

Por: Luis Alberto Figueroa, Comunicador Social Periodista. Tarjeta Profesional 0222 expedida por el Ministerio de Educación Nacional
La captura de Nicolás Maduro en Venezuela ha generado una profunda fractura política en América Latina, evidenciando dos posturas irreconciliables entre los gobiernos de la región. Estados Unidos, ejerciendo su rol de potencia hegemónica americana, orquestó la operación que resultó en la detención del mandatario venezolano, desatando una ola de reacciones contradictorias que expone las tensiones ideológicas y geopolíticas que atraviesan el continente. El acontecimiento, ocurrido recientemente, no representa un hecho aislado de Venezuela, sino que tiene repercusiones significativas que impactan toda la región latinoamericana.
El gobierno argentino, encabezado por Javier Milei, se posicionó como uno de los principales defensores de la intervención estadounidense. Milei celebró públicamente la acción afirmando que «la libertad avanza», expresión que se ha convertido en su lema político, y respaldó explícitamente la operación de Estados Unidos. Esta posición fue acompañada por El Salvador, Paraguay y Panamá, que también emitieron comunicados de apoyo, consolidando un bloque de países que respaldan la intervención unilateral estadounidense en asuntos internos venezolanos.
Sin embargo, esta postura no es mayoritaria en la región. Brasil, Chile, México, Uruguay y España —potencias regionales y europeas de considerable influencia— emitieron comunicados conjuntos condenando categóricamente la operación. Estos países argumentan que la acción viola principios fundamentales del derecho internacional, particularmente la soberanía nacional y la no intervención en asuntos internos de otros Estados. La posición de estas naciones refleja una visión más cautelosa respecto al papel de Estados Unidos como «policía de América».
La división evidencia un quiebre ideológico profundo en el continente. Por un lado, gobiernos de orientación derechista y liberal abrazan la narrativa de defensa de la libertad y la democracia como justificación para respaldar acciones estadounidenses. Por el otro, gobiernos progresistas y de centro advierten sobre los peligros de permitir intervenciones externas que erosionan la autonomía política de los Estados latinoamericanos. Esta polarización refleja debates más amplios sobre soberanía, imperialismo y el futuro del orden internacional.
Las consecuencias geopolíticas de esta crisis trascienden Venezuela. La fractura regional podría debilitar mecanismos de integración latinoamericana y fortalecer la dependencia de algunos países respecto a Washington. Simultáneamente, el respaldo de potencias como Brasil y España a la posición de no intervención sugiere un creciente cuestionamiento al liderazgo unilateral estadounidense en asuntos hemisféricos, abriendo espacios para actores alternativos en la política internacional americana.
English Version
Venezuela Crisis Divides Latin America After Nicolas Maduro’s Capture
By: Luis Alberto Figueroa, Social Communicator Journalist. Professional Card 0222 issued by the National Ministry of Education
The arrest of Nicolás Maduro in Venezuela has created a profound political fracture across Latin America, revealing two irreconcilable positions among regional governments. The United States, exercising its role as the American hegemonic power, orchestrated the operation that resulted in the Venezuelan leader’s detention, triggering contradictory reactions that expose the ideological and geopolitical tensions coursing through the continent. The recent event does not represent an isolated Venezuelan matter, but rather carries significant repercussions affecting the entire Latin American region.
The Argentine government, led by Javier Milei, positioned itself as one of the principal defenders of the U.S. intervention. Milei publicly celebrated the action, declaring that «freedom advances»—an expression that has become his political motto—and explicitly backed the American operation. This stance was accompanied by El Salvador, Paraguay, and Panama, which also issued supportive statements, consolidating a bloc of nations endorsing unilateral American intervention in Venezuelan internal affairs.
However, this position is not majority across the region. Brazil, Chile, Mexico, Uruguay, and Spain—regional and European powers of considerable influence—issued joint statements categorically condemning the operation. These countries argue that the action violates fundamental principles of international law, particularly national sovereignty and non-interference in other states’ internal matters. Their position reflects a more cautious view regarding the United States’ role as the «police of America.»
The division reveals a profound ideological rift on the continent. On one side, right-wing and liberal governments embrace the narrative of defending freedom and democracy as justification for supporting US actions. On the other, progressive and centrist governments warn of the dangers of allowing external interventions that erode the political autonomy of Latin American states. This polarization reflects broader debates about sovereignty, imperialism, and the future of the international order.
The geopolitical consequences of this crisis extend beyond Venezuela. The regional fracture could weaken Latin American integration mechanisms and strengthen the dependence of some countries on Washington. Simultaneously, the support of powers like Brazil and Spain for the non-interventionist position suggests a growing challenge to unilateral US leadership in hemispheric affairs, opening up space for alternative actors in American foreign policy.

