Para muchas personas los milagros, más que acciones que requieren algún tipo de intervención sobren natural o divina, terminan siendo siendo, en realidad, la demostración de hasta dónde puedan llegar los seres humanos cuando deciden probarse a sí mimos y no dejarse vencer por la circustancias más adversas.
Sin embargo, desafía toda lógica lo ocurrido con los cuatro niños que durante más de cuarenta días perdidos en la espesa selva del Guaviare, pudieron ser finalmente localizados vivos por uno de los grupos de búsqueda compuestos por efectivos de las Fuerzas Militares y varios guías indígenas que, en el lapso, alcanzaron a recorrer un área superior a los 2.600 kilómetros en una angustiante búsqueda por localizarlos sanos y salvos.
Hay que felicitar a la Fuerza Pública que nunca perdió la fe y pese a que tuvo que recorrer algunas zonas en donde el iesgo de ataques de grupos armados ilegales era alto, no declinó la misión.
Una vez más, los uniformados demostraron su valentía y capacidad de sacrificio.
Igual debe decirse de los guías indígenas que acompañaron a las tropas durante muchos días y fueron determinantes para encontrar alguna de las pistas que mantuvieron la esperanza de que los cuatro menores seguían vivos.
Mención aparte merecen los perros entrenados en rastreo de personas que, como “Wilson”, al cierre de esta información seguía perdido información que ha
En medio de un ambiente crítico y convulsionado a nivel nacional, la aparición con vida de estos cuatro menores indígenas alegró al país y recordó a millones que la esperanza es la única que se pierde.
Tras varias semanas de angustía y temiendo lo peor, los menores fueron rescatados por los comandos militares y, como insistieron sus abuelos, la madre naturaleza siempre los protegió. Créase o no en los milagros, aquí, sin duda alguna, hubo uno….