

Por: Luis Alberto Figueroa, Comunicador Social Periodista. Tarjeta Profesional 0222 expedida por el Ministerio de Educación Nacional.
El anuncio realizado por el ELN sobre un supuesto “juicio revolucionario condenatorio” contra cuatro integrantes de la Policía Nacional y del CTI de la Fiscalía secuestrados en Arauca desde el año pasado, representa una grave amenaza contra la institucionalidad colombiana y un nuevo atentado contra los principios fundamentales de los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario. La decisión del grupo armado ilegal ha generado indignación nacional debido a que pretende atribuirse funciones judiciales que únicamente corresponden al Estado colombiano.
Este hecho confirma que el ELN continúa actuando al margen de la ley y desconociendo cualquier principio humanitario. El secuestro en Colombia sigue siendo utilizado como mecanismo de presión política y criminal, afectando no solo a las víctimas directas sino también a sus familias y a toda la sociedad. La prolongación arbitraria del cautiverio constituye una violación grave de la dignidad humana y una demostración de desafío abierto contra las autoridades legítimas del país.
Ninguna organización armada ilegal posee legitimidad moral ni jurídica para imponer condenas o realizar procedimientos que intenten reemplazar a la justicia colombiana. Los llamados “juicios revolucionarios” reflejan prácticas propias de estructuras criminales que durante décadas han sembrado violencia, miedo e inestabilidad en distintas regiones del territorio nacional. La privación de la libertad de servidores públicos que cumplían funciones constitucionales no puede justificarse bajo ningún argumento ideológico o político.
La situación también reabre el debate sobre las estrategias del Estado frente a los grupos armados ilegales y la necesidad de fortalecer las acciones de seguridad. Mientras sectores del país insisten en procesos de diálogo y reconciliación, hechos como este evidencian que persisten acciones violentas que afectan la confianza ciudadana y debilitan la percepción de autoridad institucional. Para muchos colombianos, cada acto de intimidación del ELN representa un retroceso en los esfuerzos por alcanzar condiciones reales de paz y estabilidad.
Frente a este panorama, las autoridades nacionales enfrentan el reto de responder con firmeza y coordinación para garantizar la libertad de los secuestrados y proteger la institucionalidad democrática. La defensa de los derechos humanos también implica actuar de manera decidida contra quienes recurren al terrorismo, la intimidación y el secuestro como instrumentos de presión política. Diversos sectores han insistido en que la liberación inmediata de los uniformados y funcionarios retenidos debe convertirse en una prioridad absoluta para el Estado colombiano.
English version
An unacceptable affront against Colombia
By: Luis Alberto Figueroa, Social Communicator Journalist. Professional License 0222 issued by the Ministry of National Education
The announcement made by the ELN regarding a so-called “revolutionary condemnatory trial” against four members of the National Police and the CTI investigative unit who were kidnapped in Arauca last year represents a serious threat against Colombian institutions and a new attack on the fundamental principles of human rights and International Humanitarian Law. The illegal armed group’s decision has sparked national outrage because it attempts to assume judicial powers that belong exclusively to the Colombian State.
This event once again confirms that the ELN continues to operate outside the law while ignoring humanitarian principles. Kidnapping in Colombia remains a tool of political and criminal pressure, affecting not only the direct victims but also their families and society as a whole. The arbitrary extension of captivity constitutes a severe violation of human dignity and an open challenge to the country’s legitimate authorities.
No illegal armed organization has the moral or legal legitimacy to impose sentences or carry out procedures intended to replace Colombia’s justice system. The so-called “revolutionary trials” reflect practices commonly associated with criminal structures that for decades have spread violence, fear and instability across different regions of the country. The detention of public officials who were carrying out constitutional duties cannot be justified under any ideological or political argument.
The situation also reopens the debate about the State’s strategies toward illegal armed groups and the need to strengthen security actions. While some sectors of the country continue promoting dialogue and reconciliation efforts, events like this demonstrate that violent actions persist, damaging public trust and weakening institutional authority. For many Colombians, every act of intimidation by the ELN represents a setback in the search for genuine peace and stability.
In this context, national authorities face the challenge of responding firmly and in coordination to secure the release of the kidnapped officials and protect democratic institutions. Defending human rights also means acting decisively against those who use terrorism, intimidation and kidnapping as political pressure tools. Different sectors have insisted that the immediate release of the detained officers and officials must become an absolute priority for the Colombian State.



