



Por: Luis Alberto Figueroa, Comunicador Social Periodista. Tarjeta Profesional 0222 expedida por el Ministerio de Educación Nacional
Un atraco a mano armada cometido esta semana en la avenida Sur de Pereira, frente al cuartel de la Policía Nacional, ha generado alarma ciudadana y exigencias de acción inmediata. El hecho ocurrió mientras una persona en moto esperaba el cambio del semáforo, abordada por delincuentes que actuaron con total impunidad, a plena vista de uniformados y vehículos policiales que transitaban por el lugar. Este incidente no es un caso aislado, sino un síntoma del crecimiento desbordado de la inseguridad que afecta a la ciudad y que exige una respuesta coordinada de las autoridades.
La gravedad del suceso radica en su simbolismo: ocurrió en el corazón del poder policial, donde la presencia de la institución debería garantizar protección, no vulnerabilidad. Testigos relatan que decenas de agentes conversaban en las puertas del cuartel mientras los delincuentes actuaban sin ser interceptados. Este episodio evidencia una crisis de seguridad urbana que va más allá de la falta de personal: refleja una estrategia insuficiente, recursos limitados y una percepción ciudadana de impunidad que se profundiza con cada hecho similar.
Antecedentes recientes muestran que Pereira ha registrado un aumento del 22% en delitos contra el patrimonio en los últimos seis meses, según cifras internas no oficiales. La retirada de efectivos policiales tras la temporada navideña, sin reemplazo o refuerzo, ha dejado zonas clave sin vigilancia adecuada. La ciudad necesita una reestructuración de la presencia policial, con más patrullas, tecnología de monitoreo y coordinación con comunidades, no solo más uniformados, sino una estrategia inteligente y visible.
Es urgente que autoridades locales, dirigentes cívicos, gremios y empresarios se unan en una sola voz para exigir a la dirección nacional de la Policía el retorno de los efectivos retirados y la dotación de recursos necesarios. La tranquilidad ciudadana no puede depender de la buena voluntad de los agentes, sino de una política pública clara, sostenible y con resultados medibles. La población no puede seguir viviendo con miedo en sus propias calles.
English versión
Pereira on Alert: Armed Robbery in Front of Police Station Demands Immediate Action
By: Luis Alberto Figueroa, Social Communicator Journalist. Professional License 0222 issued by the Ministry of National Education
An armed robbery committed this week on Avenida Sur in Pereira, directly in front of the National Police barracks, has triggered public alarm and urgent calls for action. The incident occurred as a motorcyclist waited for a traffic light to change, only to be approached by armed assailants who acted with total impunity, while police vehicles and officers moved in and out of the station. This is not an isolated crime, but a symptom of the uncontrolled growth of insecurity plaguing the city, demanding a coordinated response from authorities.
The gravity of the event lies in its symbolism: it unfolded at the heart of police power, where institutional presence should guarantee safety, not vulnerability. Witnesses report dozens of officers conversing at the station’s entrance as criminals operated undisturbed. This incident reveals a crisis in urban security that goes beyond staffing shortages—it reflects inadequate strategy, limited resources, and a growing public perception of impunity with each similar occurrence.
Recent data indicate Pereira has seen a 22% increase in property crimes over the past six months, according to unofficial internal figures. The withdrawal of police personnel after the Christmas season, without replacement or reinforcement, has left key areas underprotected. The city needs a restructured police presence, including more patrols, surveillance technology, and community coordination—not just more officers, but a smart, visible strategy.
It is urgent that local authorities, civic leaders, business associations, and community groups unite in a single voice to demand the National Police return withdrawn personnel and provide necessary resources. Citizen peace of mind cannot rely on officers’ goodwill alone, but must be backed by clear, sustainable public policy with measurable results. Residents cannot continue living in fear on their own streets.



