Columna del Dadre Pacho columnista internacional del periódico Ciberespacial www.notieje.com.

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8:05 a. m., 13/2/2022]. Padre Pacho.: 89[8:07 a. m., 13/2/2022] Padre Pacho.:  NUEVO PARROCO DE LA IGLESIA LA VALVANERA PADRE PACHO OFICIANDO LA SANTA  MISA COMO NUEVO PARROCO. – Notieje.com

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nrooeptsSd8:mct2 m t5aAi1m7a510ar861c1l2u3 u2yes2u3u503t94u4  · Dies Domini Domingo 16 de abril de 2023+ Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:-«Paz a vosotros.»Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:-«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:-«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:-«Hemos visto al Señor.»Pero él les contestó:-«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:-«Paz a vosotros.»Luego dijo a Tomás:-«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»Contestó Tomás:-¡Señor Mío y Dios mío!Jesús le dijo:-¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creas que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.Palabra de Dios.ReflexiónAterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero no está con ellos Jesús. En a la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. ¿A quién seguirán ahora? ¿Qué podrán hacer sin él? “Está anocheciendo” en Jerusalén y también en el corazón de los discípulos.Dentro de la casa, están “con las puertas cerradas”. Es una comunidad sin misión y sin horizonte, encerrada en sí misma, sin capacidad de acogida. Nadie piensa ya en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Con las puertas cerradas no es posible acercarse al sufrimiento de las gentes.Los discípulos están llenos de “miedo a los judíos”. Es una comunidad paralizada por el miedo, en actitud defensiva. Solo ven hostilidad y rechazo por todas partes. Con miedo no es posible amar el mundo como lo amaba Jesús, ni infundir en nadie aliento y esperanza.De pronto, Jesús resucitado toma la iniciativa. Viene a rescatar a sus seguidores. “Entra en la casa y se pone en medio de ellos”. La pequeña comunidad comienza a transformarse. Del miedo pasan a la paz que les infunde Jesús. De la oscuridad de la noche pasan a la alegría de volver a verlo lleno de vida. De las puertas cerradas van a pasar pronto a la apertura de la misión.Jesús les habla poniendo en aquellos pobres hombres toda su confianza: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. No les dice a quién se han de acercar, qué han de anunciar ni cómo han de actuar. Ya lo han podido aprender de él por los caminos de Galilea. Serán en el mundo lo que ha sido él.Jesús conoce la fragilidad de sus discípulos. Muchas veces les ha criticado su fe pequeña y vacilante. Necesitan la fuerza de su Espíritu para cumplir su misión. Por eso hace con ellos un gesto especial. No les impone las manos ni los bendice como a los enfermos. Exhala su aliento sobre ellos y les dice: “Recibid el Espíritu Santo”.Solo Jesús salvará a la Iglesia. Solo él nos liberará de los miedos que nos paralizan, romperá los esquemas aburridos en los que pretendemos encerrarlo, abrirá tantas puertas que hemos ido cerrando a lo largo de los siglos, enderezará tantos caminos que nos han desviado de él.Lo que se nos pide es reavivar mucho más en toda la Iglesia la confianza en Jesús resucitado, movilizarnos para ponerlo sin miedo en el centro de nuestras parroquias y comunidades, y concentrar todas nuestras fuerzas en escuchar bien lo que su Espíritu nos está diciendo hoy a sus seguidores y seguidoras.ALIENTO NUEVONadie sabe cómo ocurrió. Los primeros discípulos sólo nos dicen que, a partir de su resurrección, las cosas no volvieron a ser como antes. Experimentaban a Jesús de otra manera. Su presencia no era como en Galilea, pero era igualmente real y transformadora. Su vida también se transformó. En adelante vivirían de su Espíritu.Lo primero que el resucitado les transmitía era una paz nueva e inconfundible. Una paz que curó su miedo y lo transformó en alegría. Tal vez, es lo primero que necesitamos en la Iglesia. Una paz que nos libere de los miedos que nos paralizan. Una paz que no la vamos a encontrar buscando poder y seguridad sino acogiendo el Espíritu de Jesús.El resucitado los sacó, además, de su actitud cobarde, su desencanto y desesperanza. Sus seguidores no podían permanecer recluidos en su «cenáculo» a la defensiva de sus posibles adversarios. Ni entonces ni hoy. Una Iglesia encerrada en sus propios problemas, sin otro horizonte que los posibles riesgos y peligros, no es una Iglesia impulsada por el Espíritu de Jesús.El resucitado los arrancó del pasado y los puso mirando al futuro. No había que seguir «soñando» en Galilea. Era el momento de introducir una esperanza nueva en el mundo y de encender en los corazones el fuego que Jesús quería ver ardiendo. No se puede acoger el Espíritu del resucitado con la mirada puesta en el pasado. El evangelio de Jesús nos pone siempre mirando al futuro.El resucitado movilizó a los primeros creyentes y los puso en marcha hacia la misión evangelizadora. Con el resucitado presente en medio de la comunidad no es posible la pasividad, la rutina tranquila, la comodidad de la inercia. Donde está vivo el Espíritu del resucitado se despierta la creatividad y se abren caminos siempre nuevos de evangelización.Comunidades cristianas faltas de alegría, excesivamente replegadas sobre sí mismas, con las «puertas cerradas» y sin apenas horizonte, ¿no necesitamos, antes que nada, el aliento, la alegría y la paz del resucitado? ¿No será esto lo primero que hemos de cuidar?José Antonio Pagola

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