PARTIÓ AL MUNDO ESTELAR “EL GRAN DAVID”
David José Narváez Hoyos, filántropo colombiano -residente en New York-, a los 86 años cinco meses 21 días de edad, se despidió de la vida terrena el viernes 30 de octubre del 2020 a las dos de la tarde (hora colombiana), en la Clínica Manhattan Presbiteriano asistido en su último respiro por su hija menor Gloria Esperanza Narváez González.
Allí, en ese famoso hospital donde falleció (1.994) Richard Nixon presidente 37º de los Estados Unidos, “El Gran David” solicitó que le leyeran parte de la Nueva Encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco y con voz débil, pero salida de su gastado corazón, repitió el inicio del numeral 92, del Capítulo Tercero: “La altura espiritual de una vida humana está marcada por el amor, que es “el criterio para la decisión definitiva sobre la valoración positiva o negativa de una vida humana”. Se sintió realizado por su larga trayectoria, porque vivió para servir alentado por el amor a Dios.
Llegó a New York en 2004. Desde ese mismo año, obsequiaba panes a los hambrientos, e instruía sobre el amor a Dios. Repetía su misión caritativa, en sus periódicas visitas a Pereira: todos los días, después de recibir la Sagrada Eucaristía, se situaba al frente de la Catedral “Nuestra Señora de la Pobreza” para repartir pan y café a los habitantes de la calle; cuando alguno le daba las gracias, él contestaba: “A mí no tiene que agradecerme nada. Agradézcale el alimento a Dios”.
FAMILIA CON EL ESCUDO DEL AMOR
David José Narváez Hoyos nació en Neira-Caldas el 9 de mayo de 1.936, en una familia católica que exhibió -siempre- el Escudo del Amor- con sus ejemplares progenitores Carlos Narváez Castillo (Músico y compositor, reconocido ampliamente en Colombia) y la piadosa Dama María Hoyos que, a golpes de las sagradas notas emanadas de piano y lira, levantaron a siete hijos: José, Ernesto, Helena, Inés, Imelda, Eufrosina y David José. Hoy, sólo sobrevive Eufrosina Narváez de Chacón; los demás, uno a uno partieron para hacer parte del Coro Celestial.
CABALLERO A CARTA CABAL
David José Narváez Hoyos, en su juventud fue un deportista dimensional. Al arribar a la edad requerida, sirvió a la Patria vinculándose al glorioso Ejército Nacional donde alcanzó el título de Subteniente. Se retiró de las Fuerzas Armadas, por voluntad propia, donde vio caer a muchos compañeros en la línea de combate contra los “Chusmeros” de la época.
De inmediato, como le enseñaron los mayores a ganarse la vida con el sudor de frente, contactó a don Nayib Jozame (libanés que venía huyendo de la violencia en su país) considerado como el más grande impulsor de los cinemas en Colombia. De inmediato fue contratado y lo nombró administrador de varios Teatros; primero en Manizales, luego en Armenia, y por último en Anserma-Caldas. Su balance fue extraordinario, destacándose por proyectar las mejores películas de su tiempo (cintas importadas) y apoyar a los mejores artistas del Gran Caldas en sus reiteradas presentaciones.
SU MATRIMONIO Y SU DULCE HOGAR
Siendo Administrador del Teatro Bolívar en Armenia, en una función para estudiantes, conoció a la profesora Mery González (hija de un renombrado avicultor), floreciendo el amor a primera vista en 1.962. La relación le ganó la carrera al reloj y, en 1.963, en el Templo Nuestra Señora de los Dolores de Pereira, ante el Santísimo, sellaron su unión católica.
Al disfrutar de la absoluta confianza de su patrón Nayib Jozame, fue nombrado Gerente General del Teatro Mariscal Robledo en “Santana de los Caballeros Caldas”. Allí, disfrutó del aprecio gratificante de los ansermeños, siendo acogido por: el civismo, sus valiosos aportes culturales y religiosos.
En “La Abuelita de Caldas” construyó su dulce hogar, con su esposa Mery y sus cuatros hijos: María Stella, Luz Marina, Juan Carlos y Gloria Esperanza.
Al retirarse del Teatro, se dedicó a su propio negocio “Almacén Danayos” famoso en todo el occidente colombiano. Pero, aparte de su propio interés económico, siempre estuvo presente en las grandes obras de la población, especialmente en las relacionadas con el Ministerio Católico. Fue pieza central en la reconstrucción del Templo Santa Bárbara (que había sido semi-destruido por un terremoto) al lado del Párroco Monseñor Morales quien celebró las Primeras Comuniones de sus cuatro Hijos.
BUENOS FRUTOS
La semilla depositada en tierra fértil, dio buenos frutos. Con esfuerzo, honradez, educó a sus hijos hasta abrirles prósperamente el camino con sus carreras universitarias.
Hoy, la mayoría de ellos, residentes y laborando en los Estados Unidos:
Stella Narváez González (Bacterióloga), con su hijo Juan David Narváez Narváez. Actualmente ejecutiva de un Banco de Sangre en New York.
Luz Marina Narváez González (Bacterióloga), propietaria y gerente general del Laboratorio Clínico Darsalud en Pereira. Con tres hijos, todos profesionales: Juan Andrés, José Eduardo y Sebastián Emilio Valderrama Narváez.
Juan Carlos Narváez González (Médico, especializado en USA); actualmente al servicio de la macro clínica Mount Sinai Medical Center of Florida, Miami Beach. Sus tres hijos, en Cali-Colombia: Andrés Felipe, María Camila y José David Narváez.
Gloria Esperanza Narváez González Directora de Historias Clínicas en Rhode Island. Allí, está acompañada de sus dos hijos americanos: Jonathan Cook Narváez y Nataly Rodríguez Narváez.
SU ÚLTIMA VOLUNTAD
David José Narváez Hoyos siguió con devoción y admiración la visita del Papa Francisco a Colombia, en septiembre del 2.017, grabando su imperecedera frase: “La esperanza nos asegura que nuestros seres queridos están en las manos de Dios”. Por eso, antes de entregar su alma al Creador del Universo, pidió que sus despojos mortales fueran depositados en la Ciudad de Pereira-Risaralda-Colombia.
Al momento de cerrar esta sentida nota, se realizan los trámites rigurosos, para trasladar el cadáver de “El Gran David” a su patria natal.
“La muerte forma parte de la vida, pero cuando toca a nuestros seres queridos es como si se detuviera el tiempo”. –Papa Francisco
Pereira, 30 de octubre 2020, Hora colombiana: 9.30 de la noche.


