El gobierno de Venezuela anunció el 12 de febrero de 2026, en Caracas, la adjudicación de nuevos bloques de exploración y producción de petróleo a las compañías Chevron y Repsol. La medida forma parte de un plan para reactivar el sector energético y atraer inversión extranjera, en un contexto de presión internacional para modernizar la industria.
La estrategia busca dar mayor acceso a empresas estadounidenses y europeas al territorio rico en hidrocarburos, con el objetivo de recuperar la producción y reducir la influencia de actores como China y Rusia en la región. Según analistas, esta apertura responde también a un impulso de la administración de Donald Trump, que promueve la participación privada en la reconstrucción del sector energético venezolano.
Los funcionarios venezolanos se preparan para adjudicar los bloques de manera inmediata, lo que marca un giro en la política energética del país, históricamente dominada por la estatal PDVSA. La decisión refleja la necesidad de diversificar socios y garantizar recursos para enfrentar la crisis económica interna.
En el plano internacional, la medida genera expectativas sobre el impacto en los mercados globales de crudo. Venezuela, que posee una de las mayores reservas del mundo, podría incrementar su participación en el comercio energético si logra estabilizar su producción y cumplir con estándares internacionales.
Sin embargo, persisten dudas sobre la capacidad del país para garantizar seguridad jurídica y condiciones operativas favorables. Expertos advierten que, sin reformas estructurales y transparencia, la apertura podría enfrentar obstáculos que limiten su alcance real.
English version
Venezuela speeds up oil opening with new blocks for Chevron and Repsol
On February 12, 2026, in Caracas, the government of Venezuela announced the allocation of new oil exploration and production blocks to Chevron and Repsol. The move is part of a plan to revive the energy sector and attract foreign investment, amid international pressure to modernize the industry.
The strategy aims to give U.S. and European companies greater access to Venezuela’s oil-rich territory, seeking to restore output and reduce the influence of China and Russia in the region. Analysts note that this opening also aligns with the push from Donald Trump’s administration, which encourages private participation in rebuilding Venezuela’s energy sector.
Officials in Caracas are preparing to award the blocks immediately, marking a shift in the country’s energy policy, historically dominated by state-owned PDVSA. The decision reflects the need to diversify partners and secure resources to address the domestic economic crisis.
Internationally, the measure raises expectations about its impact on global oil markets. Venezuela, home to some of the world’s largest reserves, could increase its role in energy trade if it manages to stabilize production and meet international standards.
Yet doubts remain about the country’s ability to ensure legal security and favorable operating conditions. Experts warn that without structural reforms and transparency, the opening may face obstacles that limit its real scope.



