Columna del Dr. Gustavo Pèrez Gonzàlez

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UNA GUERRA NUNCA TERMINA

Los únicos culpables de lo que le está pasando al pueblo venezolano, son los mismos venezolanos, cuando movidos por impulsos populistas y mezquinos, fueron capaces de respaldar en las urnas a Nicolás Maduro, sabiendo a consciencia, que su única ocupación para el momento de su elección, era ser conductor de buseta. Nada puede reclamar un pueblo con tan irresponsable proceder.

Confiarle el futuro de la nación, de las instituciones, de su democracia, a una persona de tan escaso conocimiento, era preludio suficiente de todo lo que les acontece hoy y más. Un pueblo así, nada puede reclamar. Que nadie se rasgue las vestiduras; hoy se están bebiendo su propio cosido y lo peor: trasladándole al mundo los costos de su inaceptable error.

Colombia no ha sido la excepción, pero lo que el recién posesionado Presidente Duque no puede dejar de atender, es su propio pueblo, cuyos diversos males padecidos, le demandan tiempo completo en la búsqueda de soluciones, sin descuidar las obligaciones propias del ejercicio del poder y la gobernabilidad.

Más prudencia, menos protagonismo, cero injerencia en las decisiones de Estado del vecino país y mucha ayuda humanitaria a los hermanos desvalidos, tiene que ser la conducta a seguir por el gobierno colombiano, si no quiere verse involucrado en una guerra que no es nuestra.

El derecho a la libre autodeterminación de los pueblos, le limita el radio de acción, impidiéndole semejante protagonismo e intromisión en asuntos de Estado del vecino país. El costo que ha tenido que pagar Colombia por ser un país limítrofe con Venezuela, lejos está de permitirle al joven gobernante nuestro, semejante injerencia, en las decisiones a tomar y afrontar por el pueblo venezolano.  Son éstos los llamados a resolver sus propios problemas; pues tan peligrosa confrontación, nos puede fácilmente llevar a una guerra, en la que nada tenemos que ver, ya que nosotros no le dimos vida a sus detonantes.

Los resultados de la más reciente encuesta publicada, donde el 72 por ciento de los colombianos vota por la guerra y un 28 restante por la solución diplomática, son apenas muestra clara de lo equivocados que estamos los colombianos sobre el verdadero significado de la guerra.

Los repetidos espejos sufridos por Estados Unidos en Libia, Pakistán, Mozambique, Golfo Pérsico, Somalia, Irán, Irak y demás, nos han dejado claro, que la guerra después de decretada nunca termina y los efectos, consecuencias y repercusiones derivadas, son funestas para los países intervinientes.

Colombia no tiene con qué afrontar semejante equivocación;   Maduro ya no habla de Trump, ni de Estados Unidos, habla de Duque y Colombia como protagonistas de la confrontación.

La guerra es el fracaso de la diplomacia, del sentido común y de la razón, es un estado de postración imperdonable, donde ninguno de los participantes tiene justificación.

La guerra, nunca termina y afrontar una guerra por problemas que no son nuestros, es el colmo del deshonor.

Dr. Gustavo Pérez González