

Domingo, 12 de Febrero de 2026.-
El primer mandatario, Gustavo Petro, visita mañana la Casa Blanca a pocos meses de terminar su mandato. Es decir, puede afirmarse que se trata, en primer lugar, de una cita agónica dado que le queda tan solo alrededor de un semestre en la Casa de Nariño. Y en ese sentido también puede calificarse el encuentro con el presidente Donald Trump de sui generis. No es común, ciertamente, que eventos de semejante alcance ocurran cuando, de hecho, ya corre la campaña electoral por la sucesión del jefe de Estado colombiano y la atención está concentrada, más que en él, en quién puede ser su reemplazo.
Vale reiterar, pues, que no será esta una reunión de la misma índole de la que Petro sostuvo con Joe Biden, el 20 de abril de 2023. Para nadie es secreto que es mucho lo que la geopolítica mundial ha cambiado desde esa época, particularmente en manos de Trump, y en consecuencia el necesario viraje en torno al papel de Colombia en el escenario internacional, después de los bandazos de los últimos años.
No será momento, entonces, de irse por las ramas y de afincarse en tesis tan en boga en aquellos instantes como el combate al cambio climático, pero del que Petro quiso hacer gala radical como supuesto cabecilla universal, sin políticas graduales de ninguna especie y pese a ser nuestro país un muy leve emisor de gases de efecto invernadero. Ni tampoco parecería aconsejable, ni desde luego sensato, recurrir a los tradicionales ditirambos petristas en contra del petróleo que por la época comparó estruendosamente con la cocaína. Y menos llegar a deslizar ninguna alusión a Gaza que no sea para respaldar el propósito, por parte de Estados Unidos, de buscar una salida pacífica, creativa y duradera en la zona en la que el pueblo israelita sufrió la peor matanza desde el Holocausto por cuenta de los testaferros terroristas de Irán, bajo el infausto nombre de Hamás y la complicidad de Hezbollah. Y que el mandatario colombiano se abstuvo de condenar.
Por descontado, en el aire palpitan los sucesos de Venezuela, después de la extracción del tirano Nicolás Maduro hace un mes y el inicio de su juicio en Nueva York, mientras avanza la recomposición del país vecino acorde con las etapas señaladas por la administración Trump y los taxativos condicionamientos señalados al régimen hasta la reapertura formal de la democracia. Al respecto, no se sabe si Petro insistirá cara a cara, ante el presidente estadounidense, en que Maduro sea repatriado y juzgado en Venezuela como lo dijo recientemente. Lo que, por otra parte, no es más que un galimatías o un canto de sirena para intentar quedar bien con sus compañeros chavistas, pues en esa nación no se le sigue causa jurídica. Además, solicitud etérea que se sabe de antemano no tendrá consecuencia alguna. De igual forma, es conocido que sus otros correligionarios, los eternos castristas, sufren las duras y las maduras para evitar el colapso del régimen comunista de Cuba. Por más de las siete vidas del gato que han tenido a lo largo de 65 años de dictadura, oprimiendo al pueblo isleño, en esta ocasión el desplome salta a la vista y no habrá “petros” que valgan.
Sin embargo, nada de lo anterior compete a la reunión de mañana Trump-Petro, cuyo epicentro es única y exclusivamente Colombia. Habiendo sido pedida la cita por parte del primer mandatario de nuestro país es de suponer que tendrá una agenda coherente y específica, aunque no haya sido debida y públicamente explicada de modo previo en aras de los intereses nacionales y en el mejor propósito de recomponer las relaciones con Estados Unidos, que sufrieron grave mella con sus salidas extravagantes y la fallida política antidroga. No obstante, por fortuna y gracias a elementos exógenos al jefe de Estado colombiano y su gobierno, la Casa Blanca no produjo una descertificación plena a nuestro país, en conexión con esa lucha y salvaguardando aspectos tan esenciales como la positiva, indispensable y creciente relación en materia comercial y otros frentes.
El punto está, pues, en las acciones a adelantar para recuperar no solo la certificación sino especialmente la confianza y afianzar los criterios de corresponsabilidad colombo-americana frente a la agobiadora cifra de cultivos ilícitos de hoja de coca (entre 260.000 y 300.000 hectáreas sembradas) y la exportación de casi dos mil toneladas métricas del alcaloide, después de incautaciones. Con base en la estrategia, el cronograma, el presupuesto, la voluntad y los métodos correspondientes podrá revertirse el fenómeno, como llegó a lograrse entre 2012 y 2013. Para lo cual, asimismo, las fronteras deberán contar con un tratamiento especial. De eso se trata la cita para su desenvolvimiento inmediato y en particular para los gobiernos siguientes. Nada más, pero nada menos.

