Columna del Dr. Gustavo Pèrez González

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    LA LEY 143 DEL 93 SOBRE SERVICIOS PÚBLICOS DOMICILIARIOS
    PRINCIPAL ENEMIGO DE LA COMUNIDAD
    Como el más nocivo y demoledor ordenamiento normativo aprobado en contra del
    pueblo colombiano, es sin duda alguna la ley de los servicios públicos
    domiciliarios vigente, de cuyo alcance y efectos jurídicos, tenemos más que
    lamentar dado al inmenso daño causado desde su puesta en vigencia en 1993,
    que sus pocas bondades a exaltar.
    Socializada con bombos y platillos para la época, como la más grande innovación
    permitida por la constitución del 91, con el transcurso del tiempo ha quedado
    comprobado su demoledor efecto dañino y perturbador, a la hora de construir la
    estructura social correcta de nuestros pueblos; lo cierto del asunto es que gracias
    a la citada ley, la obligación sagrada de preservarle a los servicios públicos la
    condición inamovible de instrumentos alimentarios de todo proceso vivo y activo,
    se desvaneció como por arte de magia y claro: las despojamos de dicha condición
    y las elevamos a la categoría de fuentes directas generadoras de riqueza y alta
    rentabilidad, olvidando que los instrumentos alimentarios son necesariamente el
    combustible que moviliza a las verdaderas fuentes directas productivas,
    colapsándolo todo.
    Es simple: le entregamos al capital privado la facultad de explotarlos y
    garantizarlos en permanencia, eficacia y calidad, y las convertimos en el más
    voraz negocio que existe para enriquecer a sus dueños, llenándole los bolsillos a
    unos pocos a costillas de cargarse por completo el bienestar social. Pereira no fue
    la excepción, todos conocimos a la que fue la más sagrada joya de la corona para
    los pereiranos, la EEPP empresa de servicios públicos de Pereira, todo un
    emporio productivo, rentable sólidamente, integrado por la Telefónica de Pereira,
    la Energía, Acueducto y Alcantarillado.
    Alumbrado Público y demás con total
    capacidad autónoma económica administrativa y financiera; no le debía un peso a
    nadie y los millonarios recursos percibidos cada año iban a los fondos
    municipales, para revertir en acción social.
    Nadie se explica cómo en tan poco tiempo, esta clase política que hoy está en
    campaña para la Gobernación y Alcaldías, las desapareció como por arte de
    magia y nadie responde por semejante detrimento causado a la ciudad; ¿cómo
    negar? que hicimos de las antiguas EEPP, seis empresas independientes y
    autónomas: telefónica, energía, alumbrado público, aguas y aguas, multiservicios,
    aseo y una más liquidadora, las rodeamos de costosas nóminas y contratación
    paralela, las llenamos de onerosos contratos, las endeudamos hasta hacerlas
    inviables, las convertimos en caja menor de las campañas políticas de los
    gobernantes de turno, corrompimos todo fin noble.
    Las vendimos al capital
    particular, sobrefacturamos los costos hasta hacerlos impagables, arruinamos todo
    equilibrio fáctico productivo, acabamos con todo margen de utilidad posible,
    hicimos de todo proyecto vivo y activo inviable, acabamos con las empresas
    existentes, hicimos abandonar la ciudad y la región a más de 450 industrias,
  • perdimos toda vocación industrial y nos cargamos por completo el bienestar social,
    al punto de tener hoy más de 35000 usuarios con los servicios cortados.
    Es claro que implantamos el desempleo masivo creciente, condenamos al grueso
    social a carecer de ingresos permanentes, de capacidad de consumo y de tributar,
    renunciamos a toda generación de riqueza colectiva y pública e implantamos unos
    niveles de pobreza generalizados insostenibles, pues le entregamos todos
    nuestros campos de desempeño y acción a las grandes plataformas comerciales
    que generan empleos temporales, subcontratados con el mínimo y de pésima
    calidad, obtienen descomunales utilidades año, que sacan de circulación con
    destino al origen del capital, revirtiendo muy poco en acción social.
    Es decir: vendimos todo lo que nos generaba ingresos, nos gastamos los dineros
    obtenidos con la venta en cemento, lujo y esplendor, triplicamos los costos de
    mantenimiento porque el lujo cuesta y nos dedicamos a presumir de ser una
    ciudad rica, sin trabajar y sin tener nada.
    Es evidente que llevamos el rumbo equivocado y que votando por los mismos no
    lo vamos a recuperar.
    Dr. Gustavo Pérez González