Quindío y el antiturismo.

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Juan José García Posada en Cuartillas Radio - YouTube

Siempre he dicho que el turismo en el Quindío puede volverse un espejismo si no se cuidan de las amenazas circundantes, del antiturismo depredador y la ausencia de estrategias inteligentes y eficientes.

Por Juan José García Posada – juanjogp@une.net.co

Tenía razón mi abuela materna cuando me advertía que en el Quindío embrujaban a los hombres. Su vida la había marcado la leyenda de su hermano Pedro Nicolás, de quien nadie volvió a saber después de que se uniera a la caudalosa corriente migratoria de fines del Siglo Diecinueve, de muchachos y familias que viajaron a esta región en busca de tierras fecundas y aventuras y montes por explanar en los que fueron construyendo pueblos.

Sigue siendo verdad lo del embrujo, guardadas las proporciones. La mejor demostración está en el crecimiento exponencial del llamado turismo en esta región encantadora, a pesar de la falta de mejor planeación y acciones providentes, de los abusos que empiezan a mortificar a los viajeros, de la amenaza de los abominables turistas depredadores y de muchos otros riesgos – qué tal esa bulla cavernícola en algunas fincas – que pueden afectar la industria sin chimeneas y malograr un ideal legítimo de progreso económico y cultural.

El ejemplo más deplorable de antiturismo lo ha representao en los años recientes nada menos que Cartagena, donde gente ignorante y sin escrúpulos se dedicó a destruir la realidad fabulosa de una de las ciudades más maravillosas del planeta. Todavía pueden faltar mucho tiempo y muchas temporadas de vacaciones, para que el turismo en el Quindío y sus alrededores del llamado Eje Cafetero se degrade por obra y desgracia de codiciosos que sólo piensan en el beneficio monetario transitorio y van a frustrar el objetivo legítimo de explotar con sensatez la fuente prodigiosa de riqueza que es la visita creciente de amigos del resto del país y del exterior. Esa que tanto agrada en estos días en que va terminando la última temporada y la vida rutinaria restablece la normalidad hasta la próxima.

Mi condición de neocampesino en predios de Montenegro y Pueblotapao no me ha servido para que me quiten el distintivo de turista. Ser vecino, residente habitual conectado con las actividades periodísticas y docentes por medio de la internet, no me ha puesto del todo a salvo de las dobles tablas de precios que usan algunos negociantes para cobrar de acuerdo con la impresión sobre el origen de cada cliente. Siempre he dicho que el turismo en el Quindío puede volverse un espejismo si no se cuidan de las amenazas circundantes, del antiturismo depredador y la ausencia de estrategias inteligentes y eficientes, si no privilegian el inmenso potencial cultural de las tradiciones, costumbres y leyendas, la literatura y la música, la historia de la ancestralidad antioqueña. El Parque del Café, centro del peregrinaje constante de viajeros encantados, es el símbolo de esa vocación turística, pero, ante todo, la admirable calidad de su gente, sostienen el encanto incomparable del Quindío. ¿Que en estas montañas, en este paisaje, en este Edén embrujan a los seres humanos? No tengo ni el más mínimo argumento para refutar aquella verdad profética de mi abuela materna