Las calles pereiranas están inundadas de pordioseros. A pesar de los esfuerzos realizados por las autoridades competentes, es un fenómeno casi imposible de resolver dada la constante migración de habitantes de calles que llegan de poblaciones aledañas, indígenas Embera-Chamí, y la ola incontenible de venezolanos que huyen de la terrible crisis en que está sumido su país.
Los indígenas se sitúan estratégicamente en las puertas de los principales templos donde la voluntad caritativa de los católicos, nunca les falla.
La voz de la Administración local y de la jerarquía de la iglesia católica se han hecho sentir, solicitando no dar más limosnas.