

Miércoles 24 de Diciembre de 2025.-
* La política es sumando…
* Equipo con vocación de futuro
Bien ha entendido Paloma Valencia que la definición más escueta de la política consiste en buscar las mayorías en torno a un propósito nacional mancomunado. En este caso, desdoblar las energías y los esfuerzos para salvar a Colombia de la debacle en que se encuentra y evitar que siga cayendo por el insondable abismo de la anarquía institucional y la demolición económica y social a que ha sido sometida desde el gobierno petrista. Y abrirle camino a la esperanza y la vocación de futuro, en vez de sumir al país en la melancolía y el desengaño.
De hecho, es así, aplicando la democracia contra quienes han pretendido y aún pretenden derruirla por dentro, como en términos prácticos se contesta a tan aleve y orquestada maniobra, al tiempo de que se desenvuelve libremente ese sencillo, pero certero, refranero popular de que “la política es sumando”. Nadie dudaría, pues, de que la candidata presidencial del Centro Democrático ha mostrado una indudable capacidad de liderazgo, a conciencia y sin egotismos, es decir, generosamente y a la altura de las circunstancias, en participar de la “Gran Consulta Popular”, con miras a liderar un equipo entre sectores afines, acérrimos partidarios del orden y la libertad, y de sacar a Colombia de la coyunda anarquizante y el nefando espíritu destructivo, autoritario y procaz de que se ha hecho gala en el cuatrienio por terminar.
Ciertamente, es en las urnas donde mejor se capta el temperamento y las emociones políticas del momento. En tal sentido, el voto es el instrumento que permite que el fenómeno descrito adquiera consistencia. En efecto, no se vota por el prurito de hacerlo, o de simplemente cumplir con esa liturgia ciudadana o de hacer uso de este derecho per se, sino en procura de que aquella decisión, tanto racional como emocional, tenga consecuencias. Es decir, que el acto de votar influya, de modo general, en el estilo de gobierno y en la consolidación de los principios y valores compartidos y, de forma particular, en el desarrollo institucional, la orientación de los recursos públicos y la aplicación de las políticas correspondientes, con base en unas convicciones, una actitud positiva y unos programas enunciados de antemano.
A nadie escapa, al respecto, que hoy existe en el país un enorme anhelo de cambio frente al continuismo fundamentado en la lucha de clases, el divisionismo racial, el odio, el desquiciamiento de la realidad, el ditirambo, la fantasmagoría, la desestabilización y la nerviosidad permanentes… En fin, tanta estridencia propia del petrismo, para no ser exhaustivos. Y que, acorde con los resultados obtenidos por su candidato único en las encuestas hacia el próximo período 2026 – 2030, bordea tan solo el treinta por ciento de respaldo. Quiere decir, en contraposición, que la sensibilidad nacional está lejos de inscribirse en ese reducto minoritario y que, por el contrario, hay un enorme espacio político susceptible de ocuparse y de ser sumado en aras del viraje urgente que es fácil deducir de estos resultados.
Precisamente, la razón de ser de las consultas populares radica en adquirir la mayor cantidad de voluntad política posible con el fin de despegar con un gran viento de cola electoral favorable hacia la primera vuelta presidencial. Todavía más, como están hoy las cosas en Colombia, el horizonte apetecible para el país consistiría, precisamente, en apuntalarse para luego obtener el triunfo en una sola vuelta, con el 50 por ciento más uno de los votos, de modo que la Nación no solo pueda ahorrarse el balotaje, sino que de una vez se sienten las bases para el siguiente gobierno, que casi todos los analistas auguran de emergencia.
No es, pues, un tema menor cuando ante todo se trata de organizarse lo más pronto posible y estar listos para actuar sobre los diferentes frentes sumidos en el caos: la seguridad, la economía, la política social (salud, educación, vivienda…), la estrategia internacional… y diseñar un Plan de Desarrollo en el término de la distancia.
Desde luego, la política hay que lucharla día a día, palmo a palmo. Nunca nada está dicho. Pero, al mismo tiempo, es un buen augurio para la Colombia que quiere salir adelante que se sumen las voluntades y se haga equipo. Y que así, sumando, pueda enfrentarse la horrible noche padecida y se abra un amanecer que de este modo ya comienza a clarear en el horizonte.




