ES URENTE EL AUMENTO DEL PIE DE FUERZA ES UN CLAMOR DE LA COMUNIAD PARA VARIAS CIUDADES.

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/Foto alcaldía Bogo

* Urge aumentar el pie de fuerza a estándares ONU

El asalto ayer a mediodía a una joyería ubicada en Chapinero, en donde un transeúnte resultó herido luego de que los delincuentes salieran disparando indiscriminadamente, impactó no solo a la ciudadanía que se encontraba en esa populosa zona, sino que las imágenes del ilícito se tornaron virales rápidamente. La Policía Metropolitana de Bogotá activó de inmediato un plan candado para localizar y capturar a los criminales.

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Lamentablemente, este tipo de hechos eclipsa una labor esforzada y eficiente de los organismos de seguridad que en los últimos días han logrado la incautación de un gran volumen de licor adulterado y desmantelado varias bandas de ladrones de vehículos, al tiempo que asestaron duros golpes a redes de microtráfico, extorsión, sicariato, hurto y otros fenómenos delincuenciales. Sin embargo, pese a esas acciones positivas, la percepción de no pocos sectores ciudadanos es que el hampa sigue victimizando cada día a más capitalinos.

A nivel estadístico, a la administración distrital le ha ido bien en seguridad. Ayer el propio alcalde, Carlos Fernando Galán, dio cuenta de que en noviembre se registraron treinta homicidios menos que en igual lapso del año pasado, en tanto que en el último trimestre móvil la curva de homicidios se redujo en ochenta casos.

A su turno, el más reciente reporte de la Secretaría Distrital de Seguridad señalaba que entre enero y octubre de este año disminuyeron 6 de los 10 principales delitos de alto impacto: hurto de automotores (-24,5 %), hurto a comercio (-24 %), hurto motocicletas (-17 %), extorsión (-16,8 %), delitos sexuales (-9,8 %) y homicidios (-0,5 %). Por el contrario, aumentaron lesiones personales (11,5 %), robos a personas (3,9 %) y residencias (0,3 %), así como violencia intrafamiliar, sin duda el de mayor incidencia, con 16,7 % de alarmante incremento.

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Obviamente, estos datos tienden a ser relativizados por cada bogotano según su propia experiencia diaria. Si ha sido blanco de algún delito, tiende a poner en duda la veracidad de los partes oficiales o, en cambio, si percibe alguna mejoría en este flanco, valora más los reportes de las autoridades.

Al llegar diciembre y el consabido aumento del consumo de hogares y dinamismo comercial, los delincuentes también disparan su accionar. Es allí en donde hay dos hechos que merecen destacarse. El primero, que habrá un refuerzo temporal de más de 1.200 efectivos policiales para la ciudad. Y, en segundo término, que a mediados del mes se activarán alrededor de 700 uniformados que entrarán a engrosar de forma permanente el pie de fuerza en la capital del país.

Hemos insistido en estas páginas que una de las grandes limitantes en Bogotá es el reducido número de policías que hay en relación con una población de más de ocho millones de habitantes permanentes y no menos de un millón de personas en modalidad flotante, sobre todo entre migrantes venezolanos o provenientes de la ciudad-región.

En este aspecto, tiempo atrás se señalaba que, con corte a junio de este año, Bogotá estaba muy lejos de cumplir la media internacional de 300 policías por cada cien mil habitantes. De hecho, un concejal denunció que la urbe arrastraba un déficit superior al 32 % en la materia, porque si bien el personal policial era superior levemente a los 16 mil uniformados, faltaban no menos de 7.600 efectivos para adecuarse a las cifras marco de referencia de la ONU.

A este faltante de uniformados se deben sumar otros aspectos igualmente preocupantes, como el alto índice de reincidencia criminal, el creciente hacinamiento carcelario, una legislación penal proclive a la excarcelación de sindicados, así como los cortocircuitos continuos entre los gobiernos distrital y nacional en torno a la estrategia de seguridad y orden público, entre otros.

Visto todo lo anterior, queda claro que, si bien en la capital del país está disminuyendo la incidencia en varios de los principales delitos de alto impacto, en otros, especialmente relacionados a algunas modalidades de hurto, las cifras van en la dirección contraria. Además, algunas infracciones penales no tienen que ver con el flanco criminal como tal, sino con la intolerancia, como es el caso de la violencia intrafamiliar. No en vano semanas atrás se advirtió que en Bogotá cuatro de cada diez homicidios comienzan con una riña.

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Así las cosas, bienvenido el refuerzo policial permanente (a los 700 uniformados de ahora se sumarán 800 en mayo próximo) y temporal para la ciudad, pero es claro que todavía falta mucho camino por recorrer para reducir de forma más drástica y tangible el hampa y la victimización ciudadana.

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