



En la madrugada del 3 de enero de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó la captura de Nicolás Maduro en Caracas, Venezuela, durante una operación militar de gran escala. El mandatario estadounidense informó que la acción incluyó la detención de la esposa de Maduro, Cilia Flores, y fue ejecutada en coordinación con fuerzas de seguridad norteamericanas.
La ofensiva se produjo tras una serie de explosiones en instalaciones militares estratégicas de Caracas y otros estados venezolanos. Según los reportes iniciales, la operación buscaba neutralizar la estructura de poder del régimen chavista, considerado por Washington como una amenaza regional. La captura de Maduro marca un giro histórico en la crisis venezolana, que llevaba más de una década bajo su liderazgo.
El gobierno de Venezuela calificó la intervención como una “agresión militar gravísima”, denunciando la violación de su soberanía. Sin embargo, desde Estados Unidos se argumenta que la acción responde a acusaciones de narcoterrorismo y conspiración internacional contra Maduro, quien enfrenta cargos en tribunales federales. La tensión diplomática se intensifica mientras la comunidad internacional evalúa las consecuencias de este hecho.
En Colombia y otros países de la región, líderes políticos reaccionaron con mensajes de apoyo a la población venezolana. Algunos expresidentes calificaron la captura como un paso hacia la libertad, mientras gobiernos aliados de Caracas denunciaron la operación como un precedente peligroso. La división internacional refleja la magnitud del impacto geopolítico.
La detención de Maduro abre un escenario incierto para Venezuela. Mientras se espera su traslado a territorio estadounidense para enfrentar la justicia, la nación sudamericana enfrenta un vacío de poder que podría desencadenar nuevas pugnas internas. El desenlace de este episodio definirá el rumbo político de la región en los próximos meses.
English version
Nicolás Maduro captured in Caracas after U.S. offensive
On the early morning of January 3, 2026, U.S. President Donald Trump confirmed the capture of Nicolás Maduro in Caracas, Venezuela, during a large-scale military operation. The American leader announced that Maduro’s wife, Cilia Flores, was also detained in coordination with U.S. security forces.
The offensive followed a series of explosions at strategic military facilities in Caracas and other Venezuelan states. Initial reports indicate the operation aimed to dismantle the power structure of the chavista regime, considered by Washington a regional threat. Maduro’s capture marks a historic turning point in Venezuela’s prolonged crisis under his rule.
The Venezuelan government condemned the intervention as a “serious military aggression”, claiming a violation of its sovereignty. Meanwhile, U.S. officials argue the action responds to charges of narcoterrorism and international conspiracy against Maduro, who faces indictments in federal courts. Diplomatic tensions are escalating as the global community assesses the consequences.
In Colombia and other neighboring countries, political leaders reacted with messages of support for Venezuelans. Some former presidents hailed the capture as a step toward freedom, while governments allied with Caracas denounced the operation as a dangerous precedent. The international divide highlights the geopolitical impact of the event.
Maduro’s detention opens an uncertain scenario for Venezuela. As his transfer to U.S. territory to face justice is expected, the South American nation confronts a power vacuum that could trigger internal struggles. The outcome of this episode will shape the region’s political future in the coming months.



