

Nos reunimos para acompañar a Oscar Humberto Duque Sanz que el Señor ha llamado a disfrutar de su gloria eterna. Creemos que la vida no termina con la muerte, que, aunque se destruya esta morada terrenal, adquirimos una mansión no construida por el hombre, sino por el mismo Dios.
Y cada vez que asistimos a unas honras fúnebres, es inevitable no preguntarnos, donde iremos después de que morimos. En este instante estamos vivos, Oscar Humberto no lo está, respiramos, nos movemos, en este mismo instante está naciendo un niño, y está muriendo un ser humano.
¿Cuál es la suerte de los que mueren? ¿Cuál será mi propia suerte? Será que con estas cenizas también sepultamos el alma, el fuego que consumió el cuerpo de Oscar Humberto también consumió su espíritu.
La gran pregunta, que muchos no han podido resolver. Sigmund Freud pensaba en la idea de la inmortalidad como un residuo narcisista que nos incapacita para vivir en la realidad de un universo en el cual morimos; Marx un magnifico subterfugio para mantener en la indigencia a multitud de individuos a quienes se les garantiza una mejor vida que aquí les es ajena; Nietzsche, argumenta que fingimos en un mundo ideal por el miedo que se le tiene a la muerte.
Blas Pascal decía que prefería equivocarse creyendo en un Dios que no existiese, que equivocarse no creyendo en un Dios que si existiera, porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabría, cuando me pudiera hundir en la nada eterna; pero si hay algo, si hay alguien, tendría que dar cuenta por mi actitud de rechazo.
Tan opción es creer en la inmortalidad, como es la opción de creer que no lo es. El margen de opción es igualmente optativo en un lado como en otro. No es menos fe quien declara que con la muerte termina todo, que la fe del que declara que es allí donde comienza todo.
Quienes nos llamamos cristianos, creemos que con la muerte comienza todo, por la realidad de un crucificado que ha resucitado. La gran verdad de la fe cristiana: que el resucitado no es otro que Jesús de Nazaret crucificado.
Cruz y resurrección son los símbolos universales de la muerte, como destino de todo ser humano y su anhelo de inmortalidad, como esperanza de todo ser humano. Ese poder resucitante de Dios se presentó como garantía de esa esperanza mas allá y contra la muerte.
«Ustedes, por mano de los paganos, lo mataron en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte» proclaman las primeras comunidades cristianas. En la cruz aparece la impotencia de Dios, pero en la resurrección aparece el poder de Dios. Y desde el crucificado que ha resucitado, podemos afirmar la victoria de la vida sobre la muerte, el amor sobre el odio, la misericordia sobre la venganza y nuestro gran reto es vivir como resucitados, como lo hizo Oscar Humberto.
Un hombre que a sus 65 años el Señor lo encontró maduro para la eternidad.
Un excelente profesional: Abogado de profesión, presto su servicio como juez de instrucción criminal en la Dorada y Belén de Umbría, integrante de la sala de disciplinaria del consejo seccional de la judicatura de Pereira, se desempeñó como titular delegado de la Registraduría del estado civil colombiano en Pereira y Chocó, un gran servidor público, desempeñándose también como legislativo de la cámara de representantes de Colombia.
El abogado debe ser un defensor de la ley, y la ley tiene una función muy clara, ordenar la vida de la sociedad, con un fin el bien común. Existe un elemento fundamental que el profesional del derecho debe tener claro y es la diferencia entre lo legal y lo moral, no todo lo legal es permitido, muchos hoy quieren justificar una acción moralmente mala, amparados por una legislación perversa.
Oscar Humberto fue un gran defensor de la verdad. Corremos el riesgo de convertirnos en una sociedad amoral, donde ya nadie diga la verdad acerca de lo que está bien y lo que está mal, de lo que es correcto o resulta impropio. La consecuencia es terrible: la ausencia de límites hace que nuestros hijos piensen que pueden hacer lo que les parezca ya que ningún adulto intervendrá para ponerles freno.
Una cualidad fundamental de cualquier servidor público es la honestidad. Es común que, en la función pública, se incurra en el delito de aceptar o solicitar dadivas a cambio de realizar u omitir un acto inherente a su cargo, cayendo en contravenciones de cohecho, conductas punibles y moralmente inaceptables. Quienes ejercen el poder publico en especial, se ven generalmente tentados a caer en esta contravención de cohecho. Necesitamos servidores públicos que le digan no al soborno, a educarnos en el cumplimiento de la ley para exigir que esta sea justa y equitativa.
Oscar Humberto fue un hombre amable, diligente y alegre. La alegría genuina que ilumina el espacio humano que toca. Una alegría que proviene del interior, de la decisión personal de donarse, esa alegría alcanzada cunado es mas lo que se da que lo que se recibe. La tristeza y el negativismo, crean ambientes oscuros, la alegría invita a aventurarse en la esperanza. Su familia da testimonio que de la alegría que siempre irradió Oscar Humberto, quien dio con alegría y su alegría fue su premio.
Un hombre muy respetuoso, un valor que es fundamental. El respeto exige un trato amable y cortes; el respeto es la esencia de las relaciones humanas, de la vida en comunidad, del trabajo en equipo, de la vida conyugal, de cualquier relación interpersonal. El respeto crea un ambiente de seguridad y cordialidad; Evita las ofensas y las ironías; no deja que la violencia se convierta en el medio para imponer criterios. El respeto conoce la autonomía de cada ser humano y acepta complacido el derecho a ser diferente.
Un excelente amigo, hay quienes no suelen valorar la amistad, porque pocos la experimentan. La amistad no es algo innato, hay que conquistarla, ha de ser alcanzada y mantenida. Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro, la amistad es lealtad, en la adversidad y en la ventura. Ser hombre es ser amigo, quien no tiene amigos es ontológicamente pobre y terminará su vida irremediablemente solo.
Un gran Padre, su gran amor Manuelita, su hija. La figura paterna es fundamental, ya que proporciona seguridad y confianza en si mismo. Hoy el infantilismo y la inmadurez crónica de muchos de nuestros jóvenes es consecuencia de la ausencia paterna, si el hijo no aprende a ser hijo, le será muy difícil llegado el momento de ser Padre.
Un hombre de familia… El Señor lo premio al pertenecer a una familia ejemplar, su Padre Luis Alfonso un hombre ejemplar y luchador, pacoreño quien presto sus invaluables servicios al comité departamental de cafeteros, un enamorado de su familia, con una madre Evangelina Sanz Santacoloma, entregada en cuerpo y alma por su familia, el mayor de una familia de seis hijos: Gloria Stella, Luis Alfonso hijo, María Victoria, Jaime Enrique y Martha Adriana. La palabra nos dice en el libro del Eclesiástico: El que respeta a su padre alcanza el perdón de sus pecados, y el que honra a su madre reúne una gran riqueza. Hijo mío, honra a tu padre con obras y palabras, y así recibirás toda clase de bendiciones, como las que recibió y hoy sigue recibiendo Oscar Humberto.
Que el Señor le otorgue la paz eterna, con un nuevo puesto, registrador en la corte celestial y a su familia en consuelo y la certeza que un día resucitaremos con él.
Amen
Padre Pacho



