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26 AÑOS DE ‘REVOLUCIÓN BOLIVARIANA’ EN VENEZUELA

¿En qué está la oposición a un año de la cuestionada reelección de Maduro?26 AÑOS DE ‘REVOLUCIÓN BOLIVARIANA’ EN VENEZUELA

¿En qué está la oposición a un año de la cuestionada reelección de Maduro?26 AÑOS DE ‘REVOLUCIÓN BOLIVARIANA’ EN VENEZUELA

¿En qué está la oposición a un año de la cuestionada reelección de Maduro?

Acallada por la feroz represión del régimen tiene poco margen de acción. Trump reimpulsó sanciones económicas y prioriza excarcelación de estadounidenses, otro logro de su pragmática diplomacia.

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María Corina Machado

María Corina Machado, la guerrera líder opositora venezolana está en la clandestinidad y con poco margen de acción ante la división del antichavismo y la desesperanza ciudadana./Archivo AFP

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Lunes, 21 de Julio de 2025

Redacción internacional

Abstención total, contundente participación, protestas multitudinarias, denuncias ante organismos judiciales extranjeros y constante presión a la comunidad internacional. Por las vías democráticas la oposición lo ha intentado todo para un cambio político en Venezuela. Sin embargo, la desesperanza e incertidumbre es hoy más visible que nunca.

En la antesala de cumplirse un año de la fraudulenta reelección de Nicolás Maduro, tal cual lo evidenció con la publicación de copias de las actas de escrutinio la líder opositora María Corina Machado y que el Consejo Nacional Electoralcooptado por el gobierno, se negó a divulgar, ese régimen nacido de la “revolución bolivariana” está enraizado ya que domina los poderes públicos, los órganos de control, las fuerzas militares, la gestión política en todo el país y acalla a sus detractores.

Ante el injustificable silencio del Consejo Nacional Electoral (CNE) sobre el escrutinio, al filo de la medianoche del 28 de julio del año pasadoMachado informó al mundo que con base en 24.532 copias de las actas electorales que tenía en su poder, que correspondían al 81.7% del total, el candidato de la oposición, Edmundo González, había sido el vencedor en las urnas con el 67% de los votos válidos, más del doble de los sufragios por Maduro (30%).

Menos de dos horas después, el presidente del CNE, Ivis Amoroso, informó que con un 80% de las mesas escrutadas y con una tendencia «contundente e irreversible», Maduro “fue reelecto para un tercer mandato con 5.150.092 votos, un 51,20%”, mientras que el opositor González registraba un 44.2%, más de 4 millones 400 mil.

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Ante el fraude consumadoMachado, González, otros líderes opositores y presidentes de varios países, entre ellos Estados Unidos, exigieron al CNE la divulgación de las actas electorales, lo que nunca ocurrió y, en contrario, tras la fachada de una investigación solicitada por Maduro al Tribunal Supremo de Justicia, se ratificó lo que todos, dentro y fuera de Venezuela presentían: ahí estaba y ahí se quedaba el discípulo del fallecido Hugo Chávez.

Tras el estallido social de inconformismo (tres días), que fue brutalmente reprimido por las fuerzas de seguridad del gobierno y se saldó con 24 muertos, así como 2.200 detenidos, se inició un régimen de terror (persecución, desaparición o encarcelamiento) contra la oposición, desde sus líderes hasta los ciudadanos que exigieron la publicación de las actas.

Pese a las condenas internacionales y la imposición de sanciones económicas por parte de varios países, principalmente Estados Unidos, el régimen Maduro mantiene una política de ‘miedo’ contra la población que derivó en la desmovilización callejera, el desinterés electoral y la fractura en la unidad opositora.

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Con María Corina Machado en la clandestinidad y el exilio forzado del presidente electo González, así como de otras cabezas visibles del antimadurismo, se realizaron las elecciones parlamentarias y regionales. Los pocos disidentes opositores que participaron ganaron su curul, pero son ínfima minoría en la Asamblea Nacional y el gobierno seccional. Con 253 de los 285 diputados que conforman el Parlamento y 23 de las 24 gobernaciones, el Partido Socialista Unido de Venezuela, liderado por Maduro y su No. 2, Diosdado Cabellotiñó de rojo el mapa político.
Se descarta que la elección de alcaldes convocada para este domingo 27 de julio selle el triunfo madurista para controlar, a todo nivel, el poder político y económico en Venezuela.

Presión de EE.UU.

Entre una imparable persecución y la desmotivación ciudadana, el antimadurismo y el mundo democrático esperaban con ansia el cambio de gobierno en Estados Unidos, que pondría fin a cuatro años de concesiones y laxitudes del demócrata Joe Biden.

Desde campaña, el republicano Donald Trump calificó el gobierno Maduro como una dictadura y acusó al socialismo de destruir al país. Ya en la Casa Blanca implementó una política de presión sobre ese régimen combinando intentos de diálogo y negociación con sanciones, tanto individuales como sectoriales.

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En tal sentido, a finales de marzo de este año, revocó las licencias generales que, concedidas por Biden (Licencia General 41), permitían a empresas petroleras extranjeras operar en Venezuela, incluyendo a Repsol y otras asociadas con la estatal petrolera venezolana, Pdvsa.

En vigor desde abril, ninguna empresa petrolera estadounidense tiene permiso para operar y exportar crudo desde VenezuelaHalliburton, SLB, Baker Hughes y Weatherford lograron inicialmente un plazo para mantener operaciones limitadas, como pagar personal y mantener equipos, pero no para perforar nuevos pozos o aumentar la producción de PdvsaYa no lo hacen.

En cuanto a Chevron, la última gran petrolera norteamericana con presencia significativa en Venezuela, fue la que mayor prórroga obtuvo para liquidar sus operaciones (mayo), cuando la estatal venezolana tomó el control de los campos. Sin embargo, con un acuerdo puntual o “licencia mínima”, dicha empresa mantiene operaciones esenciales de mantenimiento y presencia mínima para proteger sus activos.

La estrategia de Trump fue clara: presionar al régimen venezolano con la minimización de los ingresos petroleros y, de allí, que la revocación de la licencia de Chevron para operar en el sector de producción y exportación era la clave.
Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, han mantenido el fuerte discurso contra Maduro y su entorno, aunque ello no ha sido impedimento para que Washington busque y logre negociar temas puntuales, como la reciente liberación de diez ciudadanos estadounidenses.

Evidencia de esta “diplomacia silenciosa”, el viernes pasado tras una intensa negociación de varias horas, se realizó un canje de prisioneros: 10 ciudadanos norteamericanos presos por 252 venezolanos detenidos en la megacárcel salvadoreña Cecot, a donde fueron trasladados por Estados Unidos tras acusarlos de ser integrantes del Tren de Aragua o de bandas violentas.

Estas negociaciones complejas y discretas que según Caracas fueron solo con representantes de Estados Unidos y de Maduro, develaron la capacidad de las partes para llegar a acuerdos en medio de la profunda confrontación política y las presiones económicas al régimen. Sin duda, una muestra más del pragmatismo diplomático del líder republicano y del cumplimiento de su mandato constitucional de proteger la seguridad de sus ciudadanos.

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El negociador y presidente del Parlamento venezolano, Jorge Rodríguez, sostuvo que “jamás, ni remotamente, nos pasó por la cabeza hablar con el payaso», refiriéndose al presidente salvadoreño, Nayib Bukele. Sin embargo, el mandatario centroamericano al referirse a dicho canje indicó que «es difícil negociar con un verdadero régimen tiránico, pero lo logramos».

El canje incluyó la liberación de otros 80 venezolanos detenidos en Venezuela, considerados «presos políticos» por detractores al gobierno.

Vale recordar que durante el gobierno Biden se registraron dos intercambios de prisioneros con Venezuela. En octubre del 2022, se canjearon siete estadounidenses detenidos, de ellos 5 ejecutivos de Citgo, por dos sobrinos de Cilia Flores, la esposa de Maduro, que cumplían condena por narcotráfico. Y, en diciembre de 2023Estados Unidos liberó a Alex Saab, el presunto testaferro del régimen, por 10 norteamericanos detenidos en Caracas.

La líder opositora Machado, a través de un comunicado, celebró las liberaciones de este viernes, que vio como un «paso estratégico» de Estados Unidos.

«Hoy más que nunca construimos la fuerza, la voluntad y la claridad política internacional, diplomática y ciudadana para hacer respetar el triunfo del 28 de julio, mientras el régimen se ve forzado a ceder», escribió en relación con las elecciones presidenciales pasadas.

También enfatizó que quedan aún unos 1.000 detenidos y denunció 12 nuevos arrestos en las últimas 72 horas«Esto es un patrón de ‘puerta giratoria’ que se repite: sueltan a algunos presos políticos y se llevan a otros inocentes».

Perseguida y fragmentada

Con la persecución sistemática del régimen, la oposición venezolana terminó distanciada geográficamente (la mayoría exiliados en España o Estados Unidos), dividida políticamente (algunos rechazaron el boicot a las parlamentarias) y sin estrategias definidas para forzar el retorno de Venezuela a la democracia.

La unidad lograda para la presidencial del 28J del 2024, terminó con el paso del tiempo diluyéndose. La cohesión que se necesitaba para desafiar eficazmente al régimen no existe, limitando así tanto su margen de acción como la motivación a los ciudadanos para mantener el pulso callejero.

Machado sin duda se mantiene como el punto de referencia para un mayoritario sector opositor, que la considera la líder más legítima para enfrentar a Maduro. Al igual, los ciudadanos le admiran su coraje, entereza e incansable lucha por la recuperación del país, que le ha costado tanto su libertad, ya que vive oculta en algún lugar de Caracas o su periferia, así como el alejamiento de sus hijos, en el exilio hace dos años.

El presidente electo, Edmundo González, vive en Madrid, España, al igual que otra de las influyentes voces opositoras: Leopoldo LópezCapriles está en Caracas y con curul en la Asamblea, desde donde es poco o nada lo que puede aportar ante la aplanadora madurista.

De esta forma el futuro de la oposición venezolana es, por ahora, incierto y desalentador. Y el camino hacia la transición democrática en este país se vislumbra tan difícil como lejano por el ‘arma’ que cada vez dispara con más fuerza el régimen madurista: la represión.

Acallada por la feroz represión del régimen tiene poco margen de acción. Trump reimpulsó sanciones económicas y prioriza excarcelación de estadounidenses, otro logro de su pragmática diplomacia.

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María Corina Machado

María Corina Machado, la guerrera líder opositora venezolana está en la clandestinidad y con poco margen de acción ante la división del antichavismo y la desesperanza ciudadana./Archivo AFP

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Lunes, 21 de Julio de 2025

Redacción internacional

Abstención total, contundente participación, protestas multitudinarias, denuncias ante organismos judiciales extranjeros y constante presión a la comunidad internacional. Por las vías democráticas la oposición lo ha intentado todo para un cambio político en Venezuela. Sin embargo, la desesperanza e incertidumbre es hoy más visible que nunca.

En la antesala de cumplirse un año de la fraudulenta reelección de Nicolás Maduro, tal cual lo evidenció con la publicación de copias de las actas de escrutinio la líder opositora María Corina Machado y que el Consejo Nacional Electoralcooptado por el gobierno, se negó a divulgar, ese régimen nacido de la “revolución bolivariana” está enraizado ya que domina los poderes públicos, los órganos de control, las fuerzas militares, la gestión política en todo el país y acalla a sus detractores.

Ante el injustificable silencio del Consejo Nacional Electoral (CNE) sobre el escrutinio, al filo de la medianoche del 28 de julio del año pasadoMachado informó al mundo que con base en 24.532 copias de las actas electorales que tenía en su poder, que correspondían al 81.7% del total, el candidato de la oposición, Edmundo González, había sido el vencedor en las urnas con el 67% de los votos válidos, más del doble de los sufragios por Maduro (30%).

Menos de dos horas después, el presidente del CNE, Ivis Amoroso, informó que con un 80% de las mesas escrutadas y con una tendencia «contundente e irreversible», Maduro “fue reelecto para un tercer mandato con 5.150.092 votos, un 51,20%”, mientras que el opositor González registraba un 44.2%, más de 4 millones 400 mil.

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Ante el fraude consumadoMachado, González, otros líderes opositores y presidentes de varios países, entre ellos Estados Unidos, exigieron al CNE la divulgación de las actas electorales, lo que nunca ocurrió y, en contrario, tras la fachada de una investigación solicitada por Maduro al Tribunal Supremo de Justicia, se ratificó lo que todos, dentro y fuera de Venezuela presentían: ahí estaba y ahí se quedaba el discípulo del fallecido Hugo Chávez.

Tras el estallido social de inconformismo (tres días), que fue brutalmente reprimido por las fuerzas de seguridad del gobierno y se saldó con 24 muertos, así como 2.200 detenidos, se inició un régimen de terror (persecución, desaparición o encarcelamiento) contra la oposición, desde sus líderes hasta los ciudadanos que exigieron la publicación de las actas.

Pese a las condenas internacionales y la imposición de sanciones económicas por parte de varios países, principalmente Estados Unidos, el régimen Maduro mantiene una política de ‘miedo’ contra la población que derivó en la desmovilización callejera, el desinterés electoral y la fractura en la unidad opositora.

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Con María Corina Machado en la clandestinidad y el exilio forzado del presidente electo González, así como de otras cabezas visibles del antimadurismo, se realizaron las elecciones parlamentarias y regionales. Los pocos disidentes opositores que participaron ganaron su curul, pero son ínfima minoría en la Asamblea Nacional y el gobierno seccional. Con 253 de los 285 diputados que conforman el Parlamento y 23 de las 24 gobernaciones, el Partido Socialista Unido de Venezuela, liderado por Maduro y su No. 2, Diosdado Cabellotiñó de rojo el mapa político.
Se descarta que la elección de alcaldes convocada para este domingo 27 de julio selle el triunfo madurista para controlar, a todo nivel, el poder político y económico en Venezuela.

Presión de EE.UU.

Entre una imparable persecución y la desmotivación ciudadana, el antimadurismo y el mundo democrático esperaban con ansia el cambio de gobierno en Estados Unidos, que pondría fin a cuatro años de concesiones y laxitudes del demócrata Joe Biden.

Desde campaña, el republicano Donald Trump calificó el gobierno Maduro como una dictadura y acusó al socialismo de destruir al país. Ya en la Casa Blanca implementó una política de presión sobre ese régimen combinando intentos de diálogo y negociación con sanciones, tanto individuales como sectoriales.

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En tal sentido, a finales de marzo de este año, revocó las licencias generales que, concedidas por Biden (Licencia General 41), permitían a empresas petroleras extranjeras operar en Venezuela, incluyendo a Repsol y otras asociadas con la estatal petrolera venezolana, Pdvsa.

En vigor desde abril, ninguna empresa petrolera estadounidense tiene permiso para operar y exportar crudo desde VenezuelaHalliburton, SLB, Baker Hughes y Weatherford lograron inicialmente un plazo para mantener operaciones limitadas, como pagar personal y mantener equipos, pero no para perforar nuevos pozos o aumentar la producción de PdvsaYa no lo hacen.

En cuanto a Chevron, la última gran petrolera norteamericana con presencia significativa en Venezuela, fue la que mayor prórroga obtuvo para liquidar sus operaciones (mayo), cuando la estatal venezolana tomó el control de los campos. Sin embargo, con un acuerdo puntual o “licencia mínima”, dicha empresa mantiene operaciones esenciales de mantenimiento y presencia mínima para proteger sus activos.

La estrategia de Trump fue clara: presionar al régimen venezolano con la minimización de los ingresos petroleros y, de allí, que la revocación de la licencia de Chevron para operar en el sector de producción y exportación era la clave.
Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, han mantenido el fuerte discurso contra Maduro y su entorno, aunque ello no ha sido impedimento para que Washington busque y logre negociar temas puntuales, como la reciente liberación de diez ciudadanos estadounidenses.

Evidencia de esta “diplomacia silenciosa”, el viernes pasado tras una intensa negociación de varias horas, se realizó un canje de prisioneros: 10 ciudadanos norteamericanos presos por 252 venezolanos detenidos en la megacárcel salvadoreña Cecot, a donde fueron trasladados por Estados Unidos tras acusarlos de ser integrantes del Tren de Aragua o de bandas violentas.

Estas negociaciones complejas y discretas que según Caracas fueron solo con representantes de Estados Unidos y de Maduro, develaron la capacidad de las partes para llegar a acuerdos en medio de la profunda confrontación política y las presiones económicas al régimen. Sin duda, una muestra más del pragmatismo diplomático del líder republicano y del cumplimiento de su mandato constitucional de proteger la seguridad de sus ciudadanos.

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El negociador y presidente del Parlamento venezolano, Jorge Rodríguez, sostuvo que “jamás, ni remotamente, nos pasó por la cabeza hablar con el payaso», refiriéndose al presidente salvadoreño, Nayib Bukele. Sin embargo, el mandatario centroamericano al referirse a dicho canje indicó que «es difícil negociar con un verdadero régimen tiránico, pero lo logramos».

El canje incluyó la liberación de otros 80 venezolanos detenidos en Venezuela, considerados «presos políticos» por detractores al gobierno.

Vale recordar que durante el gobierno Biden se registraron dos intercambios de prisioneros con Venezuela. En octubre del 2022, se canjearon siete estadounidenses detenidos, de ellos 5 ejecutivos de Citgo, por dos sobrinos de Cilia Flores, la esposa de Maduro, que cumplían condena por narcotráfico. Y, en diciembre de 2023Estados Unidos liberó a Alex Saab, el presunto testaferro del régimen, por 10 norteamericanos detenidos en Caracas.

La líder opositora Machado, a través de un comunicado, celebró las liberaciones de este viernes, que vio como un «paso estratégico» de Estados Unidos.

«Hoy más que nunca construimos la fuerza, la voluntad y la claridad política internacional, diplomática y ciudadana para hacer respetar el triunfo del 28 de julio, mientras el régimen se ve forzado a ceder», escribió en relación con las elecciones presidenciales pasadas.

También enfatizó que quedan aún unos 1.000 detenidos y denunció 12 nuevos arrestos en las últimas 72 horas«Esto es un patrón de ‘puerta giratoria’ que se repite: sueltan a algunos presos políticos y se llevan a otros inocentes».

Perseguida y fragmentada

Con la persecución sistemática del régimen, la oposición venezolana terminó distanciada geográficamente (la mayoría exiliados en España o Estados Unidos), dividida políticamente (algunos rechazaron el boicot a las parlamentarias) y sin estrategias definidas para forzar el retorno de Venezuela a la democracia.

La unidad lograda para la presidencial del 28J del 2024, terminó con el paso del tiempo diluyéndose. La cohesión que se necesitaba para desafiar eficazmente al régimen no existe, limitando así tanto su margen de acción como la motivación a los ciudadanos para mantener el pulso callejero.

Machado sin duda se mantiene como el punto de referencia para un mayoritario sector opositor, que la considera la líder más legítima para enfrentar a Maduro. Al igual, los ciudadanos le admiran su coraje, entereza e incansable lucha por la recuperación del país, que le ha costado tanto su libertad, ya que vive oculta en algún lugar de Caracas o su periferia, así como el alejamiento de sus hijos, en el exilio hace dos años.

El presidente electo, Edmundo González, vive en Madrid, España, al igual que otra de las influyentes voces opositoras: Leopoldo LópezCapriles está en Caracas y con curul en la Asamblea, desde donde es poco o nada lo que puede aportar ante la aplanadora madurista.

De esta forma el futuro de la oposición venezolana es, por ahora, incierto y desalentador. Y el camino hacia la transición democrática en este país se vislumbra tan difícil como lejano por el ‘arma’ que cada vez dispara con más fuerza el régimen madurista: la represión.

Acallada por la feroz represión del régimen tiene poco margen de acción. Trump reimpulsó sanciones económicas y prioriza excarcelación de estadounidenses, otro logro de su pragmática diplomacia.

María Corina Machado

María Corina Machado, la guerrera líder opositora venezolana está en la clandestinidad y con poco margen de acción ante la división del antichavismo y la desesperanza ciudadana./Archivo AFP

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Redacción internacional

Abstención total, contundente participación, protestas multitudinarias, denuncias ante organismos judiciales extranjeros y constante presión a la comunidad internacional. Por las vías democráticas la oposición lo ha intentado todo para un cambio político en Venezuela. Sin embargo, la desesperanza e incertidumbre es hoy más visible que nunca.

En la antesala de cumplirse un año de la fraudulenta reelección de Nicolás Maduro, tal cual lo evidenció con la publicación de copias de las actas de escrutinio la líder opositora María Corina Machado y que el Consejo Nacional Electoralcooptado por el gobierno, se negó a divulgar, ese régimen nacido de la “revolución bolivariana” está enraizado ya que domina los poderes públicos, los órganos de control, las fuerzas militares, la gestión política en todo el país y acalla a sus detractores.

Ante el injustificable silencio del Consejo Nacional Electoral (CNE) sobre el escrutinio, al filo de la medianoche del 28 de julio del año pasadoMachado informó al mundo que con base en 24.532 copias de las actas electorales que tenía en su poder, que correspondían al 81.7% del total, el candidato de la oposición, Edmundo González, había sido el vencedor en las urnas con el 67% de los votos válidos, más del doble de los sufragios por Maduro (30%).

Menos de dos horas después, el presidente del CNE, Ivis Amoroso, informó que con un 80% de las mesas escrutadas y con una tendencia «contundente e irreversible», Maduro “fue reelecto para un tercer mandato con 5.150.092 votos, un 51,20%”, mientras que el opositor González registraba un 44.2%, más de 4 millones 400 mil.

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Ante el fraude consumadoMachado, González, otros líderes opositores y presidentes de varios países, entre ellos Estados Unidos, exigieron al CNE la divulgación de las actas electorales, lo que nunca ocurrió y, en contrario, tras la fachada de una investigación solicitada por Maduro al Tribunal Supremo de Justicia, se ratificó lo que todos, dentro y fuera de Venezuela presentían: ahí estaba y ahí se quedaba el discípulo del fallecido Hugo Chávez.

Tras el estallido social de inconformismo (tres días), que fue brutalmente reprimido por las fuerzas de seguridad del gobierno y se saldó con 24 muertos, así como 2.200 detenidos, se inició un régimen de terror (persecución, desaparición o encarcelamiento) contra la oposición, desde sus líderes hasta los ciudadanos que exigieron la publicación de las actas.

Pese a las condenas internacionales y la imposición de sanciones económicas por parte de varios países, principalmente Estados Unidos, el régimen Maduro mantiene una política de ‘miedo’ contra la población que derivó en la desmovilización callejera, el desinterés electoral y la fractura en la unidad opositora.

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Con María Corina Machado en la clandestinidad y el exilio forzado del presidente electo González, así como de otras cabezas visibles del antimadurismo, se realizaron las elecciones parlamentarias y regionales. Los pocos disidentes opositores que participaron ganaron su curul, pero son ínfima minoría en la Asamblea Nacional y el gobierno seccional. Con 253 de los 285 diputados que conforman el Parlamento y 23 de las 24 gobernaciones, el Partido Socialista Unido de Venezuela, liderado por Maduro y su No. 2, Diosdado Cabellotiñó de rojo el mapa político.
Se descarta que la elección de alcaldes convocada para este domingo 27 de julio selle el triunfo madurista para controlar, a todo nivel, el poder político y económico en Venezuela.

Presión de EE.UU.

Entre una imparable persecución y la desmotivación ciudadana, el antimadurismo y el mundo democrático esperaban con ansia el cambio de gobierno en Estados Unidos, que pondría fin a cuatro años de concesiones y laxitudes del demócrata Joe Biden.

Desde campaña, el republicano Donald Trump calificó el gobierno Maduro como una dictadura y acusó al socialismo de destruir al país. Ya en la Casa Blanca implementó una política de presión sobre ese régimen combinando intentos de diálogo y negociación con sanciones, tanto individuales como sectoriales.

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En tal sentido, a finales de marzo de este año, revocó las licencias generales que, concedidas por Biden (Licencia General 41), permitían a empresas petroleras extranjeras operar en Venezuela, incluyendo a Repsol y otras asociadas con la estatal petrolera venezolana, Pdvsa.

En vigor desde abril, ninguna empresa petrolera estadounidense tiene permiso para operar y exportar crudo desde VenezuelaHalliburton, SLB, Baker Hughes y Weatherford lograron inicialmente un plazo para mantener operaciones limitadas, como pagar personal y mantener equipos, pero no para perforar nuevos pozos o aumentar la producción de PdvsaYa no lo hacen.

En cuanto a Chevron, la última gran petrolera norteamericana con presencia significativa en Venezuela, fue la que mayor prórroga obtuvo para liquidar sus operaciones (mayo), cuando la estatal venezolana tomó el control de los campos. Sin embargo, con un acuerdo puntual o “licencia mínima”, dicha empresa mantiene operaciones esenciales de mantenimiento y presencia mínima para proteger sus activos.

La estrategia de Trump fue clara: presionar al régimen venezolano con la minimización de los ingresos petroleros y, de allí, que la revocación de la licencia de Chevron para operar en el sector de producción y exportación era la clave.
Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, han mantenido el fuerte discurso contra Maduro y su entorno, aunque ello no ha sido impedimento para que Washington busque y logre negociar temas puntuales, como la reciente liberación de diez ciudadanos estadounidenses.

Evidencia de esta “diplomacia silenciosa”, el viernes pasado tras una intensa negociación de varias horas, se realizó un canje de prisioneros: 10 ciudadanos norteamericanos presos por 252 venezolanos detenidos en la megacárcel salvadoreña Cecot, a donde fueron trasladados por Estados Unidos tras acusarlos de ser integrantes del Tren de Aragua o de bandas violentas.

Estas negociaciones complejas y discretas que según Caracas fueron solo con representantes de Estados Unidos y de Maduro, develaron la capacidad de las partes para llegar a acuerdos en medio de la profunda confrontación política y las presiones económicas al régimen. Sin duda, una muestra más del pragmatismo diplomático del líder republicano y del cumplimiento de su mandato constitucional de proteger la seguridad de sus ciudadanos.

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El negociador y presidente del Parlamento venezolano, Jorge Rodríguez, sostuvo que “jamás, ni remotamente, nos pasó por la cabeza hablar con el payaso», refiriéndose al presidente salvadoreño, Nayib Bukele. Sin embargo, el mandatario centroamericano al referirse a dicho canje indicó que «es difícil negociar con un verdadero régimen tiránico, pero lo logramos».

El canje incluyó la liberación de otros 80 venezolanos detenidos en Venezuela, considerados «presos políticos» por detractores al gobierno.

Vale recordar que durante el gobierno Biden se registraron dos intercambios de prisioneros con Venezuela. En octubre del 2022, se canjearon siete estadounidenses detenidos, de ellos 5 ejecutivos de Citgo, por dos sobrinos de Cilia Flores, la esposa de Maduro, que cumplían condena por narcotráfico. Y, en diciembre de 2023Estados Unidos liberó a Alex Saab, el presunto testaferro del régimen, por 10 norteamericanos detenidos en Caracas.

La líder opositora Machado, a través de un comunicado, celebró las liberaciones de este viernes, que vio como un «paso estratégico» de Estados Unidos.

«Hoy más que nunca construimos la fuerza, la voluntad y la claridad política internacional, diplomática y ciudadana para hacer respetar el triunfo del 28 de julio, mientras el régimen se ve forzado a ceder», escribió en relación con las elecciones presidenciales pasadas.

También enfatizó que quedan aún unos 1.000 detenidos y denunció 12 nuevos arrestos en las últimas 72 horas«Esto es un patrón de ‘puerta giratoria’ que se repite: sueltan a algunos presos políticos y se llevan a otros inocentes».

Perseguida y fragmentada

Con la persecución sistemática del régimen, la oposición venezolana terminó distanciada geográficamente (la mayoría exiliados en España o Estados Unidos), dividida políticamente (algunos rechazaron el boicot a las parlamentarias) y sin estrategias definidas para forzar el retorno de Venezuela a la democracia.

La unidad lograda para la presidencial del 28J del 2024, terminó con el paso del tiempo diluyéndose. La cohesión que se necesitaba para desafiar eficazmente al régimen no existe, limitando así tanto su margen de acción como la motivación a los ciudadanos para mantener el pulso callejero.

Machado sin duda se mantiene como el punto de referencia para un mayoritario sector opositor, que la considera la líder más legítima para enfrentar a Maduro. Al igual, los ciudadanos le admiran su coraje, entereza e incansable lucha por la recuperación del país, que le ha costado tanto su libertad, ya que vive oculta en algún lugar de Caracas o su periferia, así como el alejamiento de sus hijos, en el exilio hace dos años.

El presidente electo, Edmundo González, vive en Madrid, España, al igual que otra de las influyentes voces opositoras: Leopoldo LópezCapriles está en Caracas y con curul en la Asamblea, desde donde es poco o nada lo que puede aportar ante la aplanadora madurista.

De esta forma el futuro de la oposición venezolana es, por ahora, incierto y desalentador. Y el camino hacia la transición democrática en este país se vislumbra tan difícil como lejano por el ‘arma’ que cada vez dispara con más fuerza el régimen madurista: la represión.