Maduro atrapado en su laberinto

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Qué países han rechazado los resultados del CNE en elecciones en Venezuela?  | Internacional | Portafolio

El sátrapa tiene claro que pierde en las urnas y por eso ha recurrido a la estrategia de infundir miedo para evitar la derrota.

28 de julio de 2024

Hugo Chávez llegó a la Presidencia de Venezuela en febrero de 1999 y desde entonces el chavismo no hquerido soltar el poder. Sus sucesores se han aferrado a él deuna manera grosera, sin importarles qué métodos utilicen: si respetan la democracia está bien para ellos y si no… también.

Ya se completaron 25 años de lo que hoy parece más una dictadura –no hay independencia de poderes y no están dadas las garantías para el control del poder– así mantengan algunas de las formas de la democracia como la de convocar a elecciones.

Pero hoy la vecina Venezuela tiene la mejor oportunidad en este cuarto de siglo de cambiar su historia. La diferencia de 34 puntos en las encuestas a favor del candidato opositor Edmundo González, es infranqueable en condiciones normales. La gente siente que al votar por González (59% de intención de voto) está votando por María Corina Machado, la sorprendente y valerosa candidata a quien el régimen de Nicolás Maduro inhabilitó creyendo que así la sacaba de competencia, y consiguió lo contrario: el aura de perseguida ha potenciado su figura al punto de poder recoger votos en cuerpo ajeno.

Pero las condiciones para la jornada electoral en Venezuela no son normales. La cuestión no es quién va a ganar, porque es evidente que si el proceso fuera transparente el triunfo sería de la dupla González-Machado; la pregunta que todos se hacen es si Maduro va a aceptar los resultados.

El sátrapa tiene claro que pierde en las urnas y por eso ha recurrido a la estrategia de infundir miedo para evitar la derrota. Cómo será el régimen de terror impuesto que hasta el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, salió a decir: “Me asustaron los comentarios de Maduro de que Venezuela podría enfrentar un baño de sangre si pierde”. La lógica es la siguiente: si Maduro logra mantener a muchos en sus casas por el miedo a que se desate un baño de sangre –como él mismo lo ha anunciado–, con una pobre votación del 30%, el chavismo tendría alguna opción.

La manera como Maduro ha amenazado a su país es infame: apareció en un video con Cilia Flores, su esposa, como si estuvieran visitando a una familia del común en la sala de su casa. En medio de la charla mencionan una posible victoria de Edmundo González, y Maduro les dice: “Una guerra civil aquí. El pueblo, las fuerzas armadas y policiales a la calle, una revolución del siglo XX. Si la derecha fascista llega al poder sería inevitable”.

Además quiere hacerles creer que quienes voten por la oposición serán identificados y perderán sus puestos. Por lo cual al candidato González le ha tocado salir a decir que no es cierto, que el voto es secreto.

El repertorio de tácticas también incluye evitar a toda costa que los venezolanos en el extranjero puedan ir a las urnas. Los residentes en Estados Unidos o en Ecuador, por ejemplo, no podrán votar porque los consulados están cerrados. Muchos otros no pudieron inscribirse porque necesitaban tener un pasaporte venezolano vigente, documento que se ha convertido en una tarea titánica conseguir a quienes se les vence. Y a otros cuantos, que tenían el pasaporte o permiso de residencia en otro país, les abrieron las inscripciones por muy poco tiempo. La cifra es abrumadora: de los cerca de 4 millones de adultos venezolanos en el extranjero que pueden votar, hay inscritos escasamente 70.000. Hasta la frontera con Colombia la han cerrado durante ciertos lapsos para que no puedan entrar a votar.

Lo más preocupante es que el régimen también le ha cerrado la puerta de entrada a misiones de observación electoral que podrían considerarse neutrales como la de la Unión Europea o el Tribunal Electoral de Brasil, e incluso a quienes parecieran ser amigos suyos, como el expresidente de Argentina Alberto Fernández, a quien le retiró la invitación luego de que se refirió en buenos términos a la frase de esta semana de Lula según la cual “Maduro necesita aprender que cuando ganas, te quedas. Cuando pierdes, te vas”.

Por no hablar de cómo impidieron que varios expresidentes de América Latina viajaran a supervisar con sus propios ojos el trámite de las elecciones, incluida la exvicepresidenta colombiana Marta Lucía Ramírez. Asimismo le cerraron el paso a otras políticas colombianas como la exalcaldesa de Bogotá, Claudia López y la senadora Angelica Lozano. El tirano Maduro no quiere, sin duda, tener ningún tipo de testigos, y menos incómodos.

El panorama es demasiado incierto y el temor de que Maduro no acepte los resultados si le son contrarios es inmenso. Ojalá las palabras de Lula da Silva, y el compromiso de enviar a su asesor, el excanciller Celso Amorim, para supervisar los comicios sirva de algo. Al fin y al cabo Lula es una suerte de decano de la izquierda en América Latina y si Maduro no le camina quedaría más aislado.

O si no, tal vez la Fiscalía de la Corte Penal Internacional tome atenta nota y avance en el caso que tiene abierto contra Venezuela.

Nicolás Maduro puede estar atrapado: si acepta la derrota tendrá que dejar el poder y si no la acepta sufrirá un desgaste tal que ya, sin amigos y con el título de dictador, difícilmente podrá sostenerse.