

[12:19 a.m., 30/11/2025] Ruben Dario Franco Narvaez: Domingo 30 de noviembre 2025 – Día de Conmemoración de todas las víctimas de la guerra química.
Cada 30 de noviembre se conmemora el Día de Conmemoración de todas las Víctimas de la Guerra Química, como un recordatorio de las más de 100 mil muertes y el millón de victimas que dejaron este tipo de sustancias durante la Primera Guerra Mundial.
Esta celebración es un homenaje a las víctimas de la guerra química y una oportunidad para reafirmar el compromiso de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) con eliminar este tipo de armas. Esta organización recibió el Premio Nobel de la Paz en 2013.
En 1997 se firmó la Convención sobre las Armas Químicas, un tratado internacional por el que se prohíbe el desarrollo, la producción, el almacenamiento, la transferencia y el empleo de armas químicas, y se dispone además la destrucción de estas armas en un plazo de tiempo específico.
Las armas químicas son en realidad toxinas biológicas o sustancias de laboratorio, que se utilizan para matar herir o incapacitar al enemigo.
Las armas químicas hacen uso de sustancias elaboradas en un laboratorio como los gases emitidos por el cloro o cualquier otra sustancia que provoque irritación o asfixia, tanto en las vías respiratorias como en el sistema nervioso central de las personas.
Cada momento es una oportunidad para sonreírle a la vida. SONRÍA… SONRÍA… SONRÍA… CON AMOR Y ALEGRÍA, AGRADECIÉNDOLE A DIOS: CADA SEGUNDO DE VIDA. –RUDAFRA.
MINICUENTO 2030 – RUDAFRA. LA ÉPICA DE GUSTAVO «EL TATO» SANÍN
La historia de Gustavo Alberto Sanín Alarcón no empieza en un estudio radial, sino en el corazón de una cancha de baloncesto en Pereira, en el año 1980. En ese entonces, era un hombre soñador y buen deportista, entrenando con la selección Risaralda. El presidente era Esaú Jaramillo Montaño, y fue allí, entre jugada y jugada, donde nació una leyenda.
Mientras sus compañeros de la selección Risaralda recuperaban el aliento, el joven Gustavo se levantaba y, con una voz potente y modulada, convertía el entrenamiento en una final mundial. Relataba el juego entre ellos, cantaba cestas imposibles y hacía semblanzas, imitando a los gigantes que escuchaba a través de las ondas de CARACOL, RCN, TODELAR y SUPER. El fútbol profesional era su templo dominical y la radio, su musa.
Fue Esaú Jaramillo Montaño quien notó aquella «madera». «¿Por qué no vas a la emisora y haces un casting?», le preguntó. Tras dudarlo, Gustavo dio el paso. Se presentó en Radio Ciudad de Pereira del extinto Grupo Radial Colombiano (GRC). Allí, Esaú, impresionado por el timbre de su voz, le dio la bienvenida a su cuna. El GRC fue su escuela, su bachillerato y su universidad en el arte de la radio. Han pasado 45 años desde aquel día, y el micrófono jamás lo soltó.
Si el GRC fue la cuna, Caracol fue la cima. Para Gustavo Sanín, llegar a la cadena radial más grande de Colombia fue «lo máximo». El 1 de febrero 2022 cumplió 33 años de lealtad a la compañía que lo respaldó y lo impulsó a recorrer el planeta.
Con esa «segunda piel» que es el fútbol, Gustavo, apodado cariñosamente «El Tato», se convirtió en un trotamundos. A través de la radio, ha presenciado la historia en vivo, sellando más de cinco pasaportes, conociendo estadios, países y culturas en un viaje sin fin. Está a punto de cumplir su noveno mundial, un hito que pocos alcanzan.
Su éxito no viene de un título universitario; como los grandes comentaristas que Caracol ha puesto en el aire -Hernán Peláez, Iván Mejía, Wbeimar Muñoz Ceballos-, «El Tato» es un empírico con la sabiduría forjada en el aire y la experiencia.
El recorrido de Gustavo Sanín está marcado por momentos que merecen ser grabados en la historia de la comunicación: La Locura en Roma (Italia ’90): Su primer mundial fue un bautismo de fuego. Al narrar el primer gol del italiano Salvatore Totó…
[12:19 a.m., 30/11/2025] Ruben Dario Franco Narvaez: MINICUENTO 2030 – RUDAFRA. LA ÉPICA DE GUSTAVO «EL TATO» SANÍN
La historia de Gustavo Alberto Sanín Alarcón no empieza en un estudio radial, sino en el corazón de una cancha de baloncesto en Pereira, en el año 1980. En ese entonces, era un hombre soñador y buen deportista, entrenando con la selección Risaralda. El presidente era Esaú Jaramillo Montaño, y fue allí, entre jugada y jugada, donde nació una leyenda.
Mientras sus compañeros de la selección Risaralda recuperaban el aliento, el joven Gustavo se levantaba y, con una voz potente y modulada, convertía el entrenamiento en una final mundial. Relataba el juego entre ellos, cantaba cestas imposibles y hacía semblanzas, imitando a los gigantes que escuchaba a través de las ondas de CARACOL, RCN, TODELAR y SUPER. El fútbol profesional era su templo dominical y la radio, su musa.
Fue Esaú Jaramillo Montaño quien notó aquella «madera». «¿Por qué no vas a la emisora y haces un casting?», le preguntó. Tras dudarlo, Gustavo dio el paso. Se presentó en Radio Ciudad de Pereira del extinto Grupo Radial Colombiano (GRC). Allí, Esaú, impresionado por el timbre de su voz, le dio la bienvenida a su cuna. El GRC fue su escuela, su bachillerato y su universidad en el arte de la radio. Han pasado 45 años desde aquel día, y el micrófono jamás lo soltó.
Si el GRC fue la cuna, Caracol fue la cima. Para Gustavo Sanín, llegar a la cadena radial más grande de Colombia fue «lo máximo». El 1 de febrero 2022 cumplió 33 años de lealtad a la compañía que lo respaldó y lo impulsó a recorrer el planeta.
Con esa «segunda piel» que es el fútbol, Gustavo, apodado cariñosamente «El Tato», se convirtió en un trotamundos. A través de la radio, ha presenciado la historia en vivo, sellando más de cinco pasaportes, conociendo estadios, países y culturas en un viaje sin fin. Está a punto de cumplir su noveno mundial, un hito que pocos alcanzan.
Su éxito no viene de un título universitario; como los grandes comentaristas que Caracol ha puesto en el aire -Hernán Peláez, Iván Mejía, Wbeimar Muñoz Ceballos-, «El Tato» es un empírico con la sabiduría forjada en el aire y la experiencia.
El recorrido de Gustavo Sanín está marcado por momentos que merecen ser grabados en la historia de la comunicación: La Locura en Roma (Italia ’90): Su primer mundial fue un bautismo de fuego. Al narrar el primer gol del italiano Salvatore Totó Schillaci en el Estadio Olímpico de Roma, la emoción fue tal que se arrodilló en su mesa de trabajo, cerró los ojos y gritó el tanto con una energía desenfrenada. Al abrirlos, fue él la noticia: veinte cámaras de diferentes medios lo apuntaban, asombrados por la locura y la pasión con que los latinos cantan el gol. Aquel momento lo marcó para siempre.
La Revelación de Japón: Más allá del balón, «El Tato» se impactó con la disciplina de la vida. Su viaje maratónico a la Copa Intercontinental, pasando por Roma, Nueva Delhi y Bombay, culminó en Japón. La cultura organizada, cuadriculada, limpia y ordenada de ese país le abrió los ojos a un mundo diferente y lo marcó profundamente.
El Gol Mejor Relatado del Mundo (Brasil 2014): Ante el mítico Estadio Maracaná, con más de 40 mil almas colombianas alentando, llegó el gol de James Rodríguez contra Fernando Muslera. El canto de gol de «El Tato» fue tan épico, tan visceral, que fue reconocido como el mejor gol relatado en la radio en el mundo. Ese audio, grabado en YouTube, sigue recibiendo miles de comentarios, un homenaje a la pasión del pereirano.
Para Gustavo Sanín, ser pereirano es un honor y un orgullo. La tierra que lo vio nacer es de gente querida, amable y cívica. Aunque esa cualidad se ha diluido con la llegada de muchos de todo el país, él insiste en que la belleza de Pereira no está solo en su alto valor inmobiliario, sino en algo más profundo: «Vale más: una sonrisa, la educación y la amabilidad de un pereirano.» Su esfuerzo por hacer patria a través del micrófono ha sido reconocido por los Periodistas de Risaralda PRI con la “Medalla de Oro Manuel del Socorro Rodríguez”, un abrazo que lo llena de orgullo.
De cara a la inevitable «pelona», su último deseo es de profunda sencillez y gratitud: darle gracias a Dios y a la vida. Agradece por haber disfrutado a sus padres (Solón Sanín Salazar y Marina Alarcón), y especialmente por su familia: su esposa, Gloria Inés Montoya (su amiga, confidente y gerente), y sus hijos, Andrés y Alejandra, quienes son «un par de motores, un par de alas» que le han permitido volar tan alto. La muerte es ineludible, pero para «El Tato» es un paso que lo encuentra confesado y profundamente agradecido por el regalo de un entorno familiar valioso.
Su voz, la que nació en una cancha de baloncesto en Pereira, seguirá sonando, recordándonos la épica que hay detrás de cada gol y la nobleza que reside en el corazón de un verdadero profesional.

