Una mujer al mando de México.

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Claudia Sheibaum En Vivo desde Coyoacán, Ciudad de México

La carrera final de las elecciones que se realizan el próximo 2 de junio la encabezan Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez.

México, ese gigante del norte que vive en español, se encuentra a las puertas de vivir un momento único en su historia. El próximo 2 de junio más de 98 millones de mexicanos elegirán por primera vez a una mujer para el cargo de presidenta de la nación, lo que conlleva una carga simbólica importantísima en un país donde la violencia de género y la marginación de las mujeres son absurdamente altas. Muchos se preguntan si durante el próximo sexenio se cumplirán las demandas históricas feministas y las dudas planean alrededor del tema porque una cosa es la perspectiva y otra el poder real.

Hace apenas 70 años las mujeres no podían votar en México. Consiguieron estrenar su derecho durante unas elecciones federales en 1955, una fecha tardía con respecto a otros países de la región, como Brasil, en 1932, o Argentina, en donde sufragaron por primera vez a nivel nacional en 1951 e incluso Colombia donde fue aprobado en 1954. De manera que el hecho de que dos mujeres sean las más opcionadas para liderar el destino de los mexicanos no tiene parangón en su historia, aunque en el contexto latinoamericano en los últimos 17 años, hayan sido elegidas siete presidentas. Las más recientes: Xiomara Castro en Honduras y Dina Boluarte en Perú, fue también la primera vez para sus respectivos países.

La carrera final de estas elecciones mexicanas en las que hay 20.700 cargos públicos en juego que incluyen la totalidad del congreso federal y nueve gobiernos estatales, está encabezada por Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez. La contienda la lidera con veinte puntos de ventaja la candidata presidencial oficialista Sheinbaum, quien fuera alcaldesa de la capital y es abanderada de la coalición Sigamos haciendo historia. La sigue Gálvez, candidata de la coalición opositora de centro derecha Fuerza y Corazón por México, y en tercer lugar, prácticamente sin opciones, Jorge Álvarez Máynez del Movimiento Ciudadano.

Pero pese al reconocimiento de la importancia que tiene que una mujer vaya a manejar el destino de México, su elección no implica necesariamente un cambio significativo en el poder. Porque la experiencia ha mostrado que en la promoción de mujeres a puestos de liderazgo político sigue habiendo un halo machista y autoritario. Se les enseña que hay que masculinizarse para avanzar, y muestra de ello han dado estas dos candidatas durante la campaña al entrar en el juego de la deshumanización: cuando hablaban de su contrincante se negaban a mencionar su nombre y en cambio se referían a la otra para desacreditarla usando títulos peyorativos como la candidata de la mentira.

En asuntos de fondo surgen dudas aún más serias. Ninguna de las dos candidatas tiene propuestas de género novedosas o un plan de acción concreto que realmente les dé poder a las mujeres. México es un país en el que las altas tasas de feminicidio causan escalofrío. Los datos del gobierno muestran que, en promedio, 10 mujeres y niñas son asesinadas cada día por sus parejas o familiares. Ni Sheinbaum ni Gálvez han dado señales de que sus programas legislativos vayan a promover los intereses de las mujeres a través de políticas como la ampliación del acceso a la atención sanitaria o la lucha por la licencia de maternidad y la igualdad salarial en el lugar de trabajo.

Es lo que los politólogos llaman “representación descriptiva” -cuando los líderes políticos se parecen a un grupo de votantes pero no establecen políticas diseñadas para protegerlos–. A diferencia de la “representación sustantiva” que se produce cuando los funcionarios promulgan leyes que realmente benefician a los grupos que dicen representar. Y eso sería lo deseable en este inmenso paso que va a dar México, país en el que los asuntos del machismo laten en el corazón de la sociedad.

Muchos ven en Sheinbaum la continuidad del proyecto hegemónico de un hombre, Andrés Manuel López Obrador, que ha sido cuestionado por hacer recortes presupuestales cerrando albergues para mujeres, estancias infantiles, y aboliendo el seguro popular, cuya falta afecta sobre todo a mujeres que perdieron el acceso al control médico por cáncer cérvico-uterino y de mama. Y de Gálvez se dice que al ser apoyada por el Partido de Acción Nacional, tradicionalmente conservador, podría llegar a estar en conflicto con la agenda feminista.

En últimas el reto mayor para la próxima presidenta será hacer realidad la igualdad de género en distintas zonas del país y en gran parte de la sociedad, donde todavía sobrevive el machismo. Aunque puede ser que se le esté pidiendo demasiado, tendrá que demostrar que ese poder político que ha ganado lo utilizará para luchar por las mujeres a las que representa, sin olvidar a la vez que gobierna para todos.

Y por supuesto, no estaría demás que se emancipe, y en vez de repetir los errores de sus jefes políticos, lleve a cabo un gobierno lo suficientemente bueno que permita pensar que de verdad puede ser mejor un gobierno de las mujeres.asdsadsaic