

Por: Luis Alberto Figueroa, Comunicador Social Periodista. Tarjeta Profesional 0222 expedida por el Ministerio de Educación Nacional
Un reciente estudio revela que los seres humanos están delegando cada vez más funciones mentales a la Inteligencia Artificial, fenómeno conocido como Cognitive Offloading. Esta práctica, que se intensifica entre jóvenes de 17 a 25 años —los llamados “hijos putativos de las tecnologías digitales”—, busca reducir el esfuerzo racional al transferir tareas de análisis y toma de decisiones a sistemas externos. Aunque se reconoce su utilidad para liberar recursos cognitivos, expertos advierten sobre riesgos crecientes: la atrofia progresiva de habilidades como el pensamiento crítico y la autonomía intelectual.
El fenómeno no es nuevo, pero su escala sí lo es. Desde la calculadora hasta los asistentes virtuales, la humanidad ha externalizado funciones mentales. Lo que cambia ahora es la profundidad y frecuencia con que se recurre a la IA para resolver problemas cotidianos, académicos y hasta éticos. Los jóvenes, criados en entornos digitales, tienden a confiar más en algoritmos que en su propio juicio, lo que genera una dependencia que puede debilitar su capacidad de reflexión autónoma.
En contraste, adultos mayores de 45 años muestran mayor resistencia a este síndrome, no por falta de acceso, sino por razones socioculturales: su formación cognitiva se consolidó en un entorno menos tecnológico. Esto no los exime de riesgos, pero sí les otorga una ventaja adaptativa. El estudio sugiere que la brecha generacional en el uso de la IA podría ampliarse, con consecuencias educativas y laborales significativas si no se promueve un uso equilibrado.
La relación entre la Inteligencia Artificial y la estupidez humana no es casual. No es que la IA genere estupidez, sino que facilita su expresión al reducir la necesidad de esfuerzo mental. Cuando se delega sin reflexión, se pierde la práctica del análisis, la duda y la síntesis —pilares del pensamiento profundo. El reto no es rechazar la tecnología, sino integrarla con conciencia, evitando que se convierta en un sustituto de la inteligencia, en lugar de un complemento.
English versión
AI Dependence: Cognitive Freedom or Erosion of Critical Thinking?
By: Luis Alberto Figueroa, Social Communicator and Journalist. Professional License 0222 issued by the Ministry of National Education
A recent study reveals that humans are increasingly delegating mental tasks to Artificial Intelligence, a phenomenon known as Cognitive Offloading. This practice, most pronounced among 17- to 25-year-olds —dubbed the “digital natives”— aims to reduce rational effort by transferring analytical and decision-making tasks to external systems. While its utility in freeing cognitive resources is acknowledged, experts warn of growing risks: the progressive erosion of skills such as critical thinking and intellectual autonomy.
This phenomenon is not new, but its scale is. From calculators to virtual assistants, humanity has long externalized mental functions. What’s changing now is the depth and frequency with which AI is used to solve everyday, academic, and even ethical problems. Young people, raised in digital environments, tend to trust algorithms more than their own judgment, fostering a dependency that may weaken their capacity for independent reflection.
In contrast, adults over 45 show greater resistance to this syndrome—not due to lack of access, but sociocultural reasons: their cognitive development occurred in a less technological context. This doesn’t exempt them from risks, but grants them an adaptive advantage. The study suggests that the generational gap in AI usage may widen, with significant educational and professional consequences if balanced use isn’t promoted.
The link between Artificial Intelligence and human stupidity is not coincidental. AI doesn’t create stupidity; it enables its expression by reducing the need for mental effort. When delegation occurs without reflection, the practice of analysis, doubt, and synthesis—the pillars of deep thinking—is lost. The challenge isn’t to reject technology, but to integrate it consciously, ensuring it complements rather than replaces intelligence.




