

Un juzgado penal de Pereira impuso 13 años de prisión a Martha Cecilia Álvarez Silva, tras probar que llevaba a cabo una red de trata de personas que reclutaba jóvenes con promesas laborales falsas en Europa. Además de la condena, se dictó una multa equivalente a 800 salarios mínimos mensuales legales vigentes, y se le inhabilitó por 156 meses para ejercer derechos o funciones públicas.
El caso involucra a una mujer de 26 años, madre de dos hijos, que fue engañada mediante una oferta de trabajo en Bari, Italia. Se le prometió apoyo con documentación migratoria, tiquetes de avión, alojamiento y alimentación; una vez en el exterior, fue obligada a ejercer actividades sexuales como parte de los compromisos impuestos por Álvarez Silva él y su red.
Durante el cautiverio en Italia, la víctima estuvo restringida en sus comunicaciones con familiares, recibió alimentación insuficiente —solo pan, agua y en ocasiones atún—, y sufrió agresiones físicas y psicológicas. En un momento crítico fue trasladada a un centro médico por lesiones graves, lo que permitió que denunciara los abusos y retornara al país en noviembre de 2016.
El fallo corresponde a un proceso de primera instancia tras la presentación de pruebas en juicio oral dirigidas por un fiscal de la Dirección Especializada contra las Violaciones a los Derechos Humanos. Quedan pendientes los recursos legales que la defensa podría interponer. Este veredicto constituye un precedente en la lucha contra las redes de trata desde Colombia hacia Europa.
English version.
Woman convicted for recruiting young people into international human trafficking ring
A criminal court in Pereira sentenced Martha Cecilia Álvarez Silva to 13 years in prison after proving she ran a human trafficking network that lured young people with false job offers abroad. In addition to her prison time, she was fined the equivalent of 800 legal monthly wages and barred from holding public office or rights for 156 months.
The case centers on a 26-year-old woman and mother of two who was deceived with a job offer in Bari, Italy. She was promised help with immigration paperwork, airfare, lodging, and meals. Once abroad, she was coerced into performing sexual acts as part of the conditions imposed by Álvarez Silva and her network.
While in captivity in Italy, the victim’s contact with family was cut off, she was given only meager food—pan, water, occasionally tuna—and endured physical and psychological abuse. After suffering serious injuries from one attack, she received medical care, then lodged a formal complaint, enabling her return to Colombia in November 2016.
This verdict emerges from a first-instance trial supported by evidence presented by a prosecutor from the Specialized Directorate for Human Rights Violations. Appeal options remain for the defense. The ruling sets a significant precedent in Colombia’s fight against human trafficking networks supplying victims to Europe.



