El escándalo de la ‘niñeragate’ con sus alarmantes acusaciones de abuso de poder, malos tratos, procedimientos irregulares, manipulación de información, chantaje, secuestro y el detonante de todo: la pérdida de una maleta con miles de dólares, solo por mencionar lo que se ha develado públicamente –vaya a saber qué más se ha cocinado por debajo de cuerda- ha desatado un insólito fuego amigo de dimensión nuclear, capaz de causar daños incontenibles colaterales.
Más allá de la responsabilidad política que Sarabia y Benedetti, los directamente involucrados deben asumir, reconociendo sus excesos, lo señalado por la Fiscalía General es en toda regla inaceptable. La gravísima confirmación de espionaje e interceptaciones ilegales puesta en marcha por miembros de la Dijín de la Policía, el 30 de enero de este año, a los teléfonos celulares de dos empleadas de confianza de la mano derecha del jefe de Estado: niñera y trabajadora doméstica, bajo el increíble parapeto de que eran integrantes de la estructura criminal del Clan del Golfo exige determinaciones de fondo que el jefe de Estado tendrá que adoptar con firmeza para eliminar cualquier manto de duda sobre la transparencia de sus actuaciones.
¿Quién dio la orden? ¿Sabía el presidente lo que sucedía o fue a sus espaldas? Nada más cierto que esta vergonzosa situación enloda la credibilidad de su Gobierno, como nunca antes. Aún más, el lamentable episodio de la “Gestapo colombiana”, con polígrafo a bordo y chuzadas ilegales, práctica proscrita denunciada tantas veces por el mismo mandatario en su carrera política, hunde a su Ejecutivo en una inquietante e injustificable crisis con potencial de resquebrajar su gobernabilidad. Todo este caos que salpica y sacude a su círculo más estrecho lo alcanza en un momento complejo en el que, además, se le acumulan las contrariedades.
En primer lugar, por el tormentoso trámite de sus reformas sociales, su principal promesa de campaña que no prospera, luego de la ruptura abrupta de la coalición de Gobierno. La legislatura entra en su recta final sin que se logren consensos ni se rearmen las mayorías. En segundo lugar, pese a los puentes tendidos con la rama Judicial para que a tenor de la separación de poderes cada loro se mantenga en su estaca, la desconfianza es inobjetable. Con Fiscalía y Procuraduría, el choque es explosivo, mientras el mandatario lanza el concepto de un “golpe blando”. Inmerso en su laberinto, Petro identifica conspiraciones o complots contra él o sus aliados del Pacto Histórico que acudirán a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) al sentirse perseguidos. ¿Se abre un frente adicional en su extendido campo de batalla, el de la victimización, para enfrentar sus desbarajustes internos en momentos convulsos o existen razones de fondo para sus delicados señalamientos? Queda claro que la tormenta arrecia.
Con el paso de las horas, este embrollo calificado por algunos como la versión criolla de House of Cards, la serie televisiva de conspiraciones, intrigas y manipulaciones políticas, escala ante el asombro de una opinión pública, con un sentir social totalmente distinto a la confusión, desorden y desgaste del Gobierno, a la que le cuesta seguirle el paso a la trifulca diaria, alentada en ocasiones desde el primer Twitter de la nación. ¿Cómo un tema doméstico derivó en un asunto de Estado en el que los entes de control intentan establecer ahora la ocurrencia de faltas disciplinarias e incluso delitos? Aberrante. Basta ya. Que cese esta horrible noche. La ciudadanía demanda claridades ante la suma de despropósitos que solo el presidente Petro puede solventar.
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Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».Palabra de Dios.ReflexiónCuando nuestro corazón no está habitado por un amor fuerte o una fe firme, fácilmente queda nuestra vida a merced de nuestros miedos. A veces es el miedo a perder prestigio, seguridad, comodidad o bienestar lo que nos detiene al tomar las decisiones. No nos atrevemos a arriesgar nuestra posición social, nuestro dinero o nuestra pequeña felicidad.Otras veces nos paraliza el miedo a no ser acogidos. Nos atemoriza la posibilidad de quedarnos solos, sin la amistad o el amor de las personas. Tener que enfrentarnos a la vida diaria sin la compañía cercana de nadie.Con frecuencia vivimos preocupados solo de quedar bien. Nos da miedo hacer el ridículo, confesar nuestras verdaderas convicciones, dar testimonio de nuestra fe. Tememos las críticas, los comentarios y el rechazo de los demás. No queremos ser clasificados. Otras veces nos invade el temor al futuro. No vemos claro nuestro porvenir. No tenemos seguridad en nada. Quizá no confiamos en nadie. Nos da miedo enfrentarnos al mañana.Siempre ha sido tentador para los creyentes buscar en la religión un refugio seguro que nos libere de nuestros miedos, incertidumbres y temores. Pero sería un error ver en la fe el agarradero fácil de los pusilánimes, los cobardes y asustadizos.La fe confiada en Dios, cuando es bien entendida, no conduce al creyente a eludir su propia responsabilidad ante los problemas. No le lleva a huir de los conflictos para encerrarse cómodamente en el aislamiento. Al contrario, es la fe en Dios la que llena su corazón de fuerza para vivir con más generosidad y de manera más arriesgada. Es la confianza viva en el Padre la que le ayuda a superar cobardías y miedos para defender con más audacia y libertad el reino de Dios y su justicia.La fe no crea hombres cobardes, sino personas resueltas y audaces. No encierra a los creyentes en sí mismos, sino que los abre más a la vida problemática y conflictiva de cada día. No los envuelve en la pereza y la comodidad, sino que los anima para el compromiso.Cuando un creyente escucha de verdad en su corazón las palabras de Jesús: «No tengáis miedo», no se siente invitado a eludir sus compromisos, sino alentado por la fuerza de Dios para enfrentarse a ellos.SIN MIEDOEl recuerdo de la ejecución de Jesús estaba todavía muy reciente. Por las comunidades cristianas circulaban diversas versiones de su Pasión. Todos sabían que era peligroso seguir a alguien que había terminado tan mal. Se recordaba una frase de Jesús: «El discípulo no está por encima de su maestro». Si a él le han llamado Belcebú, ¿qué no dirán de sus seguidores?Jesús no quería que sus discípulos se hicieran falsas ilusiones. Nadie puede pretender seguirle de verdad, sin compartir de alguna manera su suerte. En algún momento, alguien lo rechazará, maltratará, insultará o condenará. ¿Qué hay que hacer?La respuesta le sale a Jesús desde dentro: «No les tengáis miedo». El miedo es malo. No ha de paralizar nunca a sus discípulos. No han de callarse. No han de cesar de propagar el mensaje de Jesús por ningún motivo.Jesús les va a explicar cómo han de situarse ante la persecución. Con él ha comenzado ya la revelación de la Buena Noticia de Dios. Deben confiar. Lo que todavía está «encubierto» y «escondido» a muchos, un día quedará patente: se conocerá el Misterio de Dios, su amor al ser humano y su proyecto de una vida más feliz para todos.Los seguidores de Jesús están llamados a tomar parte activa desde ahora en ese proceso de revelación: «Lo que yo os digo de noche, decidlo en pleno día». Lo que les explica al anochecer, antes de retirarse a descansar, lo tienen que comunicar sin miedo «en pleno día». «Lo que yo os digo al oído, pregonadlo desde los tejados». Lo que le susurra al oído para que penetre bien en su corazón, lo tienen que hacer público.Jesús insiste en que no tengan miedo. «Quien se pone de mi parte», nada ha de temer. El último juicio será para él una sorpresa gozosa. El juez será «mi Padre del cielo», el que os ama sin fin. El defensor seré yo mismo, que «me pondré de su parte». ¿Quién puede infundirnos más esperanza en medio de las pruebas?Jesús imaginaba a sus seguidores como un grupo de creyentes que saben «ponerse de su parte» sin miedo. ¿Por qué somos tan poco libres para abrir nuevos caminos más fieles a Jesús? ¿Por qué no nos atrevemos a plantear de manera sencilla, clara y concreta lo esencial del evangelio?José Antonio Pagola
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