CNDIDTURAS POR FIRMAS.

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Candidaturas por firmas

* Urge una reglamentación realista y funcional
* Lecciones de últimas campañas presidenciales

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URNAS

/Foto Registraduría

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Lunes, 26 de Mayo de 2025

Pese a que en Colombia hay actualmente 32 partidos con personería jurídica vigente, desde ya se puede vislumbrar que para los comicios parlamentarios y presidenciales del próximo año habrá un alud de candidatos apoyados por grupos significativos de ciudadanos y movimientos sociales. Es decir, que estarán respaldados en firmas de la ciudadanía.

Ya desde marzo pasado comenzó el periodo para el registro de los comités inscriptores de este tipo de aspiraciones para el Congreso y este sábado arrancará el mismo proceso para quienes buscan llegar a la Casa de Nariño en 2026.

No es un tema menor, ya que los candidatos por firmas han venido aumentando. Para el caso de la Presidencia, por ejemplo, baste con señalar que en 2022 se inscribieron alrededor de treinta comités, pero, al final, solo seis aspirantes presentaron las 580.000 firmas requeridas: Luis Pérez Gutiérrez, Alejandro Gaviria, Federico Gutiérrez, Rodolfo Hernández, Alejandro Char y Juan Carlos Echeverry. Cuatro años antes, en 2018, aunque hubo casi medio centenar de comités inscritos, a solo ocho de los candidatos por esta vía les fueron certificadas los más de 386.000 respaldos ciudadanos necesarios para la postulación: Germán Vargas, Carlos Caicedo, Alejandro Ordóñez, Sergio Fajardo, Juan Carlos Pinzón, Gustavo Petro, Martha Lucía Ramírez y Piedad Córdoba.

Como se ve, se trata de dirigentes con mucho peso político y varios de ellos con raíces en colectividades establecidas. De cara al 2026, en los casi treinta nombres de posibles precandidatos o candidatos se considera que, por lo menos, diez aspirantes apostarán por recoger firmas para sustentar sus postulaciones.

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Frente a esta circunstancia política ya se han empezado a plantear algunas alertas tempranas. La principal, sin duda alguna, que la vigilancia de esta clase de procesos de recolección de firmas es muy débil en el día a día de la campaña.

En las últimas dos contiendas por la Casa de Nariño se advirtió que los mecanismos para controlar las fuentes de financiación de la logística de este ejercicio de búsqueda de respaldos ciudadanos son muy endebles. En la campaña que arranca esto vuelve a ser un asunto de fondo pues algunos expertos consideran que para estar seguros de que se alcanzará el mínimo de firmas un candidato debería presentar, antes del 17 de diciembre de este año, no menos de 1,5 o hasta dos millones de rúbricas, ya que en el proceso de verificación de la Registraduría hay un porcentaje alto de inadmitidas. Conseguir ese monto de apoyos demanda una inversión económica sustancial pues la recolección no se puede concentrar en una sola zona del país.

Para algunos analistas entre los problemas más reiterados se encuentran aspectos como el que no exista un tope de gastos ni tampoco un reglamento más estricto en torno a cuáles fuentes de financiación no deben ser permitidas. Desde algunos partidos con personería vigente también se escuchan quejas sobre la ausencia de instancias exigentes de rendición de cuentas ante la organización electoral y los entes de control, o de espacios eficaces para ejercer la veeduría ciudadana.

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Otro de los peros que continuamente se escucha tiene relación con que los aspirantes por firmas tienen más tiempo y posibilidad para hacer proselitismo y posicionarse ante la opinión pública, lo que genera una desventaja frente a los candidatos avalados por colectividades establecidas. Tampoco se puede desconocer que algunos dirigentes han utilizado el mecanismo de las firmas solo para ambientar postulaciones al Congreso.

Y, finalmente, también está el eterno debate en torno a que la figura de los candidatos por firmas, creada para incluir a nuevas expresiones políticas, terminó siendo utilizada para que los candidatos con orígenes partidistas reconocidos puedan ampliar el espectro de apoyos externos y avanzar en la construcción de coaliciones multipartidistas, sin las cuales hoy resulta prácticamente imposible competir con chance real por llegar a la primera magistratura.

Ahora bien, en modo alguno se puede satanizar o descalificar la figura de los candidatos por firmas. Por el contrario, es una opción útil que da la democracia colombiana y que, sin duda alguna, ha permitido ampliar la participación ciudadana en las citas a las urnas, al tiempo que viabiliza el surgimiento de liderazgos, fortalece otros ya existentes y nutre la dinámica de la sana contradicción de visiones sobre las realidades del país, su cúmulo de problemáticas y las propuestas para enfrentarlas.

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Lo que se requiere es una reglamentación más clara y efectiva. Sobre todo porque no es un debate nuevo. Por el contrario, en las últimas tres campañas se ha urgido una reglamentación más funcional, pero no ha sido posible. Lamentablemente, de cara al 2026, parece que el tiempo ya no alcanz