Columna del abogado, Periodista y escritor,Luis Garcia Quiroga

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Estas elecciones presidenciales, mucho más que todas las anteriores que he visto desde niño conectadole entusiasmo político de mi padre, me traen la remembranza del miedo con que desde siempre, los políticos quieren ganar elecciones.

Basta tener memoria para contar historias del miedo como sustancia tóxica electoral. Así de patética es la política. Quizás por eso Gaitán decía que había un país nacional y un país político.

Enseñó Siddhartha Gautama que hay tres cosas que le impiden al ser humano alcanzar los ideales de ser feliz y libre al mismo tiempo: los apegos, las creencias y los miedos. Es esa una filosofía articulada con los días –que como decía Aurelio Arturo- uno tras otro, son la vida.

El miedo nació con la política pero se aprende a dominarlo, tal como ocurrió el domingo en Pereira y Dosquebradas en donde Fajardo fue el antídoto del miedo sembrado en las redes sociales hasta la jartera y el aburrimiento. El triunfo de Fajardo en tierra Uribista es señal de algo. En mi chat les advertí a mis amigos mete-miedos, que serían el bumerang de sus propias pasiones políticas. Pero no aprenden.

Mi memoria política más remota es la elección presidencial que ganó Guillermo León Valencia en 1962. Tenía yo 10 años de edad y fue su contendor Alfonso López Michelsen, el primer político notable que conocí. Mi padre fue militante del MRL movimiento rebelde de López contra el Frente Nacional. López metió miedo sacando el trapo rojo, pero la aplanadora lo aplastó.

Lo simpático del miedo político es que con el paso del tiempo los contrarios, se juntan. El miedo es emocional y genera hilaridad, porque el miedo que se siente en la turbulencia de un avión, tras un feliz aterrizaje, al ser contado, produce risa. Así como López,  que fue “enemigo” de Lleras pero terminó siendo su ministro. O como Uribe y Pastrana. O como Petro, que votó por Ordóñez en el Congreso.

En Pereira recordemos la elección de César Castillo a la alcaldía. Su rival Luis Enrique Arango se derrumbó cuando se hizo vox pópuli que para cumplir su promesa de poner antenas parabólicas en los barrios, iba a feriar las Empresas Públicas. Puro y exitoso miedo.

Por algunas razones, el 27 de mayo el miedo no asustó a 10 millones de ciudadanos que no comieron cuento y votando por Fajardo y Petro pusieron al país en el punto más vigoroso de opinión democrática del país.

Duque tiene la meta a la vista, pero como en la hípica, falta la tierra derecha tapizada de miedos de ambos lados.
No se han dado cuenta que como se vio el domingo, hay un mercado de opinión racional y fresco, resuelto a ser libre y feliz al mismo tiempo, votando por el que le dé la gana, sin sentir miedo.