Editorial Diario el Paìs de Cali, Bienvenidos los Cambios

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Al iniciarse el nuevo gobierno y empezar a funcionar en pleno el Congreso elegido el pasado once de marzo, se empiezan a insinuar cambios en la relación de esos dos poderes con respecto a la forma en que se venía haciendo.

De continuar esa tendencia, lo que se estaría produciendo es la transformación que se requiere en la política colombiana.

La muestra más notoria hasta ahora es la elección del Contralor General de la República. En el tira y afloje normal de una decisión que en toda democracia tiene un contenido partidista, ha sido notoria la intensa negociación entre los partidos y movimientos que tienen asiento en el Legislativo, órgano al cual le corresponde designar a quien deberá vigilar el patrimonio de todos los colombianos y el manejo de los recursos públicos.

Allí se ha puesto de presente la variedad que eligieron los colombianos, y la consecuente necesidad de constituir una mayoría para tomar la decisión. Y también ha sido notoria la posición del gobierno de no interferir en esa actuación, ratificada el pasado viernes por el presidente Iván Duque en Cali al decir que su administración no tiene candidato.

Al definir lo que serán sus relaciones con el Congreso, en su visita a Cali también afirmó que respetará la independencia del Congreso. “Las relaciones entre poderes no pueden ser transaccionales y nosotros tenemos que ser capaces de gobernar con la constitución y la ley”, dijo el Mandatario.

Esa manifestación parece sorpresiva en un país acostumbrado a presenciar la manera en que hasta ahora se negocia el ejercicio de la política en Colombia.

Y parece reforzada con el hecho de que el Congreso de ahora está conformado por una variedad de partidos respaldados por el número de curules alcanzadas el once de marzo, los cuales han expresado su intención de trabajar manteniendo su independencia y de apoyar las iniciativas que consideren necesarias para el país.

De mantenerse esa tendencia, con ello se inicia una nueva etapa en el manejo del Estado. Por supuesto, habrá un bloque de partidos que ya se declararon como de oposición, cumpliendo los preceptos de la ley expedida en junio.

Pero aparece también una importante y decisiva fuerza constituida por aquellos que no integrarán una alianza que pueda catalogarse como oficialista.

Así debe ser la democracia. Lo que sigue es la necesidad de ponerse de acuerdo para sacar adelante las transformaciones que requiere el país y demandan los colombianos, como el combate a la corrupción y la recuperación de la Justicia.

Será un proceso arduo y sin duda difícil, que pondrá a prueba la capacidad de gobernantes y legisladores para lograr acuerdos sin renunciar a las diferencias o comprometer la capacidad de control y de crítica.

Ya está planteada entonces la base sobre la cual se desarrollará la política en los próximos años. Aunque se presentarán momentos complicados, ojalá se mantenga la independencia que han proclamado tanto el Gobierno como gran parte de los partidos y no se regrese al reparto de prebendas que rechazan los colombianos. Con ello se le devuelve la fe y la credibilidad a nuestra democracia.