

Desde la década de los setenta, se viene formando una ola cultural/filosófica/religiosa, basada en una serie de tradiciones esotéricas antiguas, que suelen creer en una forma holística de divinidad que impregna todo el universo, incluidos a los propios seres humanos; este movimiento coloca un énfasis en la autoridad espiritual del yo. Corriente que, acompaña la creencia de entidades semidivinas, llamados ángeles y maestros, con quienes es posible la comunicación a través de la forma de canalización.
Aunque la humanidad ha tenido grandes avances tecnológicos y una gran sabiduría, ha entrado en un periodo de degeneración espiritual que solo puede ser remediada, con la instauración de una era llamada “Acuario” que, llevará al ser humano, hacia una nueva conciencia. Se cree que con la era de Piscis, termina un período que buscó la salvación fuera del hombre, la era de Acuario, es una invitación a trascender la dependencia y buscar el salvador dentro de nosotros mismos. El universo es un ser único y vivo que evoluciona y nos lleva hacia la autoconciencia.
La nueva era de acuario considera a dios como un ser impersonal y anónimo, el dios de acuario es el mismo hombre que está más allá del bien y del mal. Jesús, Buda, Mahoma son maestros iluminados; se ridiculiza el que los cristianos crean un ser que se humanizó para salvarnos. Existe una ley en el universo de cadena de regresos a esta vida bajo diversos aspectos corporales, perdiéndose con ello la libertada, la inutilidad de mis esfuerzos y decisiones, sacrificios y sufrimientos ya que, al fin al cabo tendré que hacerlo todo de nuevo una y otra vez. Somos energía cósmica y si somos parte evolutiva del universo, existen cosas, lugares y ejercicios que pueden aumentar nuestra capacidad y control de esta energía. Un lenguaje seudocientífico, que, según la nueva era, está escondido en la sabiduría antigua.
Todo un sincretismo, que rechaza la idea de creación y la existencia de un Dios personal, no hay distinción entre Dios y mundo; sin jerarquías ni credos, el potencial está en el interior del hombre. Una espiritualidad light, sin culpabilidades; una plenitud donde dios es todo y todo es dios. Un intento vano del hombre de salvarse a sí mismo haciendo una serie de promesas que no puede cumplir, al atribuirse poderes que tampoco suele tener.
Padre Pacho
