POR EL SACERDOTE. FRANCISCO GILBERTO ARIAS ESCUDERO (Padre Pacho). Parroco de la Iglesia la Valvanera de Pereira Risaralda Colombia Sur América, Columnista Internacional del Periódico Ciberespacial www.Notieje.com Medio Libre,Veraz e independiente, Cubriendo los Cinco continentes del Tercer Polaneta del sistema solar:Europa,América, Asia, Oceanía y África.

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Quien no ha experimentado la sensación del hastío, ese sentimiento que lejos de ser algo puntual, se instala en nosotros como una bruma constante, como una espina profunda hasta alterar nuestra forma de ser, llevándonos a que nada nos atrae, todo se vuelve rutinario, falto de sentido, sin metas a corto o largo plazo, esa insatisfacción en nuestra vida.

Blas Pascal señala el hastío como el principal problema de la humanidad y Steiner afirma que somos sujetos del hastío cuando la vida se convierte en un eterno esperar y, a su vez, en ese veneno que nos lleva del aburrimiento a la desesperación. El hastío puede ser definido como una incómoda combinación entre la insatisfacción, el tedio y el cansancio. Tras él se describe también, la sombra de ese aburrimiento crónico que todo lo impregna y lo desdibuja. Somos sujetos del tedio, como sostiene Steiner, un vago esperar y una inactividad prolongada, segregan el letargo que permea y corre los cimientos del sujeto, aquello de lo que habla Heidegger, ese aburrimiento que sobreviene y se traga a quien lo padece.

El personaje central de “El extranjero” de Albert Camus, experimenta el tedio, esa luz anaranjada del atardecer que confunde en una misma textura mar, cielo y arena. Esa atmosfera erizada por el sol, que hace del paisaje una masa uniforme y asfixiante, que recorre la playa, hundiendo a cada paso sus pies pesadamente en la arena y, de pronto, sin un porque dispara una vez y un hombre muerto cae a sus pies. El juez le pregunta insistentemente el por qué, de su acto, y se limita a responder, más que una pena verdadera sentía cierto aburrimiento. No es un hombre de alma endurecida e insensible, no es que no sienta nada, sino lo que siente como hacer ver Camus, es la nada. La nada ante la muerte de su madre es la misma nada que respira ante su crimen.

El hastío, es la pasión del disgusto, de esa lucha, como cuando algo nos produce mal, actuando de cualquier modo con tal de poder escapar. Cuando ya es demasiado tarde, cuando el hastío llega a la máxima exposición, la obturación lleva al ahogo, y este al tedio. Y así como escribe Lucrecio, si el que se aburre grita en silencio, el que se hastía se sacude violento, en el tedio ya no hay resistencia.