



Por: Luis Alberto Figueroa, Comunicador Social Periodista. Tarjeta Profesional 0222 expedida por el Ministerio de Educación Nacional
María Irma Noreña, candidata al Senado de la República por el Partido de la U, ha desplegado una de las campañas electorales más costosas que se recuerdan en la región para una contienda al Congreso. El volumen de publicidad, materiales y actividades proselitistas ha generado profundas interrogantes sobre el origen de los recursos que financian su aspiración política, en un contexto donde la transparencia electoral es más exigida que nunca por ciudadanos y organismos de control.
Lo que más llama la atención es la magnitud del gasto publicitario, calificado por observadores políticos como desproporcionado para una campaña legislativa. Vallas, avisos, actividades masivas y una presencia mediática sostenida configuran un despliegue que, según analistas, exige una caja electoral multimillonaria cuya procedencia aún no ha sido explicada públicamente por la candidata ni por su equipo de campaña.
A este panorama se suma un elemento que agrava el escrutinio público: Noreña es esposa del alcalde de Pereira, quien ha sido señalado de presuntamente utilizar su posición de poder para favorecer la campaña de su cónyuge mediante prácticas electorales irregulares, incluyendo la movilización de votos a través de mecanismos institucionales. Las denuncias han sido de tal gravedad que las autoridades competentes tomaron la determinación de designar un alcalde provisional en el municipio, mientras se adelantan las investigaciones correspondientes.
Los antecedentes de este tipo de situaciones en Colombia no son nuevos. El uso indebido de maquinaria estatal para beneficiar campañas políticas ha sido una práctica recurrente que los organismos de control electoral, como el Consejo Nacional Electoral (CNE) y la Procuraduría General de la Nación, han perseguido con mayor rigor en los últimos comicios. La financiación ilícita de campañas y el abuso de poder por parte de funcionarios públicos son conductas tipificadas y sancionadas en el ordenamiento jurídico colombiano.
La pregunta que hoy ronda en los círculos políticos de Risaralda y a nivel nacional es doble: ¿de dónde proviene el dinero que sostiene esta campaña? y, en caso de que los recursos sean legales, ¿cómo será el proceso de reposición de votos que permita justificar ante las autoridades electorales cada peso invertido? La ciudadanía y los entes de control tienen puestos los ojos sobre este proceso, que podría convertirse en un referente sobre los límites del poder y el dinero en las elecciones al Congreso de Colombia.
English version
María Irma Noreña’s Millionaire Senate Campaign Raises Red Flags Over the Origin of Her Funds
By: Luis Alberto Figueroa, Social Communicator and Journalist. Professional License 0222 issued by the Ministry of National Education
María Irma Noreña, candidate for the Senate of the Republic representing the Partido de la U, has launched one of the most expensive electoral campaigns ever seen in the region for a congressional race. The sheer scale of her advertising, promotional materials, and campaign activities has raised serious questions about the origin of the funds financing her political bid, at a time when electoral transparency is under greater scrutiny than ever by citizens and oversight bodies alike.
What has drawn the most attention is the volume of campaign spending, which political observers describe as disproportionate for a legislative race. Billboards, advertisements, large-scale events, and sustained media presence point to a multimillion-dollar campaign war chest whose source has yet to be publicly explained by the candidate or her team.
The situation is further complicated by a key personal connection: Noreña is the wife of the Mayor of Pereira, who has been accused of allegedly using his position of power to benefit his wife’s campaign through irregular electoral practices, including the mobilization of votes through institutional channels. The accusations proved serious enough that authorities decided to appoint a provisional mayor for the city while investigations are carried out.
This type of situation is not without precedent in Colombia. The misuse of state machinery to benefit political campaigns has been a recurring issue that electoral oversight bodies, such as the National Electoral Council (CNE) and the Attorney General’s Office, have pursued with increasing rigor in recent elections. Illicit campaign financing and the abuse of power by public officials are conducts defined and penalized under Colombian law.
The question now circulating in political circles in Risaralda and across the country is twofold: where is the money funding this campaign coming from?, and if the funds are legitimate, how will the vote reimbursement process work to justify every peso spent before electoral authorities? Citizens and oversight institutions are closely watching this case, which could become a landmark example of the boundaries between power and money in Colombia’s congressional elections.



