Columna del Abogado, Columnista y Periodista, Luis Garcia Quiroga

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UNA VERGUENZA PÚBLICAResultado de imagen para Columnista Luis Garcia Quiroga

El bien común que los ciudadanos no cuidan” expresado por Jorge Orlando Melo en su estupendo libro Historia mínima de Colombia, cae como anillo al dedo en el caso de la Cárder.

Es una vergüenza pública que en el reciente Encuentro Nacional Ambiental realizado por la Procuraduría General de la Nación y la Universidad Libre de Pereira, el procurador Carrillo haya señalado sin arandelas, que en la elección del director de la Corporación Autónoma de Risaralda “No ha habido transparencia”, agregando que las Car se han convertido en foco de corrupción y coto de caza de la clase política.

Carrillo además, compartió con varios ciudadanos la pésima reputación de Cárder y el entronque que allí “tuerce” decisiones. Menos mal, destacaron el buen ejemplo de honestidad y eficiencia de la Procuradora Ambiental y Agraria, Luz Elena Agudelo.

Sucede que como la mayoría de los políticos son sobrados para sembrar desconfianza, la percepción es que Cárder como institución necesaria, fue tomada por los corruptos y así lo evidencian los hechos cuando revientan los escándalos de licencias otorgadas.

Ante el actual sistema perverso de elección y el vencimiento de los términos para fallar las recusaciones de impedimentos, de hecho, la Procuraduría optó por un statu quo que propicia un clima de renovación en mandos medios (concurso de méritos) e impide, de paso, la elección del personaje que ya tiene negociado el puesto de director con la mayoría de los miembros de la junta directiva de Cárder.

O sea que el presupuesto de $37 mil millones de Cárder no corre mayor peligro pues el cáncer está en las decisiones y trámites en la expedición de licencias, y por omisión, se hacen los de la vista gorda para no afectar intereses, pero con efectos de daños ambientales. Luego, cuando ya son hechos cumplidos y se han quedado con el oro y el moro, vienen los “falsos positivos” de visitas y anuncios, alimentando versiones de vacunaderos y enriquecimientos.

Duele el silencio y falta de compromiso anticorrupción de los líderes gremiales e institucionales que pasan de agache cuando viene el Procurador Carrillo y actuando como conciencia moral de la Nación, sugiere que los risaraldenses carecemos de conciencia ambiental. ¿Y moral?
Antes de quedarnos sin bosques, sin agua y de salir a la calle con caretas para impedir que los agobiantes gases de los buses chimenea maten nuestros pulmones, la institucionalidad debería asumir el reto de liderar la restauración moral y las buenas prácticas en Cárder, como medio para salvar el respeto institucional, el maravilloso entorno ambiental de Risaralda y la hilacha de calidad de vida que nos queda como sociedad.

Ese es el verdadero bien común que nos queda por cuidar.