“El Día Internacional del implante coclear se celebra el 25 de febrero en conmemoración a la fecha en que se realizó el primer procedimiento con este dispositivo. Fue en 1957 hecho por los doctores franceses Djourno y Eyrès.
El implante consta de partes internas colocadas quirúrgicamente y partes externas. Las partes externas son un micrófono, un procesador del habla y una bobina, que se conecta mediante imán al receptor- estimulador que se encuentra debajo del cuero cabelludo (implantado quirúrgicamente) y este, a su vez, conecta y transmite a la guía de electrodos colocados por cirugía, dentro de la cóclea (parte del oído interno), estos electrodos producen la descarga de energía que estimula las neuronas auditivas.
POST IMPLANTACIÓN: recién al mes de la cirugía, el implante se enciende por primera vez y se calibra. A partir de ese momento comenzará el largo camino de la habilitación auditiva donde el paciente deberá aprender a oír y hablar.”
SONRÍA, SONRÍA, SONRÍA… CON AMOR Y ALEGRÍA, ESCUCHANDO LA VOZ DE DIOS DE NOCHE Y DE DÍA. RUBÉN DARÍO FRANCO NARVÁEZ.
“Algunos oyen con las orejas, algunos con el estómago, algunos con el bolsillo y algunos no oyen en absoluto.” -Khalil Gibran, poeta libanés.

AQUÍ ESTÁ MI CUENTO DE HOY, JUEVES 25 DE FEBRERO 2021.
“NO HAY PEOR SORDO QUE EL QUE NO QUIERE OÍR”
Durante todo el día una voz retumbaba en mi cabeza: No vayas a la fiesta de las loquillas (25 de febrero 2021) porque allí está la muerte disfrazada de virus con corona. Había aportado el whisky, pasabocas y el equipo de sonido cuadrafónico. Me acicalé cuidadosamente, me puse mi mejor traje y me rocié el cuerpo con Dior Sauvage. Apagué luces y salí parsimoniosamente de la casa. Al cerrar la puerta noté una iluminación profusa en el interior; de inmediato, abrí la puerta y apagué (por segunda vez) las luces. A mayor velocidad cerré –nuevamente- la puerta y… me puse nervioso cuando –con mayor intensidad- se iluminó toda la casa. Entonces… abrí la puerta y –sin pensarlo dos veces- bajé las cuchillas en el cuadro eléctrico (automáticamente quedó sin luz la casa). Ya el tiempo me estaba ganando la carrera y había recibido varias llamadas, recordándome que me estaban esperando. Salí bruscamente y al salir tropecé con una piedra, caí y me rompí la cabeza. Me levanté inmediatamente y mi susto fue mayor: porque –nuevamente- la casa estaba totalmente iluminada. Abrí la puerta, ingresé rápidamente, me lavé la cabeza, me coloqué una venda sobre la herida, y retumbó interiormente la orden “No vayas a la fiesta de las loquillas”. Ante tanta insistencia… me resigné y desistí. Después de meditar un buen rato y orar, escuché una dulce voz interior: “Soy tu ÁNGEL DE LA GUARDA” y haz logrado escapar de las garras de la muerte. RUBÉN DARÍO FRANCO NARVÁEZ.



