

Los ángeles no hacen política
Por:Luis García Quiroga2023-01-251320



Por supuesto que resulta una ingenuidad pedirles a los candidatos a la Alcaldía de Pereira una campaña política diferente, más digna y, si se quiere, más justa. Dicho de otra forma, una campaña donde predomine el concepto de política como filosofía y no como ideología ni como mecánica electoral.
En teoría la petición aplicaría para los candidatos de todos los municipios y la gobernación. En nuestro caso regional, puntualicemos la Alcaldía de Pereira que, para efectos del poder político, es la joya de la corona.
La política es la guerra por otros medios, tal como se le atribuye a la teoría de Foucault. Y quienes en una democracia liberal estamos sometidos a las relaciones del poder político, de antemano sabemos que la política como ejercicio para alcanzar el poder no es un juego de ángeles y querubines.
Quizás siguiendo la añeja teoría del inglés Thomas Hobbes sobre el espíritu violento del ser humano, es que el pensador francés le da a la política ese alcance bélico según el cual, toda convocatoria a elecciones es una cita donde las trompetas llaman a la despiadada guerra por el poder. Así sea solo para elegir al presidente de la junta de acción comunal del vecindario.
Casi siempre en política las maniobras carecen de juego limpio y es ahí donde aparece el Leviatán de Hobbes, ese demonio monstruoso que nos pone en la lucha de todos contra todos.
Es ahí donde la política como actividad humana pone sobre la mesa el conflicto de intereses y conveniencias alimentadas por la pasión y la emoción, tan humanas y entendibles desde la ideología, pero incomprensibles desde el deber ser de la filosofía, contraria a la naturaleza violenta, agresiva y perversa del hombre.
Para evitar la guerra del espíritu tribal a sangre y fuego, la filosofía creó la democracia para que en las relaciones de poder, con ideologías o sin ellas, los ciudadanos, desde la libertad de su voluntad, elijan a sus representantes y les otorguen mandatos específicos.
Claro que en la carrera por ganar unas elecciones, surge el aforismo del piloto de fórmula 1 Ayrton Senna: “Después del primero, todos los demás son perdedores”.
La excepción del perdedor-ganador se da en el maniobrar político de quienes van a la contienda a perder y a cumplir el papel de dividir para que otro reine. Atomizar el voto que en la lucha política solo se amortigua con el poder ciudadano bien informado en el discurso público o en los medios.
Es por ello que es ingenuo pedir un proceso electoral donde, desde el deber ser, gane la mejor candidatura y el aspirante de mayor mérito. Quizás fue por eso mismo que el gran Maquiavelo sentenció que la política no es teocéntrica sino antropocéntrica. Los ángeles no hacen política. Los ciudadanos sí.






