Desde el 2010 en Manizales, por decreto municipal aprobado por el Concejo, se debe conmemorar cada 23 de abril el Día del Libro y la Lectura, al que se le suma el Día del Idioma, que es una fecha nacional y también surgió como decreto desde el año 1938. Son dos acontecimientos que actualmente pasan casi desapercibidos por ausencia de políticas públicas que estén orientadas a que leer y hablar bien el español sea no solo motivo de celebración en una fecha específica, sino que se prolongue durante todo el año como un objetivo para preservar nuestro idioma entre todos los segmentos de edades. En estos tiempos de predominio tecnológico, que volvió masiva la existencia de equipos y de redes sociales en la vida cotidiana de buena parte de la humanidad, a lo que hay que sumar la puesta en marcha de la inteligencia artificial en los últimos años para el acceso público y que hace muchas cosas por los individuos, sí que se hace urgente hacer esfuerzos para mantener vivo el idioma a través de la lectura y la escritura. ¿Cuántas personas no escriben, desde hace mucho tiempo, algo más allá de su propia firma?, ¿o ni siquiera eso?
Es indudable que la tecnología ha sido gran aliada para facilitar muchas actividades, sino todas. En relación a este asunto están los procesadores de palabras, los mensajes de texto, los chats, los audiolibros, los libros en línea, las páginas web; en fin, toda una gama tecnológica al alcance de quien pueda pagar por ella y que ha permitido reducir tiempos, agilizar la vida y llegar a donde muchas veces no se podía antes de su existencia. Lo negativo es cuando se mira la influencia que ha tenido, especialmente en el lenguaje, el panorama no es tan positivo. Muchas palabras van camino a su desaparición o ya ni se conocen porque vienen siendo cambiadas por signos que están reemplazando la labor de escribirlas, o la práctica recurrente de recortar palabras para hacer más veloz la comunicación virtual.
El multilingüismo puede ser visto como riqueza cultural, y qué bueno sería que al menos los niños y los jóvenes colombianos dominaran otro idioma distinto porque les brinda herramientas para su formación y los cualifica; pero la reflexión debería ser si antes que conseguir esta meta y de usar tanto extranjerismo no sería muy importante que primero todos habláramos y escribiéramos muy bien el español, muchas veces tan golpeado y olvidado incluso en los establecimientos educativos de todos los niveles de enseñanza.


