Comienza una semana santa diferente pero necesaria para un mundo que necesita reflexión sobre su comportamiento.
Que mejor escenario que la intimidad y sinceridad del hogar para recibir y celebrar la Semana Mayor.
Un giro del destino, provocado por el hombre pero inesperado, obligó un confinamiento para preservar la vida y de paso, en un hecho sin precedentes, la mejor oportunidad para convertir cada casa o apartamento en un templo durante la semana que comienza.
No habrá romería en las iglesias, ni procesiones por las calles , pero si habrá celebración .
Los templlos están cerrados pero la iglesia sigue abierta .
Celebremos.
La semana santa no es solo el recuerdo de un acontecimiento ocurrido hace miles de años , es una pausa en el día a día para el reencuentro familiar en torno al amor, la piedad, la humildad, la generosidad y el recogimiento.
Cada celegbración de este tiempo podrá ser vivida en casa y en ella todos podremos participar.
Estos ocho días pueden ser oxígeno, esperanzal y ante todo calma para retomar ese tan necesario segundo aire y seguir avanzando en esa cruzada mundial para derrotar al enemigo silencioso.
Por fortuna, para quienes celebramos esta semana, la tecnología permitrá tener en cada hogar la palabra de Dios.