El asesinato del artista colombiano Bayron Sánchez, conocido como B-King, y su compatriota Jorge Herrera, alias DJ Regio Clown, ocurrido el 14 de septiembre en el Estado de México, ha encendido las alarmas sobre el alcance de estructuras criminales en zonas exclusivas de Ciudad de México. Ambos fueron vistos por última vez al salir de un gimnasio en Polanco, donde abordaron voluntariamente una camioneta que los condujo a su destino final. Las autoridades sospechan que fueron engañados para subir al vehículo.
El caso ha generado conmoción en Colombia y México, no solo por el perfil público de las víctimas, sino por la forma en que se ejecutó el crimen. Polanco, conocido por su seguridad y lujo, se ha convertido en escenario de una desaparición que apunta a una operación meticulosamente planeada. La presencia de un mensaje junto a los cuerpos refuerza la hipótesis de que detrás del doble homicidio hay una red criminal con alto nivel de organización.
Las investigaciones apuntan a que el crimen se cometió en el Estado de México, lo que implica que la jurisdicción recae en autoridades distintas a las de la capital. Este detalle ha ralentizado el proceso judicial y ha generado preocupación entre los familiares, quienes esperan la repatriación de los cuerpos. El consulado colombiano ha confirmado que los trámites avanzan, aunque aún no hay fecha definida para el retorno de los restos.
En lo que va del año, se han registrado al menos 38 asesinatos de ciudadanos colombianos en territorio mexicano, lo que evidencia un patrón preocupante. La violencia contra extranjeros, especialmente en contextos vinculados al entretenimiento o la vida nocturna, parece estar en aumento. Expertos advierten que los grupos delictivos están diversificando sus métodos de captación y ejecución, aprovechando la confianza de sus víctimas.
Este caso ha puesto en evidencia la necesidad de reforzar la cooperación entre autoridades mexicanas y colombianas, así como de revisar los protocolos de seguridad para ciudadanos extranjeros en zonas urbanas de alto perfil. La muerte de B-King y DJ Regio Clown no solo deja un vacío en la escena musical, sino que también plantea interrogantes sobre la vulnerabilidad de artistas latinos en el extranjero.
B-King’s murder in Mexico exposes complex criminal network
The murder of Colombian artist Bayron Sánchez, known as B-King, and fellow musician Jorge Herrera, aka DJ Regio Clown, on September 14 in the State of Mexico has raised concerns about the reach of organized crime in upscale areas of Mexico City. Both were last seen leaving a gym in Polanco, where they voluntarily entered a vehicle that led them to their tragic fate. Authorities suspect they were deceived into boarding.
The case has shocked both Colombia and Mexico, not only due to the public profile of the victims but also because of the calculated nature of the crime. Polanco, known for its luxury and security, became the backdrop for a disappearance that suggests a highly coordinated operation. A message found next to the bodies reinforces the theory that a sophisticated criminal group was behind the double homicide.
Investigations indicate the crime occurred in the State of Mexico, placing it under a different jurisdiction than Mexico City. This has slowed the legal process and caused distress among the victims’ families, who await the repatriation of the bodies. The Colombian consulate confirmed that procedures are underway, though no date has been set for their return.
So far this year, at least 38 Colombian nationals have been murdered in Mexico, highlighting a troubling trend. Violence against foreigners, particularly those involved in entertainment or nightlife, appears to be rising. Experts warn that criminal groups are evolving their tactics, exploiting victims’ trust to carry out their plans.
This case underscores the urgent need for stronger collaboration between Mexican and Colombian authorities and a review of safety protocols for foreign nationals in high-profile urban areas. The deaths of B-King and DJ Regio Clown not only leave a void in Latin music but also raise serious questions about the risks faced by artists abroad.

