

La industria petrolera de Venezuela atraviesa una crisis histórica: su capacidad de producción se ha desplomado en la última década y la infraestructura de Pdvsa se encuentra gravemente deteriorada. El 3 de enero de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó al negocio petrolero venezolano como “un fracaso” y anunció que su gobierno intervendrá para recuperar el sector, tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en una operación militar.
El petróleo, considerado la sangre de la economía venezolana, fue durante un siglo el motor de la modernización del país. Sin embargo, la corrupción, la falta de inversión y el aislamiento internacional han reducido la producción a mínimos históricos. Hoy, los venezolanos enfrentan largas filas para conseguir gasolina, un contraste doloroso para una nación con las mayores reservas probadas de crudo en el mundo.
Washington asegura que sus grandes compañías petroleras invertirán “miles de millones de dólares” para reparar refinerías, oleoductos y plantas de extracción. El secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, confirmó que su país controlará las ventas de petróleo venezolano y administrará las cuentas de pago, con el argumento de que los ingresos se destinarán directamente al pueblo. Esta medida, sin precedentes, coloca a la industria bajo tutela extranjera.
El costo de la recuperación es incierto, pero expertos estiman que podrían requerirse decenas de miles de millones de dólares para devolver la producción a niveles competitivos. La magnitud del deterioro incluye equipos obsoletos, refinerías paralizadas y una fuerza laboral debilitada. La negociación entre Pdvsa y Estados Unidos para la venta de volúmenes de crudo refleja la dependencia inmediata de apoyo externo.
La comunidad internacional observa con cautela: mientras algunos países respaldan la intervención estadounidense como vía para estabilizar la economía venezolana, otros advierten que el control extranjero sobre el petróleo podría profundizar la crisis política. El futuro de la industria dependerá de si la reconstrucción logra equilibrar intereses económicos, soberanía nacional y bienestar social.
English version
Venezuelan oil industry in ruins and under international pressure
The Venezuelan oil industry is facing an unprecedented crisis: production capacity has collapsed over the past decade and Pdvsa’s infrastructure is severely damaged. On January 3, 2026, U.S. President Donald Trump called Venezuela’s oil business “a failure” and announced that his government would intervene to restore the sector, following the capture of Nicolás Maduro and Cilia Flores in a military operation.
Oil, seen as the lifeblood of Venezuela’s economy, fueled the country’s modernization for a century. Yet corruption, lack of investment, and international isolation have reduced production to historic lows. Today, Venezuelans endure long lines to obtain gasoline, a painful paradox for a nation with the world’s largest proven crude reserves.
Washington claims its major oil companies will invest “billions of dollars” to repair refineries, pipelines, and extraction plants. U.S. Energy Secretary Chris Wright confirmed that his country will oversee Venezuelan oil sales and manage payment accounts, arguing that revenues will be directed to benefit the people. This unprecedented move places the industry under foreign supervision.
The cost of recovery remains uncertain, but experts estimate tens of billions of dollars may be needed to restore production to competitive levels. The scale of deterioration includes outdated equipment, idle refineries, and a weakened workforce. Negotiations between Pdvsa and the United States for crude sales highlight Venezuela’s immediate reliance on external support.
The international community watches carefully: while some nations support U.S. intervention as a path to economic stabilization, others warn that foreign control over oil could deepen Venezuela’s political crisis. The future of the industry will depend on whether reconstruction balances economic interests, national sovereignty, and social welfare.


