Por: Luis Alberto Figueroa, Comunicador Social Periodista. Tarjeta Profesional 0222 expedida por el Ministerio de Educación Nacional.

En los últimos días, el fenómeno de los therians —jóvenes que afirman identificarse espiritual o psicológicamente con animales y adoptan comportamientos asociados a ellos— ha tomado fuerza en América Latina, generando preocupación en comunidades internacionales por su impacto en la convivencia y seguridad pública. En Argentina, una madre denunció que su hija fue perseguida y mordida por un grupo de jóvenes que se identifican como therians al salir del colegio, un incidente que ha encendido debates sobre los límites entre la libre expresión y la conducta agresiva. Aunque no se han registrado casos oficiales en Colombia, videos en redes sociales muestran reuniones de jóvenes en ciudades como Medellín y Rionegro, donde practican comportamientos como caminar en cuatro patas, usar máscaras y emitir sonidos animales, lo que ha llamado la atención de autoridades y especialistas.
El fenómeno, que se ha viralizado en plataformas como TikTok e Instagram, ha sido objeto de análisis por parte de psicólogos y expertos en desarrollo juvenil, quienes señalan que la exploración identitaria es común en la adolescencia, pero que cualquier conducta que implique riesgo o daño a terceros debe ser abordada con urgencia. En el caso argentino, la agresión —que dejó una mordedura en el tobillo de la adolescente— fue reportada como un acto de violencia que no se puede justificar bajo el argumento de identidad o expresión cultural. Las autoridades locales han expresado su preocupación por la posible normalización de comportamientos que alteran el orden público, especialmente en espacios como parques y zonas escolares.
En varios países de la región, se han registrado eventos organizados por grupos de therians que incluyen rituales simbólicos, performances en la naturaleza y actividades colectivas en espacios públicos. Aunque muchos participantes afirman que su práctica es pacífica y simbólica, el uso de máscaras, colas y trajes que imitan animales ha generado inquietud entre padres, educadores y ciudadanos. En Colombia, las autoridades han comenzado a monitorear el fenómeno, aunque no han emitido regulaciones específicas. Algunos expertos advierten que la falta de regulación y supervisión adulta podría llevar a situaciones de riesgo, especialmente cuando los jóvenes adoptan roles que les otorgan una sensación de poder o control sobre otros.
La comunidad de therians ha sido comparada con movimientos anteriores de identidad y expresión juvenil, como el punk o el goth, pero su naturaleza simbólica y el potencial de conductas agresivas lo distinguen de otras subculturas. En países como Estados Unidos y España, se han registrado casos similares, aunque sin el nivel de violencia reportado en Argentina. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras instituciones de salud mental han señalado que, aunque la exploración de identidad es legítima, cualquier comportamiento que ponga en riesgo a otros debe ser intervenido por profesionales. El debate internacional continúa sobre si este fenómeno debe ser tratado como una expresión cultural o como una cuestión de seguridad pública.
English version
Therians: The community of young people who believe and act like animals sparks international concern after reports of bites.
By: Luis Alberto Figueroa, Social Communicator Journalist. Professional Card 0222 issued by the Ministry of National Education.
In recent days, the phenomenon of therians—young people who claim to identify spiritually or psychologically with animals and adopt behaviors associated with them—has gained momentum across Latin America, raising concerns internationally about its impact on public safety and social coexistence. In Argentina, a mother reported that her daughter was chased and bitten by a group of young people identifying as therians after leaving school, an incident that has ignited debate over the boundaries between free expression and harmful behavior. Although no official reports of aggression have been confirmed in Colombia, videos on social media show gatherings of young people in cities like Medellín and Rionegro, where they engage in activities such as walking on all fours, wearing masks, and emitting animal sounds, drawing attention from authorities and mental health professionals.
The phenomenon, which has gone viral on platforms like TikTok and Instagram, has been analyzed by psychologists and experts in youth development, who note that identity exploration is common during adolescence, but warn that any behavior involving aggression or risk to others must be addressed promptly. In the Argentine case, the attack—resulting in a bite to the girl’s ankle—was reported as a violent act that cannot be justified under the guise of identity or expression. Local authorities have expressed concern over the potential normalization of behaviors that disrupt public order, particularly in parks and school zones.
In several countries across the region, organized events by therian groups have included symbolic rituals, performances in nature, and public gatherings. While many participants claim their practices are peaceful and symbolic, the use of masks, tails, and animal-like costumes has raised unease among parents, educators, and citizens. In Colombia, authorities have begun monitoring the phenomenon, though no specific regulations have been issued. Some experts warn that the lack of oversight and adult supervision could lead to dangerous situations, especially when young people adopt roles that grant them a sense of power or control over others.
The therian community has been compared to past youth movements such as punk or goth, but its symbolic nature and potential for aggressive behavior set it apart. In countries like the United States and Spain, similar cases have been reported, though without the level of violence seen in Argentina. The World Health Organization (WHO) and other mental health institutions have stated that while identity exploration is legitimate, any behavior that endangers others must be addressed by professionals. The international debate continues over whether this phenomenon should be treated as cultural expression or as a public safety issue.

