

SIN LIMITES
Era un hombre humilde, de lento caminar, revestido de serenidad y fortaleza, por su mente solo cruzaban pensamientos sanos llenos de amor y pureza. Su existencia transcurría en medio de la melancolía y la soledad; tenía un gesto de humildad imposible de ocultar.
Era todo un misterio, en noches solitarias y frías se le veía rondando el cementerio.
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Su sombra triste y abrumada visitaba con frecuencia una tumba profanada, aquel huerto sagrado lucia tétrico, no había lapidas, ni flores, lucia abandonado.
El recuerdo de aquellas horas en que ebrio de amor y locura caía rendido sobre la infame que creía pura, le atormentaba su vida; agobiada y vencida.
A sus oídos llegaban rudos y crueles comentarios que daban cuenta de la vil traición de ella, a la que tanto quería, y que jamás olvidaría.
En cada instante en todo momento, se mostraba como un alma blanca y pura como un hermoso rosal, hasta que caía vencida por la tentación del mal.
La alfombra gris era testigo de excitantes y ardientes batallas que con otros hombres en lujuriosas noches se dejaba amar y querer, era una fémina de pena y de placer.
Traidora mujer untada por igual de veneno y de miel. Ya era tarde para él, esa bella alma que tanto quería ya no existiría en su mundo de traiciones y vagas ilusiones.
Recuerdos de días de encanto y largos idilios amorosos, de coqueteos y miradas cariñosas, no había para ellos nada igual, quien lo creyera, serian el preludio de un triste final.


