

Por:Luis García Quiroga2023-01-301580


Nunca es tarde para reconocer que el profesor Maturana, desde su proverbial sensibilidad, acierto cuando dijo que “perder es ganar un poco”.
Y habría que contrastar su famoso aforismo con la derrota del Deportivo Pereira anoche en el estadio Hernán Ramírez Villegas frente a Millonarios, que en los últimos años casi siempre gana y gana cuando inicia, pero al final sufre y sufre perdiendo los campeonatos.
De alguna manera, así también es la política cuando en un proceso como el que estamos viviendo de aspirantes a ser los próximos alcaldes y gobernadores, todos saltan a la palestra electoral con ánimo vencedor, se sienten ganadores y algunos ni siquiera reconocen que no irán hasta el final, que están ahí para probar suerte, o para hacerle un favor a otro candidato, o para iniciar una carrera política de mediano o largo aliento.
En el fútbol sucede algo similar con algunos equipos que lo único que desean sus dirigentes y sus hinchas, es no descender de la categoría A a los infiernos de la B, caso que por varios años fue una maldición que debió vivir nuestro Deportivo Pereira.
El Grande Matecaña tiene este año el reto de comportarse como el campeón vigente del fútbol colombiano, un título que en los últimos años se ha convertido en un hechizo irónico, cuyo maleficio ha recaído sobre grandes clubes como el Deportivo Cali y Atlético Nacional, que luego de ser campeones, no dan palo con bola.
En mi opinión de diletante observador del fútbol que jugué, fuimos campeones, comenté en mis inicios periodísticos por allá en 1973 en Cartago e incluso hice el curso de entrenador con el fallecido Edgar Mallarino, debo decir que lo que más confianza me da es la presencia del entrenador Alejandro Restrepo.
Tengo la certeza de que Restrepo no solo sabe de fútbol, sino que además, tiene muñeca para manejar jugadores. Y eso es clave en cualquier equipo deportivo, de negocios o de campañas políticas, por ejemplo y para no alejarnos del título de esta columna.
Es la misma certeza mística que con seguridad tiene la afición que sigue al Deportivo Pereira desde las tribunas del estadio o pegados como arañas a las pantallas de televisión.
A manera de analogía, lo mismo ocurre con las casi dos docenas de aspirantes a la Alcaldía de Pereira, que sueñan con ganar las próximas elecciones para conducir los destinos de nuestra amada ciudad, hoy en la encrucijada de una coyuntura política y social como pocas en las últimas décadas de nuestra historia.
Cada equipo político recluta a sus mejores hombres y mujeres. Los entrena. Les asigna responsabilidades. Les pone o impone metas y de ellos y ellas espera los mejores resultados. Y, aun así, solo habrá un ganador.
Y como si fueran pocas las incertidumbres del fútbol y la política, no por tener el mejor equipo, por tener más dinero, por ganar el primer partido o haber arrancado en punta, a ninguno le da el derecho de cantar victoria sin antes haber hecho el esfuerzo disciplinado, concatenado y ordenado que las circunstancias exigen, porque en el fútbol como en la política, cada día trae su afán y lo único cierto es lo que ya pasó.


