
Tras décadas de letargo, el gigante dormido ha despertado y la pregunta que gran
parte de la humanidad se hace en estos momentos es si Vladimir Putin se ha convertido
en el nuevo enemigo de occidente. Aunque una respuesta rápida podría ser que sí, lo
que acontece en estos momentos en Ucrania no es más que una nueva manifestación
de las ansias expansionistas de Putin y que tiene importantes antecedentes históricos y
geoestratégicos.
Por esa razón Víctor se hace necesario destacar esos apartes de la historia que nos
ayudan a todos a entender un poco el conflicto más agudo de los últimos años y que
enfrentamos ahora, aún cuando seguimos sobreviviendo a la pandemia.
Tanto Bielorrusia, Ucrania y Rusia, como otros grupos étnicos eslavos, reivindican a la
Rus de Kiev (Federación de tribus eslavas orientales desde finales del siglo IX hasta
mediados del XIII) como el origen de su legado cultural, además, lo que actualmente
conocemos como Ucrania, fue parte de la Unión Soviética y solamente hasta 1991
declaró su independencia de la antigua URSS; por tal motivo, no resulta extraño que
Putin considere como “natural” recuperar la influencia en las antiguas repúblicas
satélite de la Ex Unión Soviética.
Por otro lado, la expansión progresiva de la OTAN hacia el Este ha inquietado de manera
importante a Moscú, donde se han desarrollado una serie de acciones militares y
políticas para detener dicha expansión y muestras de ello, han sido la guerra en
Chechenia (1999-2009), la guerra en Georgia (2008) con la supuesta defensa de los rusos
que viven en los territorios de Abjasia y Osetia del Sur, la anexión de la península de
Crimea (2014) y de la ciudad autónoma de Sebastopol, más adelante ese mismo año
(abril de 2014) en la región del Dombás, Este de Ucrania, los territorios de Donetsk y
Lugansk crearon fuertes movimientos separatistas que fueron apoyados por la
Federación Rusa.
Evidentemente, la expansión de la OTAN no justifica para nada las acciones llevadas a
cabo por Putin, pero sí dejan entrever que la guerra desarrollada actualmente en
Ucrania obedece a una reacción desde el Kremlin frente a lo que ellos consideran un
incumplimiento por parte de occidente en cuanto a no expandir a la OTAN hacia el Este
de Europa.
Ante este panorama histórico, la importancia geoestratégica de Ucrania queda
demostrada en el actual conflicto, que nos devuelve décadas atrás a los
enfrentamientos llevados a cabo durante la guerra fría y que tenían dos claros
antagonistas, los EE.UU. y la URSS. Hoy solo existe como potencia indiscutible los
Estados Unidos de América, pero los viejos conflictos, las heridas aún sin sanar y nuevas
disputas, nos ponen de frente ante una guerra que, como siempre, deja a la población
civil en una total y terrible indefensión.
Esto se refleja en el millón de refugiados mientras la cifra sigue aumentando
dramáticamente, lo que a todas luces no deja de ser una pavorosa consecuencia de este
conflicto y pone de manifiesto que los costes humanos, psicológicos y económicos
resultan inconmensurables.
Solo resta esperar si las fuertes sanciones impuestas a Rusia desencadenan algún tipo
de movilización en la ciudadanía o en los oligarcas rusos, quienes han visto cómo sus
patrimonios rápidamente han mermado y el cerco se hace cada vez más estrecho, lo
que lleva a elevar la presión sobre Putin y las consecuencias de sus actuaciones sobre
Ucrania.




