El exilio y el retorno de una enfermera de los “paras ” en el Arenillo Palmira

      Comments Off on El exilio y el retorno de una enfermera de los “paras ” en el Arenillo Palmira
Ofelia arenillo

Ofelia cuenta que fue prácticamente obligada a hacer parte de las Autodefensas, quienes la usaron para cuidar a sus enfermos y que aunque muchas veces intentó abandonar ese rol, estaban de por medio sus hijos y su papá enfermo, por lo que sintió miedo.

“¿Que si tuve miedo por mi vida? ¡Claro que sí, muchísimas veces! Entrar a colaborar a una organización así le da miedo a uno, porque entré presionada, porque era mi vida la que corría peligro y si no colaboraba pues me tenía que ir de la zona y en ese entonces tenía a mis niños muy pequeños. Tocó tomar una decisión dura, pero era mejor colaborar, para no perder la vida”.

Durante dos años, Ofelia suturó, cosió y levantó del piso a alrededor de 400 paramilitares, en la vereda El Arenillo, corregimiento de Ayacucho, en Palmira, una población donde el Bloque Calima y el Sexto Frente de las Farc, libraron una cruenta disputa por ese privilegiado paso hacia el Tolima y por la mirada estratégica al Valle.

“Ya estando dentro de la organización también sentí miedo muchas veces, viendo tantas injusticias, porque uno sabía que estaba de la mano de Dios y nada más. Los seres humanos cometen muchos errores y era una incertidumbre pensar que en cualquier momento pudieran tomar la decisión de deshacerse de uno”.

Lea también: Arenillo, la comunidad del Valle que hoy es ejemplo de reparación colectiva en Colombia

Más allá de esa dura experiencia, Ofelia es uno de los casos exitosos de desmovilización y reintegración a la vida civil. Y su testimonio, que comparte para hacer parte de la memoria del Valle del Cauca, relata lo que a muchos ocurrió, cuando a sus poblaciones arribó el conflicto sin preguntar, sin tocar la puerta:

“Siempre viví en esta zona. En el año 1999 yo era la representante de Asoca, la Asociación Campesina y por esa época había trabajado en una fundación como enfermera, porque estudié para ello, pero no para terminar haciéndolo así.

Ese fue el año en que llegaron los paramilitares a la zona, y como siempre llegaban buscando a los líderes… En el 2002 me vinculo con ellos, porque tenían unos heridos y fueron a mi casa para que les colaborara. Y prácticamente, lo digo en estos momentos, ya pasado tanto tiempo, que yo también fui víctima de ellos, porque prácticamente me tocó.

Yo era madre cabeza de familia, tenía a mis tres niños pequeños, vivía con mi padre que era un anciano y me tocaba hacerlo a la fuerza. A partir de ese momento yo me convertí en su enfermera, no porque haya querido, sino porque la orden era que si no les colaboraba me tenía que ir de la zona y pues yo estaba desempleada, separada…

Mi trabajo, por los años que estuve con ellos, fue acá, en la zona. Ellos me llevaban a mi casa los heridos, los enfermos.

De esa etapa recuerdo sobre todo cuando hubo los combates y me traían mucha gente con leishmaniasis, gente del Chocó, de otras partes.

Y también llegaban con problemas que les producía su ritmo de vida: por ejemplo, no comer a horas, gastritis, cosas que en el monte no podían atender.

Llegué a tratar a más de 400 personas con leishmaniasis y llevarlas a un centro especializado en Cali. Trabajé dos años con ellos. No devengaba salario porque no era de la nómina, me daban bonificaciones. 

Nunca tuve que atender a alguno que falleciera, por fortuna. Me di cuenta ya luego, cuando pasó la desmovilización, que a muchos los habían matado, que algunos estaban muertos porque se metieron a otras bandas y que otros se hicieron soldados profesionales.

En muchas ocasiones tuve el pensamiento de irme, pero el temor era grande porque no podía quedar uno por ahí como rueda suelta.

En el año 2004, cuando ya entra el proceso de desmovilización, me convierto para ellos en la mano derecha, porque soy la mediadora entre el grupo y el gobierno, para la desmovilización del Bloque Calima.

Y pues como pasaron tantas cosas acá, los laboratorios, todo. Yo era una persona que tenía mucho conocimiento de las cosas, entonces me sugirieron que me fuera del país, por mi seguridad. Pero mi padre era un anciano que cuidaba una finca y no quiso irse.

Entonces por pesar en no dejarlo solo no me fui. De esta manera acepté la desmovilización y la inicié, porque no me podía quedar como una rueda suelta, sino no estuviera aquí contando el cuento.

La desmovilización sí la aproveché. Terminé de estudiar, me capacité con el Sena, con la Universidad Católica, hice un diplomado y ya en este momento llevo 20 años en el trabajo social.

También hice mi diplomado de la Policía. Fui beneficiaria del proyecto, que en su época sacó el gobierno para víctimas y victimarios en Buga.

Tengo mi pequeño predio allá, junto con 120 familias, un proyecto en el cual entramos 50 desmovilizados: 25 del Bloque Calima y 25 del Bloque Libertadores del Chocó.

El 28 de diciembre de este 2018 culminaremos los 12 años, que era lo acordado con el Estado para que pudiéramos explotar este predio.

Estoy liderando un proyecto de vivienda para víctimas del conflicto de todo el corregimiento donde vivo, madres cabeza de familia y campesinos.
Una vida nueva.

En el 2005 me tuve que ir de la zona porque en esa época me convertí en objetivo militar del Sexto Frente de las Farc.

Lo hice por mi seguridad y la de mis hijos. Regreso en el 2010 y como estoy vinculada a la Agencia Nacional de la Reintegración, ACR, le propongo a la comunidad que hagamos unas capacitaciones a través del Sena con el programa de jóvenes rurales y emprendedores, porque quería volver a conectarme con la comunidad. Como acá todo el mundo me conoce, la gente me aceptó y la propuesta que yo les traía era para ellos viable.

Acá creamos dos unidades productivas de ese programa como población vulnerable: se creó una de cerdos y otra de truchas. En este momento hay 14 trucheros y han avanzado sus negocios, sus empresas han crecido y les han dado apoyo.

También participé en la construcción de la capilla Nuestra Señora del Carmen y es cuando le digo a la comunidad que nos permitan a unos desmovilizados hacer las 80 horas de trabajo social para cumplir así con uno de los acuerdos de la Ley 1424. Así pusimos nuestro granito de arena, las seis personas que participamos de ese proceso en el 2013.

Entonces estaba la cooperación internacional con 17 países. Para mí fue una gran oportunidad poder apoyar a esta comunidad tan victimizada por la presencia del grupo armado. En mis manos no estuvo hacer daño acá, pero sí en el grupo. Aportar es muy satisfactorio. Uno ver que El Arenillo es muy nombrado a nivel nacional, porque el Estado fijó sus ojos en esta tierra, es muy emocionante.

La fuente de su fuerza

Yo soy una persona muy espiritual. Cuando me desmovilizo y me tengo que ir de la zona, paso muchas dificultades con mis hijos, entonces eso me ayudó a que me prendiera más de la mano de Dios. Todos los días le doy gracias, él es mi fortaleza. Porque es que uno de pronto ser señalado por todo el mundo de la noche a la mañana es una experiencia muy dura.

No es fácil volver a dar la cara, porque hay quienes no lo ven con buenos ojos, pero bueno yo creo que cuando uno está con Dios en su corazón, Dios siempre es el escudo para uno, para decir que así como se hizo tanto daño también se puede hacer el bien.

En el Arenillo éramos 8 o 10 que vivíamos en la zona y pudimos volver a ella. Pero la cabeza más visible era yo. De esa época, con la presencia de las autodefensas, nacieron muchos niños porque se hacían fiestas y ellos (los paramilitares) supuestamente eran la autoridad de la zona. Algunas se enamoraron y de esas relaciones quedaron muchos niños que ahora están creciendo sin padres, porque los hombres murieron o huyeron. Son los niños huérfanos, frutos de la guerra. Solo 3 o 4 quedaron en un hogar.

Del antes, uno queda marcado de por vida, porque son situaciones y días difíciles dentro de los cuales en tu vida cotidiana no tienes en tu plan esas cosas, como cuando llegó la presencia de ellos a la zona, cuando me contactaron… todas esas cosas quedan marcadas en la vida.

Del después, de pasada toda esa tormenta, mis días especiales son muchísimos, porque vuelvo a la familia, a la comunidad, tener libertad de tomar decisiones son momentos que diariamente agradezco.

También aprovechando los momentos y las oportunidades que nos dio Reintegración. Hay un cambio, en estos momentos mi vida es otra, económicamente me fue muy bien, gracias a Dios. Me preparé, fue un crecimiento personal para mi bien.

Crecer con mis hijos, formarlos y ver que son hijos agradecidos son momentos que a diario hay que agradecerle al Creador.

Pienso en esa época, porque claro, es difícil de olvidar. Desplazarse, estar escondidos, les afectó mucho a mis hijos.

Redacción El Pais