MIGRACIÓN INVERSA, OTRO DRAMA HUMANITARIO.

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Sábado, 30 de Agosto de 2025

Si el desplazamiento irregular de centenares de miles de hombres, mujeres y niños por la selva del Darién, con miras a traspasar la frontera entre Colombia y Panamá, se convirtió en uno de los más graves dramas humanitarios del continente en los últimos años, el fenómeno que ahora prima en la zona, es decir el de la migración inversa, no es menos trágico.

Las conclusiones de un informe al respecto, realizado por la Defensoría de los Habitantes de Costa Rica, así como por las defensorías del Pueblo de Panamá y Colombia, con el acompañamiento de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, son muy preocupantes.

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Tras un monitoreo realizado entre el 21 de julio y el 1 de agosto de este año en puntos fronterizos y rutas críticas de los tres países, se constató que las restricciones de tránsito en la selva del Darién, junto con el endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos, provocaron que entre enero y agosto de 2025 se diera una reducción del 97% en el paso irregular hacia el norte. No es un hecho menor, sobre todo si se tiene en cuenta que en el mismo lapso del año pasado habían cruzado por la zona más de 260.000 personas con rumbo a Centroamérica y destino a la frontera sur de Estados Unidos.

Hoy ya es ínfima la cantidad de migrantes irregulares que buscan hacer el recorrido hacia el norte, sobre todo por las drásticas políticas de la Administración Trump, en tanto que hay un flujo poblacional muy alto que se está devolviendo, en su mayoría venezolanos. El citado informe señala que en lo corrido del año más de 14.000 personas retornaron desde México y Estados Unidos e ingresaron a Colombia. Pero hay otras rutas aéreas y marítimas que se están multiplicando, la mayoría ilegales.

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Lastimosamente, los peligros continúan acechando a los ‘migrantes inversos’, que son blanco de explotación, hurtos, violencia física y sexual. Las mafias de trata de personas siguen lucrándose con el drama de estos millares de desarraigados.

Es imperativo que se cumplan los compromisos asumidos por Estados Unidos, los gobiernos centroamericanos y suramericanos al comienzo del año. Se prometió financiación humanitaria, vuelos gratuitos para retornar a los migrantes a sus naciones de origen, acompañamiento en las rutas terrestres, asesoría legal, apoyo en alimentación, caravanas de seguridad… Lamentablemente, con el correr de los meses se registra una disminución de los recursos para esta causa y ello ha llevado a que el drama de los trashumantes resurja con preocupante intensidad.

La OEA, así como la ONU y otras dependencias continentales y mundiales, están en mora de tomar cartas en el asunto. El Gobierno colombiano debe liderar este proceso de concientización internacional, ya que nuestro país no solo es de mayor tránsito de migrantes ilegales, sino que muchos de los retornados están quedándose en territorio nacional, lo que tiene muchas implicaciones en materia económica, social y de seguridad.