



Luis Alberto Figueroa 5 junio, 2023 Comentarios desactivadosen EL REGRESO A LAS CHUZADAS QUIEN LAS ORDENÓ PRESIDENTE GUSTAVO FRANCISCO PETRO URREGO. EL PAIS NECESITA CLARIDAD.


Este es quizá el más difícil momento para el Gobierno de Gustavo Petro en casi 10 meses desde la llegada a Palacio el 7 de agosto del 2022. Cayó en lo que tan férreamente criticó como fuerza política a líderes y militantes de partidos opositores, y comenzó a debilitar desde adentro a sus aliados. El escándalo ventilado esta semana y que toca a su mano derecha y persona de confianza, la jefe de gabinete, Laura Sarabia, por la pérdida en su residencia de un maletín con unos dineros cuyo monto aún se desconoce, desató investigaciones de la Fiscalía y la Procuraduría por la gravedad de los hechos ocurridos en enero de este año.
Alguien ordenó aplicar una prueba de polígrafo con equipos oficiales de la Presidencia a quien fue niñera de su hijo, para establecer si robó el dinero en cuestión. Esto se conoció ahora porque la exniñera salió a los medios y entregó declaraciones. A partir de ahí vino un cruce de inculpaciones que la justicia está en la obligación de aclarar. Sarabia manifestó que detrás está el embajador de Colombia en Venezuela, Armando Benedetti, también hombre de confianza del presidente Petro y quien fue igualmente jefe de la exniñera. Él lanzó graves denuncias contra Sarabia indicando que lo había buscado para evitar que la exniñera hablara con periodistas y dejó abierto el interrogante de si la ahora jefe de gabinete acudía a chuzadas.
El irregular uso del polígrafo de Presidencia para fines personales pasó entonces a un segundo plano por la gravedad que significa que la Fiscalía y la Policía hayan confirmado que en enero se interceptaron las líneas telefónicas de la exniñera y de otra mujer que fue empleada de Sarabia. Fueron vinculadas inicialmente a una investigación contra el clan del Golfo. Sin embargo, 72 horas después, cuando se habían escuchado las llamadas, se solicitó cancelar ese procedimiento porque no había prueba suficiente para inculparlas como miembros del grupo criminal. El fiscal, Francisco Barbosa, no dudó en decir que esto pone al país en las épocas más negras y oscuras de la historia judicial y abre un boquete para saltarse mecanismos legales. Parece haberle caído del cielo este enredo, justo cuando la relación con el presidente atraviesa por el peor momento. Por eso se le pide madurez y seriedad para actuar con rigor y sujeción a la ley.
Semejante escándalo por el retorno de las chuzadas en Colombia agitó hasta a la bancada de Gobierno en el Congreso. Unos defendieron al presidente y su equipo, pero empieza a crecer la división interna y hubo congresistas de la línea política de Petro que pidieron investigar a fondo porque quizá hasta ellos estén siendo intervenidos por el Gobierno. La salida de Sarabia y de Benedetti la anunció ayer el presidente en Bogotá, para permitir las investigaciones. El ministro de Defensa, Iván Velásquez, debe estar cuestionándose mucho, por cómo seguir en un Gobierno señalado de hacer interceptaciones telefónicas ilegales a ciudadanos, al haber sido él quien investigó y estuvo a cargo de las investigaciones por las chuzadas en el Gobierno de Álvaro Uribe.
Las escuchas ilegales de comunicaciones retroceden a Colombia al 2009 cuando se conoció que el DAS, cuando era presidente Uribe, había chuzado a magistrados, periodistas y políticos de oposición. No se puede retornar a esos tiempos aciagos que nada bueno dejaron. Se espera que el presidente Petro rompa el silencio en este caso que tiene vinculadas a dos personas de su entera confianza, le permita a la Fiscalía investigar hasta que se aclare toda duda, y este ente se dedique a establecer con rigor, sin aprovecharse del momento para tomar represalias, la veracidad de este escándalo y determine responsables para no repetir la historia.Deportes
El Gobierno del Cambio hace agua. Implosiona. Y el presidente Gustavo Petro lo sabe. El inédito enfrentamiento entre dos de sus alfiles más cercanos, la poderosa jefa de Gabinete, Laura Sarabia, y el influyente EXEMBAJADOR de Colombia en Venezuela, Armando Benedetti, en lo que a todas luces parece ser una pugna fratricida por poder o protagonismo político entre dos figuras, que en su momento fueron aprendiz y mentor, ambos determinantes en el ascenso del progresismo a la Casa de Nariño, le ha estallado en la cara al jefe de Estado en clave de profunda crisis o fractura interna de la que ninguno de sus protagonistas tiene cómo salir bien librado.
Luis Alberto Figueroa 5 junio, 2023 Comentarios desactivadosen El Gobierno del Cambio hace agua. Implosiona. Y el presidente Gustavo Petro lo sabe. El inédito enfrentamiento entre dos de sus alfiles más cercanos, la poderosa jefa de Gabinete, Laura Sarabia, y el influyente EXEMBAJADOR de Colombia en Venezuela, Armando Benedetti, en lo que a todas luces parece ser una pugna fratricida por poder o protagonismo político entre dos figuras, que en su momento fueron aprendiz y mentor, ambos determinantes en el ascenso del progresismo a la Casa de Nariño, le ha estallado en la cara al jefe de Estado en clave de profunda crisis o fractura interna de la que ninguno de sus protagonistas tiene cómo salir bien librado.
El escándalo de la ‘niñeragate’ con sus alarmantes acusaciones de abuso de poder, malos tratos, procedimientos irregulares, manipulación de información, chantaje, secuestro y el detonante de todo: la pérdida de una maleta con miles de dólares, solo por mencionar lo que se ha develado públicamente –vaya a saber qué más se ha cocinado por debajo de cuerda- ha desatado un insólito fuego amigo de dimensión nuclear, capaz de causar daños incontenibles colaterales.
Más allá de la responsabilidad política que Sarabia y Benedetti, los directamente involucrados deben asumir, reconociendo sus excesos, lo señalado por la Fiscalía General es en toda regla inaceptable. La gravísima confirmación de espionaje e interceptaciones ilegales puesta en marcha por miembros de la Dijín de la Policía, el 30 de enero de este año, a los teléfonos celulares de dos empleadas de confianza de la mano derecha del jefe de Estado: niñera y trabajadora doméstica, bajo el increíble parapeto de que eran integrantes de la estructura criminal del Clan del Golfo exige determinaciones de fondo que el jefe de Estado tendrá que adoptar con firmeza para eliminar cualquier manto de duda sobre la transparencia de sus actuaciones.
¿Quién dio la orden? ¿Sabía el presidente lo que sucedía o fue a sus espaldas? Nada más cierto que esta vergonzosa situación enloda la credibilidad de su Gobierno, como nunca antes. Aún más, el lamentable episodio de la “Gestapo colombiana”, con polígrafo a bordo y chuzadas ilegales, práctica proscrita denunciada tantas veces por el mismo mandatario en su carrera política, hunde a su Ejecutivo en una inquietante e injustificable crisis con potencial de resquebrajar su gobernabilidad. Todo este caos que salpica y sacude a su círculo más estrecho lo alcanza en un momento complejo en el que, además, se le acumulan las contrariedades.
En primer lugar, por el tormentoso trámite de sus reformas sociales, su principal promesa de campaña que no prospera, luego de la ruptura abrupta de la coalición de Gobierno. La legislatura entra en su recta final sin que se logren consensos ni se rearmen las mayorías. En segundo lugar, pese a los puentes tendidos con la rama Judicial para que a tenor de la separación de poderes cada loro se mantenga en su estaca, la desconfianza es inobjetable. Con Fiscalía y Procuraduría, el choque es explosivo, mientras el mandatario lanza el concepto de un “golpe blando”. Inmerso en su laberinto, Petro identifica conspiraciones o complots contra él o sus aliados del Pacto Histórico que acudirán a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) al sentirse perseguidos. ¿Se abre un frente adicional en su extendido campo de batalla, el de la victimización, para enfrentar sus desbarajustes internos en momentos convulsos o existen razones de fondo para sus delicados señalamientos? Queda claro que la tormenta arrecia.
Con el paso de las horas, este embrollo calificado por algunos como la versión criolla de House of Cards, la serie televisiva de conspiraciones, intrigas y manipulaciones políticas, escala ante el asombro de una opinión pública, con un sentir social totalmente distinto a la confusión, desorden y desgaste del Gobierno, a la que le cuesta seguirle el paso a la trifulca diaria, alentada en ocasiones desde el primer Twitter de la nación. ¿Cómo un tema doméstico derivó en un asunto de Estado en el que los entes de control intentan establecer ahora la ocurrencia de faltas disciplinarias e incluso delitos? Aberrante. Basta ya. Que cese esta horrible noche. La ciudadanía demanda claridades ante la suma de despropósitos que solo el presidente Petro puede solventar.

