ese municipio del “Bajo Occidente Caldense”.

El recibimiento fue extraordinario, pues en un pueblo humilde era atracción que llegará, de la capital de la República, un hombre bien vestido con zapatos lustrados y corbata. En la plaza principal, se me acercaron unos campesinos y me saludaron cordialmente, luego me dijeron: Cierto doctor que usted es el nuevo Juez que nos mandan desde Bogotá. Respondí: Sí. Entonces, Facundo Nayasa (indio emberá chamí) me hizo una venia: ¡Ay! doctor es que el alcalde Francisco Andrés López, lo está esperando, mírelo ahí viene. Al observarlo, me impactó que era un señor de unos setenta años de edad con sombrero de caña y machete al cinto; se me acercó se quitó su sombrero y me tendió la mano, diciéndome: bienvenido mi doctor, ya me llamó el patrón Álzate Avendaño, para que me colocará a sus enteras órdenes.

Pues señor Alcalde, por lo pronto necesito ubicar una residencia. –Inmediatamente, me respondió: Le tengo la mejor, ese caserón, colorcito azul que nos gusta mucho, enseguida de su oficina aquí en plena plaza. Sin tardar, agradecí al indio Nayasa y con el alcalde fui directo a conocer la casa: cuatro cuartos, tres ventanas al frente de donde se divisaba toda la plaza. Esta es la mejor vivienda del pueblo y, como soy amigo del dueño, godo hasta los tuétanos, no hay problema para el arriendo; si usted quiere doctor tengo una buena cama que se la puedo obsequiar porque no la he usado, ya que ese fue un regalo de Don Nazario (El rico del pueblo) al ser nombrado alcalde. Puede dejar sus maletas aquí de una vez. Acepté de inmediato. Un subalterno del alcalde López, se encargó inmediatamente de organizarme todo. A las tres de la tarde lunes 15 de febrero de 1.960, fui hasta lo que sería mi despacho. Me recibió, un señor de unos sesenta años de edad, alto, fornido de pantalón azul de dril y camisa azul popelina, se presentó como Secretario del Juzgado. Me sorprendieron las montañas de papeles arrumados a lado y lado. Los señalé y le pregunté de ¿qué se trata todo esto? Me contestó: -son expedientes, por resolver. Espero que siga contando con mis servicios. –Sí quiere seguir conmigo, tenemos la enorme tarea de evacuar todo esto, a la mayor brevedad posible. A las seis de la tarde, sonó una campana de un reloj grandísimo que estaba colgado en la pared. El secretario, Danilo Quiroz, me dijo se acabó la jornada, sí usted me acepta doctor lo invitó a unas “politas”, aquí al frente donde la mona Feliza. Acepté, porque estaba interesado en conocer todo lo relacionado con el trabajo que tenía que cumplir.

Bueno… pero no pregunté tanto, a trabajar como Dios manda.

Se cierra el telón.

FIN DEL ACTO UNO.

ACTO II

Se abre el telón.

Dos escritorios antiguos repletos de expedientes amarrados con cabuyas. Dos asientos de madera. Dos máquinas de escribir Brother. Dos pocillos viejos, conteniendo café. Banderas de: Partido conservador, Colombia, Caldas, Belálcazar. Al lado derecho una escoba y montado sobre ella una clásica bruja. Telón corredizo.

ESCENA I

Sentados, escribiendo en las viejas máquinas: a la derecha: RUBÉN DARÍO FRANCO NARVÁEZ, a la izquierda. RUDAFRA,

RUDAFRA: (Deja de escribir. Toma un poco de café). Mi doctor ¿Cuente como es la historia esa de la bruja aquí en Belálcazar ?

RUBÉN DARÍO FRANCO NARVÁEZ: (Deja de escribir, bebé un poco de café. Se levanta de su asiento, va hasta donde está la bruja montada en la escoba y la acaricia). Hombre Rudafra:  Efectivamente, al frente del Juzgado, estaba el aviso en una lámina gigante “La Mona Feliza”. Entramos, nos sentamos, el secretario pidió dos cervezas, me presentó a la dueña quien me atendió amablemente y se colocó a mis órdenes. Danilo, mi secretario, ya estaba enterado de la casa donde me iba a hospedar. Me advirtió: “Jefe, ahí no ha podido vivir nadie, porque estaba cebada una bruja; es más… ni gratis viviría ahí”. Me pareció algo como fantástico y no le paré bolas. A las ocho de la noche, le dije: Vea Danilo, lo espero a las siete de la mañana para que empecemos nuestra tarea en el Juzgado. –Bueno, doctor, pero aquí no estamos acostumbrados a madrugar.

Llegué al sitio. Encontré todo aseado, una buena cama de bronce con buenas cobijas y almohadas obsequiadas por el alcalde copartidario López. Tomé un baño ligero, me puse la pijama, y me acosté. Como de costumbre, recé el Rosario y el Ángel de la Guarda que me enseñó mi padre Lorenzo. A las doce de la noche, sentí unos ruidos tremendos. Recordé la advertencia de Quiroz. Sin embargo, confiando en Dios, me tapé hasta la cara con las cobijas de lana.

Madrugué a cumplir con la misión. A las seis de la mañana, del martes 16 de febrero 1.960, empecé por desamarrar los más grandes paquetes de expedientes. A las siete de la mañana que llegó, el secretario Danilo, sobre un viejo escritorio le coloqué 50 expedientes y le repetí: esta es la tarea de hoy.  Me revisa uno por uno y a las cinco de la tarde, me pasa el informe. Pero… doctor, ese es trabajo para un año. –Vea Danilo Quiroz, dígame sí es capaz o no. Respondió: “Voy a ver hasta dónde alcanzo. Mi meta era, sobre mi escritorio, darle salida a l00 expedientes para marcar ejemplo sobre mi eficiencia. Al final, cumplimos los dos y seguimos laborando cumplidamente sin tardanzas. En treinta días, lo que parecía imposible, estaba a la orden del día.

Lo de la bruja, anunciada por mi secretario, siguió dándome vueltas en la cabeza. Noche tras noche, los ruidos eran mayores. La única forma de escapar de ellos, era al final del viernes cuando me trasladaba hasta el domingo en la noche, a visitar a una hermosa novia que tenía en Calarcá.

Muchas historias recordé contadas por mis compañeros de la Universidad, sobre las brujas. Entonces…reviví la historia de Alice Kyteler, la bruja más antigua del mundo que era ninfómana, vestida de negro, volaba en una escoba y aterrizaba sobre el pecho de los hombres que apetecía.

Al llevar varias noches sin dormir, fui hasta donde el Padre Jesús María Jiménez, le conté. El, me regaló un Crucifijo y me hizo copiar esta oración para rezarla antes de acostarme: “Padre eterno y soberano, en ti confío, en San Marcos y por méritos de Cristo yo te santiguo, que te vayas sin poder y sin ver a quien he aquí la Cruz para desatarse. Amén, Amén. Amén.  Como siempre he tenido confianza en Dios, yo la rezaba sagradamente y con ñapa, hasta tres veces.

Por unos días, el rezo me dio buenos resultados. Hasta que un ejecutivo de ventas que se quería radicarse en Belálcazar, me pidió el favor que le alquilará un cuarto puesto que se había enterado de que yo vivía solo en la mejor casa del pueblo. Gustoso, acepté porque estaba recomendado por el Mariscal Gilberto Álzate Avendaño quien lo presentó como un buen conservador.

Ese día, martes 15 de marzo de 1.960, Pedro Álvarez se hospedó en el cuarto contiguo y… a las doce de la noche, comenzaron los ruidos. Comenzó a gritar desesperado. Lo único que se me ocurrió fue tomar el Cristo que me regaló el Padre Jesús María e inmediatamente fui a atenderlo. Al levantarme de la cama, a oscuras lo único que alcancé a ver fue una sombra de una escoba proyectada en la pared. Le pregunté: ¿Qué pasó? –Respondió una bruja desnuda se me montó en el pecho y sentí como sí me estuviera quemando? El hombre se vistió velozmente, no me dejo dormir muerto del miedo y a la madrugada, con maletas empacadas emprendió el viaje de regreso a Manizales. Ese mismo día, me llamó el Mariscal Álzate Avendaño para preguntarme por la bruja. No atiné a decirle nada, pero… sí le conté que yo estaba protegido con la sangre de Cristo.

Regresa a su asiento de madera y le dice a su compañero: Que hubo pues, a trabajar como Dios manda.

SE CIERRA EL TELÓN. FIN DEL ACTO DOS.

ACTO III

Se abre el telón.

Dos escritorios antiguos repletos de expedientes amarrados con cabuyas. Dos asientos de madera. Dos máquinas de escribir Brother. Dos pocillos viejos, conteniendo café. Banderas de: Partido conservador, Colombia, Caldas, Belálcazar. Al lado derecho una escoba y montado sobre ella una clásica bruja. Telón corredizo.

ESCENA I

Sentados, escribiendo en las viejas máquinas: a la derecha: RUBÉN DARÍO FRANCO NARVÁEZ, a la izquierda. RUDAFRA,

RUDAFRA: (Deja de escribir. Se levanta de su asiento de madera y se dirige hasta donde está la bruja montada en la escoba) Oiga, mi señor Juez, me contaron que a usted se le volvió a aparecer la bruja y que usted al final, logró descubrirla. ¿Eso es cierto o no?

RUBÉN DARÍO FRANCO NARVAÉZ: (Deja de escribir. Levanta la mano derecha y le indica a su compañero que se siente. Inmediatamente se dirige al lado de la bruja, la acaricia y le da un sonoro beso. Con tono de viejo historiador, relata) La historia es larga. Una noche se me olvidó rezar la oración: “Padre eterno y soberano…”. A la madrugada, sentí unos ruidos espantosos. Con valentía, decidí levantarme de la cama. En el interior de la vivienda reinaba tranquilidad. Abrí una de las ventanas y descubrí que allí en la plaza principal estaban armando los toldos para la venta de verduras acostumbradas para los sábados.

No resistí la tentación, pedí que me localizarán al indio Facundo Nayasa; el mismo que me llevó donde el chamán “Harbert”. Después de hacerme unos riegos mágicos, me recomendó: “Para la protección, coja una escoba del mango o palo y empiece a barrer el techo desde luego por dentro de la casa, como si lo hiciera por arriba; hágalo del fondo de la casa a la puerta de la calle, en el cuarto recé un credo y coloque la escoba detrás de su puerta de manera parada, hágalo antes de dormir”. Seguí las instrucciones por unos días, hasta que me visitó mi papá Lorenzo y me obligó a quitar esa escoba, porque eso estaba en contra del cristianismo. Esa noche fue pavorosa, los ruidos no me dejaron dormir.

Regresé, por cuenta propia donde el chamán “Harber”. Me atendió muy bien y me dijo: lo mejor que puede hacer es atraparla, de la siguiente manera: Coloque en el suelo unas tijeras abiertas en cruz, y riegue mostaza negra dentro de pieza donde provienen los ruidos; con seguridad así logrará identificarla.

Seguí las recomendaciones del Chamán, el viernes 14 de agosto del 1.960, completando seis meses como Juez del pueblo, sentí un revoloteo en las piezas y después unos leves sonidos de manos contra el piso, me dirigí a la pieza y prendí una linterna y descubrí, desnuda totalmente, a Alice Vaca (Hija de la Mona Feliza). Le abrí la puerta, le hice colocar su túnica y gorro negro, le entregué la escoba y salió volando.

Al lunes siguiente -17 de agosto de 1.960-, personalmente presenté mi carta de renuncia irrevocable como Juez de Belálcazar-Caldas; pueblo hermoso donde sobresale majestuosamente el Monumento a Cristo Rey, construido por iniciativa del Padre Antonio José Valencia Murillo, a quien le conté la historia en su casa que estaba ubicada en la Villa Olímpica de Pereira, quien después de darme la bendición, me recomendó que no volviera por allá por qué la bruja sigue volando en mis recuerdos.

 (Besa apasionadamente a la bruja, la baja de la escoba, la desviste y cierra el telón).

APARECE EN PANTALLA: Hasta hoy, martes 10 de noviembre del 2.020, sobreviviendo a la Pandemia Covid-19, no he vuelto a visitar a Belálcazar-Caldas. 

FIN DE LA OBRA.