

SE NOS FUE EL PAPÁ DE LOS HABITANTES DE LA CALLE1RRubèn Darío Franco Narvàez <rubendariofranconarvaez@gmail.com>Mar 22/12/2020 11:33Para:
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VOLÓ AL CIELO “EL ÁNGEL DE LOS HABITANTES DE LA CALLE”
Por: Rubén Darío Franco Narváez
A los 79 años de edad, Luis Carlos Galindo, “EL ÁNGEL DE LOS HABITANTES DE LA CALLE” bautizado así –en un especial del canal Telecafé- por el multifacético Francisco Gilberto Arias Escudero –conocido como el famoso Padre Pacho-, murió tranquilamente -en un dulce sueño- a las cuatro horas de la mañana del lunes 21 de diciembre del 2020, en su humilde vivienda ubicada en la Calle 19 con carrera segunda –entrada al antiguo Viacrucis- en Pereira-Risaralda.
Blanca Lida, su segunda esposa, que lo acompañó por 21 años, salvándolo de la soledad y el marginamiento, se percató de su muerte cuando al tocarlo –en la madrugada- sintió que estaba frío y tieso. Entonces, se arrodilló ante un Cristo de madera (cumpliendo con el deseo de Luis Carlos Galindo) dio gracias a Dios por los años compartidos y le entregó su alma al Señor de la vida. Salió de su vivienda e informó a sus vecinos quienes inmediatamente acudieron al llamado y, al unísono, dijeron “Se nos fue el ÁNGEL DE LOS HABITANTES DE LA CALLE”. Todos se ofrecieron para colaborar con los trámites de despedida terrena. En pocas horas, su cadáver (tal como Luis Carlos lo quería) fue trasladado para cremarlo. Y sus exequias se realizarán en horas de la mañana del martes 22 de diciembre 2020, en la Catedral Nuestra Señora de La Pobreza” a la que prestó sus servicios durante 20 años consecutivos.
MILES DE PEREIRANOS LLORAN LA MUERTE DE LUIS CARLOS
Su caridad era dimensional y se extendía más allá de sus propios recursos, ganados honradamente desempeñando oficios varios en La Catedral. Allí, lo veíamos diariamente, trapeando, brillando las baldosas y cuidando celosamente las imágenes de los Santos; especialmente, el Sagrario –donde exigía silencio y respeto-.
La mirada de “EL ÁNGEL DE LOS HABITANTES DE LA CALLE” transmitía bondad. En la última banca, de la Casa del Señor, me reuní en muchas ocasiones con él, contándome los sacrificios que hacía para brindar alimento, ropa y regalos a los más desprotegidos. Sagradamente, los domingos, en horas de la tarde reunía a más de doscientas personas de la calle, para obsequiarles alimentos frescos, preparados con anterioridad en su casa; variándoles el menú, con preferencia: sus famosos “fríjoles con garra”, mondongo, sancocho y hasta bandeja paisa. Pero, además de eso, a los más harapientos les regalaba ropas; y, les conseguía atención médica, medicinas, peluquería. Muchas de esas personas, se quedaban un largo rato con el que cariñosamente llamaban “Papá Galindo”, porque les daba buenos consejos. Son innumerables las mujeres y hombres que logró sacar del infierno de las drogas.
EL PRIMER MILAGRO EN PEREIRA DE LA MADRE TERESA
Pocos conocen esta historia, me la contó el propio Luis Carlos Galindo, sobre lo que le inyectó la Madre Teresa de Calcuta cuando visitó en el año 1.978 a Pereira atendiendo invitación del Obispo de la época Monseñor Darío Castrillón Hoyos. En ese entonces, tenía 37 años de edad y vendía dulcecitos en una cajita de cartón; con las pocas ganancias sostenía a su numerosa familia: la esposa y ocho hijos. Los ojos de la Santa, llenos de amor por los más pobres, quedaron para siempre grabados en su corazón. Y, cerrando sus ojos, después de recibir la bendición, prometió “hacer esfuerzos para ayudar a los necesitados”.
EL VIACRUCIS DE LUIS CARLOS
Viviendo a unos pasos de la ruta frecuentada por devotos, iniciando desde el puente: las 14 estaciones de Jesús hasta ser clavado en la Cruz, después de recorrer el sendero de La Badea hasta el Templo La Buena Esperanza, en una casita destartalada, Luis Carlos Galindo sufrió un inimaginable CALVARIO.
Su esposa y sus ocho hijos, apurados por la difícil situación económica, decidieron ingresar al espinoso mercado de las drogas; llegando hasta montar expendio en la misma residencia. Claro, como jefe de hogar se opuso a ese negocio; sufriendo como respuesta la primera estación: su hijo mayor le colocó un revólver en la cabeza y lo echó con el consentimiento de sus hermanos y madre.
Segunda estación: Con 56 años de edad (19 años después de la visita de la Madre Teresa a Pereira) durmiendo en la calle, sin esposa, sin hijos, sin comida y abandonando su cajita de cartón con dulces. Tercera estación: El hambre lo obligó a reunirse con los “chirrincheros”. Cuarta estación: Recibió ayuda de un “cirineo desconocido” y, juiciosamente empezó a trabajar en construcción. Quinta estación: le tocó visitar a sus propios hijos en la cárcel por tráfico de drogas. Sexta estación: le tocó ver el cadáver de su hijo mayor asesinado a bala (el que años atrás lo sacó con revólver de su propia casa). Séptima estación: Le robaron sus ropas. Octava estación: Lo despidieron del trabajo por consumir licor y llegar tarde. Novena estación: Durmiendo a la intemperie y con el estómago vacío, en una de las bancas del Lago Uribe. Décima estación: Golpiza propinada por drogadictos al aconsejarles que dejarán ese veneno. Undécima estación: Recluido por tres días en “la cárcel de la cuarenta” por defender con un palo a una dama que fue víctima de los carteristas. Duodécima estación: Lo sacaron a patadas de un restaurante donde fue a pedir sobras de comida. Décima tercera estación: Sus antiguos compañeros de farra lo aporrearon al negarse a consumir “Chirrinche”. Décima cuarta estación: Resucitó cuando apareció una mujer, vestida de Magdalena: Blanca Lina; con ella, inició una nueva vida, pletórica de alegría y amor.
EL MILAGRO PARA EL RESTO DE SU EXISTENCIA.
En la Semana Santa de 1.999 (21 años después de la visita de la Madre Teresa de Calcuta a Pereira) Blanca Lina le dio un giro milagroso a su existencia; y, a su lado, emprendió la abnegada misión de caridad. Un año después (2.000), se ocupó en oficios varios en la Catedral Nuestra Señora de la Pobreza de Pereira. Veintiún años de vivir a plenitud con su segunda esposa, se despidió del paseo terreno para volar como “EL ÁNGEL DE LOS HABITANTES DE LA CALLE” al azul celeste.
LUIS CARLOS GALINDO FUE UN GRAN SER HUMANO.




